#EnMisTiempos

TXT:: Arturo J. Flores

“¿Has escuchado hablar del Brasilian Funk?, me preguntó Luis a través de un mensaje en Instagram. “Nunca”, le respondí. Lo que yo quería era ver el capítulo de mi serie, pero a mi amigo le interesaba mucho que supiera que se trataba de un fenómeno musical que pudiera heredar la popularidad de la que goza hoy día el reggaetón.

Me picó la curiosidad. Porque si algo le reconozco a Luis es su olfato para descubrir tendencias antes de que se vuelvan tales.

Cuando era Label Manager de Universal Music a principios de los 2000, le tocó ir de puerta en puerta a los canales de videos, que entonces programaban exclusivamente rock, para convencerlos de que le dieran una oportunidad al video de Gasolina, de Daddy Yankee. Entonces un talento emergente y no la estrella mundial que es hoy, con millones de escuchas en Spotify.

“Les dije que el reggaetón es lo que venía, pero me daban con la puerta en la cara”, me contó Luis una vez.

Pero esa no fue la única vez que el tiempo se encargó de darle la razón. Luis fue uno de los primeros disqueros en confiar en el potencial de Juanes. En el año 2000 recibí una invitación suya a la presentación de Fíjate bien, el primer disco solista del colombiano, que provenía de las filas de la banda de metal Ekhymosis, en el desaparecido Hard Rock Live. Confieso que no tenía idea de quién era Juanes entonces, pero me sorprendió que la fila para entrar al Hard Rock le daba la vuelta a Campos Elíseos. Percibí a un atareado, pero complacido Luis intentando organizar aquel afortunado caos.

 

De plano apagué la televisión. No sería aquel viernes el que disfrutaría de un sangriento maratón de batallas nórdicas en la pantalla. Los vikingos tendrían que esperar. Entusiasmado, Luis comenzó a presumirme –en una llamada desde su casa en Miami, donde despacha ya como director del sello Aftercluv Dancelab, división de cultura dance global de Universal Music– parte del curriculum del Brazilian Funk.

 

Proviene de Rio de Janeiro y abreva del Miami Bass, el Gangstarap, el hip hop nortamericano y la cultura de las favelas brasileñas. Igual que el reggaetón, proviene de la calle, pero promete escalar hasta los estratos más altos.

Luis me invitó a una fiesta que tendría lugar en un antro de la Zona Rosa un día antes del EDC, en el que actuaría DJ Marlboro, uno de los representantes legendarios del Brazilian Funk, junto a la simpática cantante Jojo Maronnttini y el MC Zaac, quien participa en el tema Bola Rebola, Junto a Anitta, Tropkillaz y J Balvin.

 

No me sorprendió que la misma escena que atestigüé hace casi 20 años se repitiera. Otra vez el tumulto de personas que pretendían entrar a la fiesta prácticamente bloqueaba el tránsito de la calle. Luis tuvo que salir a buscarme antes d que me aplastaran. Ya después me enteré que en realidad, el gentío se debía que también actuarían dos DJ’s del EDC.

Los exponentes del Brazilian Funk en realidad se presentarían en un cuarto aparte del antro. Con muy jale de personas, aunque tampoco atiborrado. Si de verdad este ritmo se convierte en el nuevo fenómeno mundial (no va mal, pues dos de sus temas más conocidos, Bum Bum Tam Tam y Olha a Explosao, lanzadas Por Aftercluv en 2018, suman ya entre las dos, 2.5 millones de plays), podré decir que “yo lo escuché antes que se pusiera de moda”.

 

Si no, fracasaría como hipster tardío.

Nos encerramos en el cuartito junto a un grupo de extranjeros –luego salió que se trataba de portugueses– que bailaban frenéticamente todo lo que el DJ Marlboro les recetaba desde las consolas. En un par de canciones lo acompañó Zaac, que Luis amablemente me presentó, pero que como no habla ni español ni inglés, resultó muy difícil entendernos.

Ese fue el único problema que le encontré al Brazilian Funk para golpear en la quijada a Latinoamérica. Está en portugués.

Por esa razón por la que Balvin ha sido invitado a realizar el crossover.

Los beats del BF son mucho menos acelerados que los de reggaetón y aunque el baile –perreo– no se compara en lo violento y sexual, tampoco deja de emocionar a los que ya lo conocen. Más de una de las presentes realizaba eróticas piruetas en la pista hasta emular a la Linda Blair que descendió las escaleras en El Exorcista.

También le reconozco a Luis es que de verdad se interesa en lo que vende. Quien lo viera, como lo acompañé yo, yendo por todo el antro para platicar con las personas que se sacudían al ritmo del BF, para conocer sus opiniones, no creerían que mi amigo era guitarrista y cantante de una banda de punk de los 90. Los Lagartos, de quienes algunos recordarán Metro busco amor y una canción que me define a mí cuando me voy de perreke, Yo no sé bailar (pero cómo me divierto), en cuyo video aparecían hasta los tacvbos.

Salí del antro bastante tarde y con la barriga convertida en un barril de cerveza.

¿Será el Brazilian Funk lo que viene después del reggaetón?

No me atrevo a asegurarlo. Pero si algo ha cambiado en la industria

a partir del surgimiento del streaming, es que la música se puede medir.

Los números del Brasilian Funk dicen que por lo menos hay dos billones de personas en el mundo que ya dejaron de lado a Netflix, como yo, para escucharlo.