Gustavo Santaolalla es un nombre entrañable en la música latinoamericana, con base en Los Ángeles desde principios de los ochenta, Gustavo pudo huir de un régimen político que castigaba las nuevas expresiones culturales, como en ese momento eran los sonidos del new wave, el punk, el reggae, y sólo así pudo revolucionar la música en su país natal a la distancia, convirtiéndose en un catalizador y semillero del ahora mundialmente conocido rock argentino.

Gustavo Santaolalla, reedita Santaolalla, su primer trabajo discográfico que por primera vez ya está disponible en plataformas digitales. En esta nueva edición el disco cuenta con la remasterización de Aníbal Kerpel, y fue el pretexto perfecto para platicar con el músico y productor. 

 

– En estos tiempos difíciles, es buen momento para mirar atrás, para ver dónde estamos parados, para ver que sigue ¿cómo fue que te llegó la oportunidad o la epifanía de poder poner tu primer disco en estas plataformas digitales tan usadas hoy en día?

Todo viene de que hace ya se nueve años, cumplí sesenta años. Yo nunca he sido de mirar hacia atrás, empecé de muy chico y a los diecisiete años hacer ricos, profesionalmente y siempre mire hacia adelante, siempre tratando de poner nuevos desafíos, no quedándome en mi zona de confort. Si revisas los más de 100 álbumes que he producido vas a ver todo tipo de música, muchos tipos de disciplinas, hasta videojuegos, hay de todo. Y me llegó un momento en donde por la edad, La años y tener nietas, y también algunas cosas realmente muy, muy personales intimas, que me hicieron apretar el botón de pausa, algo que nunca he hecho la vida. Entonces metí pausa para mirar un poco, ver como había llegado acá, hice un análisis de toda mi obra, para encontrar cosas que me hicieron bien, y descubrir una coherencia en toda mi obra, en una búsqueda de identidad desde que inicié hasta a hora.

Hay algo que es fundamental, que todo artista aspira, y es lograr la atemporalidad. Las grandes obras son las que resisten el paso del tiempo, una gran canción, un cuadro, una película, un libro. Te pueden recordar una época, pero el peso del contenido es tal que no importa, eso es una anécdota.

Me pasa como con “Canción de cuna para un niño astronauta”, que compuse a los 17 años, me parece una de las cosas más modernas que hay.

Con ese contexto, cuando por primera vez hice una banda para tocar mis canciones, que fue apenas hace tres años, cuando debuté en el Teatro Colón en Argentina, porque nunca había tocado mis canciones. Armé una banda, armé un espectáculo llamado “Desandando el camino” que tuve la oportunidad de llevar por muchos países, repasando mi carrera y mi vida.

Dentro de esta nueva manera de revisar mi carrera Santaolalla, ocupó un lugar muy bueno, porque es mi primer disco solista, mi primer disco de exiliado y un disco que marcó un cambio en Argentina, marcó el principio de la modernidad, la llegada del new wave y del punk.

 

-¿Cómo recuerdas el contexto fwet de ese momento? 

Cuando yo vine acá me sentí muy mal porque yo venía de un país donde te meten preso por tener pelo largo y tocar la guitarra eléctrica, a manos del Gobierno habían desaparecido treinta mil personas. Yo tuve pesadillas con la policía a dos años de haberme mudado a Los Ángeles. Al llegar a acá y la música ya tenía un valor contracultural, de la música, yo había estado preso innumerables veces nada más por tocar la guitarra eléctrica, no consumía drogas, no pertenecía a un partido político, simplemente por tocar rock.

Llegué a Estados Unidos y de pronto estaba en el país donde había sido Woodstock, y donde nació el mensaje de “con la música vamos a cambiar el mundo” y la música tenía poder contestatario. Pero de pronto se la había comido el sistema, el rock era totalmente corporativo,  limosinas y cocaína, bandas como Boston, Kansas, Styx, Journey,  bandas que no me gustaban para nada y que no tenían eso que sentí que el rock tenía.

Pero también en el ’78 los Sex Pistols terminan su gira por Estados Unidos, se separan en San Francisco, y entre los Pistols y los Ramones como pilares, viene este nuevo movimiento del punk y el new wave, y no lo digo yo, los medios lo afirman.

Abracé el cambio, me corté el pelo, me compre una corbatita, el saquito, todo, y con Aníbal (kerpel) armamos Wet Picnic, una banda que nuestro primer video fue usado por MTV en su piloto de prueba, con otro terminamos en un libro de la Rolling Stone entre los 100 mejores videos de rock.

En un break, produje y toqué el bajo en un disco de la banda The Plugz, una banda seminal con Tito Larriva y Charo Quintana, que después se convirtió en Cruzados, y Tito luego hizo muchas cosas con Robert Rodriguez.

Hago eso, en un break me voy a Argentina y en dos semanas grabé Santaolalla con un approach completamente distinto, lo grabe yo, cante y toque al mismo tiempo con los músicos, y en ese tiempo ya se grababa todo en separado.

Todo mundo me veía raro, los chicos de Virus fueron al estudio a ver qué estaba haciendo, antes de que saliera Virus. Ne ese entonces apenas muy empezaban cosas muy muy under, me acuerdo que me llevaron a un clubcito a ver un trio con unas 50 personas de público y era Soda Stereo, ahí conocí a Gustavo.

Me llevaron también a ver a Sumo, con muy poca gente, y no había nada en lo discográfico así en ese entonces, no había nada que coqueteara con el reggae, o el ska.

Un año después sale Clics Modernos de Charlie (Garcia), y ya comienza a salir todo, pero la verdad, que el primer disco que salió de la nueva onda fue Santaolalla, pero después quedó en el olvido, comenzó la guerra de Malvinas, yo me estaba mudando con Aníbal a Nueva York, y por esto nunca fui a Argentina, nunca promocioné el disco, nuca lo toqué, por eso te digo que mi carrera tocando en vivo empieza tres años atrás.

 

-¿A la distancia, en ese momento, cómo sentiste que fue el recibimiento del disco en Argentina? 

Ahora me doy cuenta, está el testimonio de Zeta, donde dice que llevé el disco su estudio y lo usaron como referencia, así como muchos otros músicos, mucha gente a la que el disco les impacto, pero fue muy underground, con el tiempo si se consumió pero pasaron muchas cosas, por ejemplo algunos de los músicos que grabaron conmigo después se fueron con Charlie.

Ahora escuchándolo, siento esta cosa de la atemporalidad, siento que la masterización que hizo Aníbal está increíble, suena a todo, es muy gratificante y es un disco muy especial.

 

-¿Cual es la más grande memoria que tienes de haber hecho ese disco? 

Hay un tema en particular que pinta muy bien ese momento, “Mamá, amigos, tengo una TV Color”, sabes en Argentina no había tele a color, llegó en el 82 con el mundial, y las tuvieron que poner, pero nadie tenía.

Así que la canción es una carta con una letra que te hace una pintura de lo que era Los Angeles en ese momento, y para mi refleja lo que era el habitad en donde el álbum fue creado, así que destaco eso.

Hay más viñetas, porque tenía esa onda de escribir pequeñas historias, pero el “Mamá, amigos, tengo una TV Color” encierra el momento.

-¿Cómo visualizas el 2021 con la posibilidad de que la música en vivo siga parada?

Terrible, es algo horrible, es un momento de reseteo, algo distinto debe emerger de esto, es un momento de transición en la música. Actualmente la música tiende al pop, y a los ritmos urbanos, y el rock está en hibernación, pero no está muerto, yo he visto otros momentos similares, todo es una curva.

Pero algo va a surgir de esta crisis, y no sé cómo se vaya a solucionar, pero cuando se solucione eventualmente, va a ser mucho más grande su alcance.

Por ejemplo una amiga maneja el Teatro Coliseo, un teatro que me gusta mucho, y me decía que hicieron un evento online, y de pronto tuvieron 20 mil personas viéndolo, cuando el teatro tiene capacidad para 2 mil, así que te das cuenta que en el futuro podrá haber eventos con personas presencialmente, pero vendes un ticket para que a la distancia la gente lo vea.

El live streaming va a mejorar muchísimo, y va a ser mucho más fácil hacerlo, ahí le veo el lado positivo. También le veo lo bueno al trabajo a la distancia, le encontraran la vuelta para poder sincronizar muchas cosas, podremos como músicos estar uno tocando aquí y otro en Nueva Zelanda, pero es algo loco, aunque aún es difícil vaticinar.

Ahora estamos todos a la misma distancia, mi vecino, el que vive en la casa de a lado, está a la misma distancia que el que vive en Australia,  tenemos que comunicarnos así y ver por eso.

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