La Bien Querida: la magia como arte y el arte como magia
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Si algo ha demostrado Ana Fernández-Villaverde, mejor conocida como La Bien Querida, es una enorme habilidad para componer canciones de amor que resulten llegadoras y a la vez capotear a la ñoñería y los modelos preestablecidos. Ella ha desarrollado maneras muy personales que tampoco necesitan de complejas referencias poéticas o un lenguaje críptico. Lo hizo desde su legendario primer demo (2007) en el que había ya la versión primigenia de su arte, o quizá deberíamos decir, de su magia.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

La Bien querida ha dedicado su sexto álbum precisamente a tal disciplina, pero en su parte más alivianada; aun así, sabemos que le gusta provocar, dado que el disco se llama Brujería (Elefant, 2019) y lo que lo propicia fueron hechizos de magia blanca.

Su encanto proviene primero de un recuerdo infantil, pues a su padre le encantaban los temas de ocultismo y dedicaba sus lecturas a tal tema. Muchos años después, Ana se topó con un libro que la sacudió de raíz. Alan Moore, el autor de comics tan influyentes como V de Vendetta y Watchmen, decidió que a partir de los 40 años de edad iba a dedicarse al estudio de la magia y lo cumplió.

Ángeles Fósiles (escrito en 2002) es un recuento de sus hallazgos y manera de pensar. El autor inglés revisa los orígenes de la magia: “En esas circunstancias, no cuesta imaginar que la magia representaba originalmente una realidad integrada, una visión del mundo en la que quedaban subsumidas todas las demás: la caza, la procreación, protegerse de los elementos o pintar en las paredes de las cavernas. Una ciencia del todo…”.

Si la magia existe en todas las cosas y todos los días, no había obstáculo para no vincular cada una de las 10 canciones con un conjuro particular –tal como ocurre en la versión física del disco que es una total belleza-. Pero para quienes sólo tienen la música, será la voz de Ana la que abra la puerta hacia esa dimensión amorosa en la que se mueve y que provoca en quien la escucha el deseo de ser el protagonista de esos encuentros y desencuentros pasionales.

Brujería es el disco que mejor sintetiza los afluentes musicales de La Bien Querida; ella ha sido fiel a sus pasiones, y una y otra vez declara su feligresía por New Order, The Cure y la canción mediterránea de Franco Battiato hasta llegar a Rocío Jurado, el compositor Manuel Alejandro y Jeanette (ahora hay quien no le perdona un guiño a Shakira y a una letra de Héroes del silencio).

No le van ningún tipo de ataduras y es por ello que incluso probó con nuevo producto. Carlos René de Axolotes Mexicanos se hizo cargo de los controles, incluso a sugerencia de David Rodríguez, responsable de los tres discos anteriores; el músico que encarna a La estrella de David fue quien le mostró tal alternativa, una vez que también la relación de pareja no siguió adelante; al menos en lo musical siguen siendo buenos colaboradores, tan es así que hacen juntos “Déjame entrar”.

De entrada, Brujería abre con “Hechizo protector” una referencia a Broadcast, que es también una invocación hablada de un hechizo para inmediatamente acometer con “La verdad” y su flujo confesional acerca del enamoramiento. Todo indica que desde un principio tuvo muy en claro lo que se proponía; en conversación con la revista Shangay perfiló perfectamente al disco: “he querido mezclar el amor con la brujería. Son canciones que he envuelto con un halo esotérico. Tiene un punto de oscuridad, pero no es algo tenebroso, sino más bien agradable. Hay como niebla, pero estás a gusto. Y al final del disco hay luz”.

Entonces podemos encuadrar la parte luminosa para un hit incontestable como lo es “¿Qué?”, en el que se acompaña con Diego Ibáñez, el vocalista de Carolina Durante –tan en boga en España-, para dar rienda suelta a un pop esplendente que reverencia a Robert Smith y a Peter Hook a partes iguales; y luego podemos seleccionar de entre esa parte más lóbrega del disco, y ahí se impone la majestuosidad de “Me envenenas”: “Me curas, me enfermas, me iluminas/ Y me das la vida/ Me esquivas, me escribes, me recibes”; en ella los sintetizadores cobran prioridad y son utilizados para generar la tensión que le era indispensable a la pieza.

Pero el desbordamiento total y la sorpresa la trae consigo “Morderte”, donde La Bien Querida prueba con pasajes de shoegaze para revitalizar un discurso ya conocido pero efectivo: “Quiero morderte la piel/ Arrancarte el corazón/ Y que me quieras tú más/ De lo que te quiero yo”. Quizá sea la canción de amor que los My Bloody Valentine jamás han escrito. Aquí dio en el centro del blanco.

También hay un apartado especial para un par de temas que hace a dueto con J de Los Planetas, quien a lo largo de los años ha fungido como su gran amigo y mentor. “Domingo escarlata” es una pieza lenta mientras que “La fuerza” se aferra a un medio tiempo que les queda perfecto y que ya es sello de la casa: “Voy a ser tu droga, el hechizo que envuelve a tu corazón/ No vas a poder olvidar nuestros ratos felices/ Las locuras que hicimos cuando nos conocimos/ Y la electricidad que al tocarnos sentimos, y vas a venir una y otra vez”.

En manos de La Bien Querida el universo pop se maximiza, su sentido melódico se impone sobre el resto y el regodeo sentimental haces las veces de una púa sobre el cuerpo del deseo. No es difícil imaginarla recuperando sus años de niña junto a un padre sumergido en el esoterismo o instalada en un pasado muy reciente mientras se tiende en un sillón para leer con atención a Alan Moore y su llamado hacia la transformación a través de la magia, ya que como se apunta en el prólogo: “la magia es el arte de producir cambios en la realidad conforme a la propia voluntad, es decir, obtener cierto grado de poder sobre la realidad, Alan Moore concluye que la magia debe ser arte y el arte debe ser magia.