El estado de Oaxaca ha prohibido la venta de comida chatarra y refrescos a menores, no solo eso, también regalarla a los que aún no han cumplido los 18 años. Queda en manos de los padres por tanto la decisión de suministrar, cual dyler, semejantes productos perniciosos para la salud. Esta medida estatal ha ido muy al tempo marcado por la secretaria de salud mexicana, que desde los reportes diarios de la situación sanitaria provocados por Covid-19, no ha cesado de señalar a estos alimentos como causantes de las cifras “catastróficas” de muertos que acumula México día a día . Al final el virus solo pasaba por ahí, claro que el gobierno mexicano desde el primer momento aseguró no se le iban a cerrar las puertas, México es uno de los pocos países del mundo que no vetó fronteras, al no ser una medida eficiente.

Prohibir es señalar, así que se van sumando voces que piden extender la medida contra refrescos y comida chatarra al resto del país. Evidentemente todas las autoridades sanitarias del mundo tarde o temprano van a rendir cuentas por sus decisiones ante la pandemia, un chivo expiatorio siempre viene bien.

Stuart Mill decía que “nadie puede ser obligado justificadamente a realizar o no realizar determinados actos, porque eso fuera mejor para él, porque le haría feliz, porque, en opinión de los demás, hacerlo sería más acertado o más justo”. La libertad es la supuesta base de nuestra sociedad liberal, de la que Stuart Mill es su filósofo fundador, pero ésta, como todo, se ejerce desde el aprendizaje y la responsabilidad emanada de la información.

No hay que olvidar la misma naturaleza humana.  ¿Dónde juegan los niños?, los chavos corretean en lo prohibido, el ser humano asoma con excitación al territorio vedado desde los primeros años de su existencia. La razón de ser de la evolución es ir más allá. Prohibir es un estímulo único para generar atracción. Si un sorbo de Coca Cola helada produce a un infante una sensación intensa, el rumor de la prohibición en las escuelas va a crear un ejército de adictos dispuestos a subterfugios de todo tipo por un poco de la “chispa de la vida”. No faltan motivos para alejar estos productos de la dieta de la población. Uno de los grandes logros de la industria de la comida chatarra es convertir, gracias a la publicidad, comer en una necesaria experiencia de sabores, independientemente de los beneficios de éstos en la salud.

Pero por prohibir que se prohíba entonces el cancerígeno aceite de palma, con el que mayoritariamente se preparan platos como los tacos. También  las carnes infladas con hormonas de animales criados con antibióticos, y así un sinfín de productos que nos acechan desde el mismo hambre de nuestras tripas y la pereza por cocinar algo saludable y no siempre sabroso. Sin duda la comida es la droga más perniciosa y extendida. Las filas de obesos alineados por sus hamburguesas y tortas, son la versión aceptada y gruesa de las hileras de heroinómanos esperando  para comprar sus dosis. El matiz marginal lo pone justamente la prohibición. No es “no permitir” el camino, informar es la única vía, aunque de poco calado en este mundo de reflexiones instantáneas. Las últimas semanas, la Profeco, institución en defensa del consumidor en México, ha publicado una larga lista de respetables marcas, la mayoría nacionales, que directamente mentían en su etiquetado.  La etiqueta es el único intermediario entre la razón y la ingesta, más que prohibir los gobiernos deberían empezar a aplicar leyendas como las del tabaco en todos los productos que tienen más plásticos y químicos, entre sus ingredientes, que alimentos naturales. Lo explicito siempre es sinceridad, como la que ejerce la banda de grindcore ugandesa Duma, en la portada de su último disco. Seguro algún legislador querría mantener este grupo lejos del alcance de los niños no vayan a agarrarle el gusto a lo visceral y oscuro del metal.

A esta prohibición de aire oportunista y nacionalista, los días pasados le acompañó  en el estado de Veracruz la prohibición de las prohibiciones en un país en el que más del 50% de la población vive bajo condiciones de pobreza. La del aborto. Veracruz mantiene la criminalización del aborto, estado gobernado por el mismo partido del presidente de la nación.

Llama la atención lo difícil que es subirse a una ola anti prohibicionista. Hace ya tiempo que las democracias han olvidado su esencia, y en pos de una sociedad saludable y respetuosa, la censura y penalización de actos y opiniones, ganan día a día terreno sin grandes opositores.  Asoma en otro estado mexicano, Hidalgo concretamente, mas limitaciones a los menores, en este caso la asistencia a corridas de toros y peleas de gallos, sea o no con sus progenitores. Si no están suficientemente preparados para abrir una lata de refresco tras un partido de fútbol en el barrio, menos para entender el origen de la vida, de la muerte y de la sangre. Para eso no hay etiqueta que valga.

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