En un mundo cada vez más polarizado y lleno de corrección política, la existencia de una banda como Marduk parece más que bien recibida, necesaria

#SangredeMetal por Luis Jasso

El día que el arte sea alcanzado por toda esta revolución de lo que está bien decir y lo que no, el mundo será un lugar aún más triste y pequeño. Para que eso no suceda, cada uno debe luchar desde su trinchera y no permitir que las ideas de unos se vuelvan las reglas de todos.

Bandas con temática anticristiana, blasfema, enferma o como quiera etiquetarlo cada quien, han existido desde hace mucho tiempo, y si los dioses de los diferentes inframundos de culturas milenarias lo permiten, existirán por siempre. Sin embargo, no todo mundo acepta la idea de la tolerancia a las ideas de otros y es por eso que existen grupos de choque no sólo en la vida política y cotidiana de cada país sino en todos los órdenes de la vida social, incluido por supuesto el rock.

A Marduk lo quisieron vetar hace algunas semanas en Guatemala por promover el satanismo. En Oakland, Estados Unidos les cancelaron un concierto por temor a que un grupo radical, ofendido porque la banda hizo un disco en el que se narran historias sobre la Alemania nazi, amenazó con atender el concierto y evitar que sucediera.

La policía dejó claro que el problema no era la banda sino el grupo de choque que amenazaba con poner en riesgo a los asistentes, pero al final del día, la cancelación sucedió.

Hoy a unas horas de que se presenten una vez más en México también hay grupos conservadores y protectores de la endeble moral mexicana que buscan cancelar el concierto en el Foro Indie Rocks.

No lo van a lograr, sus actitudes sólo generan mayor publicidad al concierto y sus argumentos son patéticos, pero también es muestra de la intolerancia de quienes por su apego religioso creen que pueden decirle a todo mundo lo que deben y no escuchar.

Eso, en este contexto de un concierto de rock, es anecdótico, pero es también como una semilla sembrada que si se permite que crezca, pasará a ser flor, árbol y luego bosque, uno por cierto con árboles intolerantes y radicales que eventualmente no permitirán ver nada más allá de sus mismos troncos.

Marduk tiene ya casi 30 años de carrera y ha grabado 14 discos de larga duración. Ha causado controversia por algunas portadas (sobre todo para el EP “Fuck Me Jesus” que muestra a una mujer masturbándose con un crucifijo) y por las letras de algunas canciones (“Jesuschrist Sodomized” no fue precisamente un himno de coro de iglesia).

Sin embargo se mantiene vigente sin mayores altercados que algunas cuantas cancelaciones. Es decir, los bautizados con el mismo nombre del Dios babilonio que gobernaba a los hombres y los países ha sorteado con éxito el desprecio de algunos grupos conservadores.

Suena justo: ellos hablan mal de una religión y los adscritos a esa religión no los quieren. La coexistencia es el punto clave, pero cuando los religiosos católicos/cristianos/judíos deciden que aunque el mundo sea un lugar de 7 mil 300 millones de personas cuyas creencias están repartidas en poco más de una decena de religiones “populares”, que a su vez se desmenuzan en cientos de cultos, sólo su verdad es correcta, estamos en problemas.

La sociedad estará frita el día que estos grupos ganen y se prohiba el libre pensamiento así como la libre expresión de las ideas, no cuando una banda de black metal haga un concierto en un recinto para 600 personas.

Al final y aunque parezca ingenuo, lo más sensato sería que este tipo de personas se mantenga al margen de lo que escribe y canta Marduk. Si creen que esa música es un cáncer para la sociedad, entonces que ataquen ese cáncer en su seno religioso, que no permitan a sus hijos ir al concierto y que no compren sus discos, eso es válido, pero obligar a la población sin arraigo místico y que no encuentra ofensa en canciones que hablan de una religión ajena, no.

Marduk tocará en México temas de toda su carrera y de “Viktoria”, su más reciente CD. La cita es el 12 de octubre en Foro Indie Rocks!

Foto de portada por Jens Raydén