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Mdou Moctar: “La gente se sonríe, pero al dar la espalda sólo hay desprecio”

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Aparece en la pantalla de la laptop con una guitarra entre manos. Y rasguea el instrumento mientras lo barre con la mirada, desde el diapasón hasta llegar a las pastillas. Mdou Moctar dice que acaba de tocar en Coachella, donde “el clima es bastante parecido al del desierto de donde vengo”, refiriéndose a Azawagh, al norte de Níger, en África. Lo apodan el “Hendrix del Sahara”, un despropósito que seguramente le causa resquemor, o al menos hartazgo. Mejor evitar el tema y concentrarse en lo que nos reúne: la aparición de su nuevo álbum, Funeral for justice

Un par de horas antes, las personas del sello disquero que arropa al músico enviaron un correo electrónico solicitando retrasar unos cuantos minutos la entrevista virtual. “Mdou necesita un descanso para rezar”, se leía en el mensaje. Así que Mahamadou Souleymane es un sujeto espiritual, aunque eso no significa que se muestre desenfadado cuando se concentra en hablar de las razones que lo llevaron a titular su disco más reciente de tal modo, recapacitando que en este mundo sobran grilletes y prisiones, manipuladores y bombarderos.   

Instalado en Nueva York, el guitarrista defiende las nueve canciones que recién grabó. Su trabajo visita el frenesí eléctrico en el tema que titula la obra mientras en otros tracks, como “Tchinta”, “Imouhar” o “Sousoume tamacheq”, traza composiciones atemporales que bien podrían aterrizar en el escenario de Woodstock, en 1969, o ejecutarse en cierta villa lunar en 2084, dentro alguna cápsula habitacional ubicada en el centro del Océano de las Tormentas. Aunque el plato también alcanza alturas meditabundas, así ocurre en “Takoba”, o con ese trance inasible que invita a levitar sobre una cama de bugambilias fluorescentes que es “Modern slaves”.

“Cuando era niño mi juego favorito era jugar a que sabía kung-fu. Veía muchas películas de serie B y Bruce Lee era mi máximo. Entonces pensaba que sería buena idea volverme militar, luego de mirar esta película… Commando. Recuerdo especialmente ese gran cuchillo que portaba el protagonista”. Mdou rememora su niñez ilusionado para saltarse a la adolescencia, al día en que cayó rendido ante el embrujo de la electricidad que propaga una guitarra amplificada. “Una vez asistí a un concierto, una presentación gratuita de Abdallah Oumbadougou. Su modo de tocar me pareció mágico porque al hacerlo conseguía que todos los que lo escuchábamos nos pusiéramos contentos. En ese momento supe que quería ser como él”.

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Mdou Moctar / Funeral for justice / Matador Records, 2024

Rodeado de condiciones precarias y prejuiciadas, Moctar se vería obligado a construir su propia guitarra. La leyenda cuenta que aprovechó los cables de una bicicleta para usarlos como cuerdas. Pronto sus canciones comenzarían a circular de teléfono en teléfono hasta que el nombre de su autor alcanzó una popularidad inusitada. Terminaría éste yéndose de gira con Parquet Courts, tocando en el Pitchfork Music Festival y prensando, ya con la ayuda de Matador Records, Afrique victime, ganándose renglones halagadores por parte de The Guardian. Funeral for justice (Matador Records, 2024) sigue la estela de dicho plato, un trabajo cuya portada se muestra explícita: una tierra en llamas, un cielo oscuro y el ataúd del pueblo africano al centro, rondado por aves carroñeras.

“Es una advertencia. La justicia no existe, no en el mundo tal como lo conocemos, no mientras el color de la piel sea importante”, señala Mdou al pensar en el título del álbum. “Porque la justicia significa hoy en día ilusión, manipulación, estamos ante su funeral. En este sentido hice un disco muy directo a nivel lírico. Ahora los problemas de violencia terrorista son más graves en África. Cuando Estados Unidos y Europa llegaron ahí, dijeron que iban a ayudarnos, pero lo que vemos es realmente diferente. Nunca nos auxiliaron para encontrar una solución”. Yendo por ese camino, importa contar que la letra de la mencionada “Sousoume tamacheq” señala que la ignorancia y la falta de unidad son enemigos mastodónticos si de trata de hablar de los problemas que vive no sólo Níger, sino Mali y Argelia.

De tal forma, la música y voz de Mdou Moctar se asoman acusatorias y firmes. El artista se halla consciente del poder que su figura ha adquirido y lo aprovecha. La suya es una guitarra rebelde, que invita al baile consciente, que encuentra en la euforia un canal que lleva a la introspección, al conocimiento interior. “Yo claro que cuando toco me siento libre, pero hay que saber que uno es libre conforme cuenta con un juicio propio, y por supuesto que sin justicia no existe libertad”, explica entonces, con la mira fija en la cámara. Y al final, ya con el reloj encima, se toma unos pocos segundos para hilar el discurso con el que se despide, apelando a lo que él denomina “las diferentes formas de la libertad”, sin dejar de mencionar la importancia de la hipocresía en una ecuación que, sin remedio, lleva a la violencia:

“En este mundo actualmente muchos no nos encontramos dentro de un calabozo, pero sí que nos hallamos encadenados. Vemos la luz de sol, estamos con otras personas; pero seguimos esposados. Hay otros que están en la cárcel, que ni siquiera saben qué hay más allá de las paredes que los encierran porque viven manipulados, ignoran lo que significa tomar una sola decisión. La gente se sonríe entre sí, pero al dar la espalda sólo sabe de desprecio hacia los demás. Basta ver imágenes de Libia siendo bombardeada para entender esto. La justicia no existirá mientras haya violencia, bombas. Hay que diferenciar las diferentes formas en las que la libertad se manifiesta”.

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Alejandro González Castillo

Alejandro González Castillo

Periodista, y escritor también (porque parece que no es lo mismo). Cruza párrafos con compases. Le gustan las olas, leer y chelear chachareando; además de escuchar discos dejando salir el humo por los ojos.

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