Mi generación estaba encabronada. Escuchábamos canciones rebosantes de gritos, que destilaban rabia y dejaban en el piso un charco de bilis. Nirvana, Alice in Chains, los Smashing Pumpkins y Pantera, por mencionar sólo a unos cuantos de quienes rotaban con regularidad en MTV, proyectaban videos que te inspiraban a romperle la madre a alguien.

TXT: Arturo J. Flores

Tal vez por eso bailar slam tenía sentido. Había que sacar la violencia del cuerpo, de una forma civilizada y consensuada, por más que a veces te vieras empujado a defenderte de los caballazos contra tu voluntad.

La seña favorita para salir en las fotografías era la del dedo medio. Tanto que hasta Britney la puso de moda.

Misma que ha sido reemplazada por el corazón que Peña Nieto intentó hacer, para caerte mejor, y no pudo.

#EnMisTiempos: canciones sad para una generación devastada

Observo a la generación actual, desde la colita de los millennials hasta los posmo y los Z, más bien tristes.

Sustituyeron el enfado por la melancolía, los dientes crispados por las lágrimas incontenibles y obviamente, la música es un reflejo de ello.

Me llegan decenas de propuestas musicales por correo para que las escuche, para que escriba algo acerca de ellas. La mayoría, porque tampoco vamos a decir que todas, pero digamos que las se distinguen por su novedad, tarde o temprano rozan con la pena.

No digo que nosotros, los X, no conociéramos la tristeza. Pero hasta cuando nos inundaba, le abríamos la puerta a la oscuridad. Pongamos como ejemplo a The Cure, que en “Pictures” decía “te recuerdo desvanecida entre mis brazos, llorando por la muerte de tu corazón, eras una piedra blanco, tan delicada, perdida en el frío”, Tame Impala sostiene en “The Less I know, The Better”, “Oh, amor mío, no puedes verte a mi lado, no me sorprende si te apoyas en su hombro cada noche”.

 

La ciencia lo confirma. De acuerdo con un estudio realizado por la Asociación Americana de Psicología, las generaciones millennial y Z sufren mucho más depresión, ansiedad y estrés que sus predecesoras.

No es extraño entonces que sus canciones lo reflejen.

Pongamos por ejemplo al cantautor mexicano Marrón, que no hace mucho lanzó su sencillo “4 AM”. Un corte algo electrónico, bailable sí, pero que no deja de desprender cierta desesperanza. “Despierto en la noche, me cuesta dormir, de tanto, tanto, pensar en ti. Te busco a mi lado, no puedo sentir el calor de tu cuerpo aquí. Dime dónde estás”.

Ausencia, abandono, desamor y hasta traición suelen ser los sentimientos más socorridos por los compositores contemporáneos.

Otra propuesta que me llegó es Manuel The Band. Un quinteto originario de Long Beach, California, que en “Casual love”, el primer sencillo de su álbum debut recién estrenado, aborda lo que para la generación actual es una piedra en el zapato: la falta de compromiso.

Adelante, escríbeme en tu corazón, aunque sea el tipo de amor que sueles escribir con lápiz. Después, cuando estés sola, seguirás adelante y borrarás mi rastro.

El cantante Manuel Grajeda se acoge a los tonos altos, pero imprime a su voz un sutil desconsuelo y una indiscutible nostalgia, que marida perfecto con un rock indie de tempos lentos y un saxofón que vomita desamor.

Veamos un último caso.

María Usbeck es una cantautora ecuatoriana aunque radicada en Nueva York. El próximo viernes 16 lanzará su LP “Envejeciendo”, del que justo unos minutos antes de comenzar a escribir esta columna, me enviaron el tercer corte.

Se llama “Obscuro Obituario” y aunque podría ser el nombre de una banda de metal noventero, en realidad es una canción electrónica, muy drum and bass, en la que María lanza versos desesperanzados acerca del temor que le provoca envejecer y enfermarse, como si se mirara a sí misma desde la muerte.

Enterrada por dentro y por fuera, como un alguien que no puede ser, me he perdido y no sé adónde voy, hay un libro escrito en mi piel.

Con una gran destreza poética y teniendo por fondo un lúgubre sintetizador, profundiza en una de las causas de la ansiedad juvenil actual: la incertidumbre ante el futuro.

¿De qué voy a vivir cuando crezca si todo mundo me quiere como becarix? ¿Qué mundo quedará si la raza humana lo está devastando con popotes y unicel? ¿Moriré solx y sin amor?

Por ahí andan algunos tracks de enfado de reciente factura, compuestos por músicos muy jóvenes, no lo niego. Pero que la mayoría de los lanzamientos apunten hacia el océano de la tristeza, tampoco me extraña.

Son canciones muy sad para una generación devastada.

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