POR ARTURO J. FLORES

¿Has vuelto de un concierto con un zumbido en el oído? ¿Algo parecido un enjambre de abejas invisibles que no se calla? Y entre más silencio exista en tu casa, en medio de la noche, aquel desesperante sonido del diablo se amplifica. Hasta que te vence el sueño. O te vuelves loco y te revientas la cabeza de un golpe contra la pared.

El fin de semana pasado me llevaron a ver la película de un enfermo. Se llama “Baby driver” y trata de un tipo, interpretado por el DJ Ansel Elgort, que detrás de las tornamesas esgrime Ansølo como nombre de batalla, que sufre de tinnitus. Una extraña afección del oído que hace que el paciente escuche un sonido, puede ser un zumbido o un golpeteo parecido a un beat (¡vaya ironía), que nadie más percibe.

Una especie de alucinación auditiva que, según los testimonios de algunos desafortunados, se puede transformar en todo un martirio.

Para darte una idea, puedes entrar al siguiente enlace, en la que la una Organización No Gubernamental para enfermos del oído colocó un simulador de audio para experimentar en primera persona lo que pasa con el tinnitus o acúfenos, como también se le conoce.

La película, aunque muy entretenida, no profundiza en los detalles de la enfermedad. Funciona sólo como un accesorio narrativo para justificar que el personaje pase la mayor parte del tiempo usando audífonos, un placebo recomendado por especialistas porque, no lo había comentado, el tinnitus no tiene cura ni tratamiento conocido, y escuchando música de diferentes iPod’s.

Puede ser que no conozcas a ninguno en tu círculo cercano –yo de hecho, no– pero existe más gente enferma de tinnitus de lo que nos imaginamos. Y muchos de ellos, concuerdan los médicos, desarrollaron acúfenos debido a una exposición exagerada al ruido (los conciertos, los auriculares, la maquinaria pesada), sumado a situaciones de estrés o el Síndrome de Ménière, una enfermedad del oído interno que puede causar sordera parcial o total, pérdida del equilibrio y claro, tinnitus.

De hecho, muchos músicos famosos padecen acúfenos en distintos grados. Entre ellos, Bob Dylan, Phil Collins, Pete Townshend y John Entwistle (guitarrista y bajista de The Who, responsables de haber ofrecido en Londres el concierto más escandaloso de la historia, según el libro Guinness) y Chris Martin, quien desarrolló el padecimiento porque no se protegía los oídos con tapones durante los conciertos de Coldplay.

Otros músicos que lo padecen en grados mínimos pero constantes debido a su trabajo son Lars Ulrich y James Hetfield, de Metallica, Anthony Kiedis, Noel Gallagher, Ozzy Osbourne (No nos extrañe que el metal sea cliente de los acúfenos), Joey Jordison (exbaterista de Slipknot) y Moby, en un larguísimo etcétera.

El ejemplo más representativo es nada menos que un compositor alemán de nombre Ludwig y de apellido Beethoven.

La música es una pasión. También puede ser causa y remedio, aunque a la luz e las circunstancias parezca un “remedo”, de esta enfermedad.

Existen dos casos en los que los acúfenos han retirado a un músico, para quien paradójicamente la música representaba el leitmotiv de su existencia. El primero es Brian Johnson, excantante de los australianos de AC/DC, quien comenzó a perder el oído y experimentar tinnitus y se bajó del barco musical en 2016. De ahí que Axl Rose tomara su lugar.

 

El segundo caso es el de Pulpul, cantante, guitarrista y compositor principal de la banda española de ska punk Ska-P. Roberto Gañan Ojea, como se llama, tiene 53 años. En 2014, tuvo que colocar a la banda que lidera desde mediados de los 90, en lo que él llama “un parón indefinido”.

 

Sus síntomas de tinnitus se agravaron por las giras del grupo, los decibeles en los ensayos y en las sesiones de grabación. Esa misma música que le dio de comer durante más de 20 años, desde que tuvo que elegir entre continuar como empleado de una compañía de aire acondicionado o probar suerte con su banda de rock, le cobró el que representa el sentido más preciado para un músico: el oído.

Desde entonces vive alejado de los escenarios, Asiste a terapias psiquiátricas y a grupos de ayuda para enfermos de tinnitus –sí, son tantos que requieren de una atención similar a los alcohólicos o los diabéticos, y aunque ha manifestado que sigue componiendo canciones, aún ve lejano el día de volver a tocar en vivo.

Una vez convencido de que no hay cura, mantiene la esperanza a de aprender a convivir y llegar a ignorar a lo que llama sus “grillos”.

A menudo da cuenta de su estado de salud a través de Twitter o de la página de Ska-P.

 

 

Total, que “Baby Driver” está muy entretenida. Hollywood tiene esa peculiaridad: transforma cualquier tragedia en un musical.

 

 

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