En términos generales, desde hace varios años, México se ha convertido en el país del DIY (Do It Yourself o Hazlo Tú Mismo). No hay una estructura que funcione en forma real para la generación de empleos, por ejemplo, por lo tanto, la gente se ve obligada a hacer las cosas de manera individual. En términos más concretos, la escena del metal es uno de los más claros y complicados ejemplos que hay. Las bandas de rock duro en nuestro país deben luchar contra estas circunstancias y sumarle otras como son el malinchismo, el gandallismo, la casi nula existencia de una estructura de apoyos y encima de todo, estigmas sociales.

En ese contexto es que nació Steel Night, banda de Heavy Metal de Durango que logró encabezados en el 2018, tras ganar la Metal Battle México y ganarse así el derecho a representar a nuestro país en Wacken, el festival más importante del género en el mundo. Steel Night ganó el concurso apenas un mes después de haber cumplido su primer año de vida. La calidad era innegable pero la inexperiencia también. Hasta ese momento se habían forjado su camino de manera totalmente autodidacta, situación que les cobraría factura en su viaje a Europa, pues compraron vuelos redondos con un mes de distancia entre la salida y el regreso, con la idea de conseguir fechas extras en Europa. Al final lo lograron, pero fueron comparativamente pocas. El viaje cobró factura pero también trajo beneficios: en el primer rubro, hizo que a su regreso a México, la banda se fracturara y perdiera a dos de sus miembros, pero en el segundo, lograron un contrato con el sello alemán Iron Shield Records.

Apenas un año más tarde de haber tocado en Wacken, el quinteto tenía ya su disco editado en Europa y con posibilidad de distribución además en Asia y Estados Unidos. Próximamente saldrá en edición nacional bajo el amparo de Sade Records, con dos temas extra, lo que sumará a la distribución la posibilidad de llegar a Sud América. Todo eso parece bueno, y lo es, sin embargo, podría ser mucho mejor si para el viaje a Europa el gobierno estatal por medio de una dependencia cultural no les hubiera ofrecido x cantidad sólo para entregarles menos, o si hubiera una estructura mediática en la que se entendiera que estas son circunstancias relevantes para artistas mexicanos que merecen ser expuestas más allá de los servicios tradicionales denominados “medios especializados” (que son muy pocos), o si hubiera una estructura más sólida en el país que permitiera que diversas ciudades pudieran recibir a esta y otras bandas, pagarles algo y permitirles así moverse al siguiente Estado.

La realidad es muy distinta, y si bien Steel Night, con base en una enorme dedicación y entusiasmo, han logrado construir una gira nacional de siete fechas entre el 30 de agosto y el 22 de septiembre, el formato dista mucho de ser el óptimo. Para lograr este recorrido tuvieron que acercarse a otras bandas, negociar formas en las que los gastos se puedan prorratear de la mejor manera y así evitar al máximo pérdidas, crear una logística en la que cada ciudad tiene su banda/promotor local que se encargará de conseguir un bar o sala, backline y hacer publicidad, costearse transporte entre uno y otro Estado y todo, diría Alex Lora, todo por el Rock and Roll.

La ventaja en todo esto es que ellos no se quejan, al contrario, agradecen el poder tocar. Así, Puebla, Ciudad de México, Pachuca, Xalapa, Torreón, Saltillo y Gómez Palacio recibirán a este que es un verdadero diamante -y ya no más en bruto- del metal nacional. Cada ciudad tiene su cartel propio, con bandas de las llamadas emergentes, pero con enorme potencial, que garantiza que en cada fecha habrá calidad. En la Ciudad de México por ejemplo los acompañarán Vayolet, Eye Of Destruction y Sentinel, con lo cual se garantiza una excelente velada que, además, está creada para que la gente se anime, pues la entrada cuesta solamente 30 pesos, y para aquellos que quieran llevarse el disco (que es edición importada), el costo será apenas de 100 pesos.

Bandas como Steel Night, de enorme calidad, abundan en México. Problemas como los descritos en su andar, también. Lo que hace la diferencia es que en ese universo, sólo algunos pelean hasta el final por conseguir sus sueños o morir en el intento, y los duranguenses entran en esa categoría.

Gato Calavera es un lugar ideal para este tipo de presentaciones porque es pequeño, está bien ubicado, es rockero a más no poder, ofrece una verdadera sensación de la vida subterránea y además no pone peros a la hora de apoyar el talento nacional. Finalmente pero no menos importante, el material que presentará el quintento es un discazo. Solo hace falta checar algunas reseñas que han salido en diversas partes del mundo para ver que su calidad ha trascendido fronteras. Con suerte (porque por trabajo no paran), estos chicos tendrán una larga y próspera carrera, aunque tengan que empezar en el país de “Hágalo Usted Mismo porque a nadie más le importa”.

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