El nuevo secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, se estrenó en el cargo con la rentrée de EEUU en la guerra Siria, bombardeando a las milicias apoyadas por Irán. El evento ocurrió semanas atrás. Este fin de semana pasado, tras la agresión con cohetes en Irak a una base con fuerzas internacionales de ocupación, incluidas las norteamericanas, Austin declaró a ABC News que su país se reserva el derecho de atacar. “Siempre responsabilizaremos a las personas por sus actos”,  enfatizando el legítimo derecho de “proteger” a sus tropas que previamente se tomaron el mismo legítimo derecho para invadir Irak  Si EEUU decide tomar represalias, lo hará “en el momento y lugar que elija”, subrayó, mensaje que se interpreta como una amenaza velada a Irán.

El 7 de marzo, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, afirmó que “el mundo no conocerá la paz” hasta que Estados Unidos deje de “interferir en los asuntos internos de otros países”. La declaración cobra relevancia tras lo dicho por el militar de más alto rango del ejército chino,el general Xu Qiliang, vicepresidente de la Comisión Militar Central (CMC), máxima autoridad militar de China, que pidió aumentar el presupuesto del Ejército Popular de Liberación con el fin de prepararse para un posible enfrentamiento con EEUU. A mediados de febrero China participó en unas maniobras militares trilaterales con Irán y Rusia en el norte del Océano Índico. Iran y China están a punto de cerrar un acuerdo estratégico económico y comercial hasta 2045.  Teherán suministrará a Pekín hidrocarburos a buen costo y China invirtirá hasta 400,000 millones de dólares en infraestructuras iraníes. De esta manera China afianzará su nueva Ruta de la Seda.

Si en las altas esferas de los comunistas capitalistas chinos y los secretarios del redentor de minorías Biden (el 8 de marzo, al tiempo que el feminismo en Latinoamérica se manifestaba vehementemente azuzado por las  4,600 mujeres víctimas de crímenes machistas en 2019 según Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe , el inquilino del Despacho Oval nombra una mujer como comandante en jefe del Comando Sur del ejército, el destinado a ese continente), si los líderes militares y políticos hablan sin tapujos de su disposición a subirse a la cosa bélica, en lo mundano, en las conversaciones de ciudadanos cara a cara, o a través de una modalidad tecnológica, hay una desesperanza creciente. Todo el mundo da por sentado que algo malo está por pasar, peor que lo que ya ocurre. “Tiempos extraños” es la opinión generalizada.

El lenguaje abre las puertas a los hechos, la llamada normalización siempre se da previamente a través de las palabras. La sola asunción verbal de un desastre venidero hace de cicerone mental y facilita enormemente las decisiones traumáticas a los políticos.

Este clima de violencia aceptada, incluso para denunciar la propia violencia, como ocurre con parte del movimiento feminista, el anti racista, y ya no digamos los neo fascismos pretendidamente adalides de la libertad de expresión (habría que ver a cualquier de esos Q Anon y mochogelicales un solo mes en el gobierno a ver qué hacían con la cacareada incorrección política) deja a la ciudadanía permeable, susceptible, a un giro brusco hacia las tinieblas de lo histórico.

Según el antropólogo Lawrence Krader y el sociólogo Ino Rossi la sociedad política hace a los seres humanos y no al contrario. La obra de estos pensadores escrita en los años 80 del siglo pasado pertenece a lo que ellos mismos denominaban la era del post renacimiento del capitalismo. Una época donde el individuo era El Centro de la sociedad, un fenómeno que sucedía como resultado de los modelos creados por la sociedad política de entonces. En aquel ámbito del individuo y sus aspiraciones, una guerra o un estado de alarma eran difíciles de asumir, pues obligaban a poner los deseos del yo en segundo plano y plegarse a una cosa superior y común.

Los tiempos han cambiado, ahora el individuo no es suficiente por sí mismo. La llamada identidad es la obligatoriedad de posicionamiento de cada uno de nosotros. Tener que revisar comportamientos y opiniones bajo riesgo continuo de censura nos lleva a una era idealista donde el individuo es solo un estado transitorio rumbo a un mundo idílico de “identidades” respetadas, es decir al obligado viaje de cada ser a una definición fija, sin fisuras, moldeada primero por estereotipos, luego por la presión ciber social y finalmente por leyes que reflejen una esquizofrenia tribal en la que no ofende quien puede sino quien diverge. El resultado es vivir bajo el Dogma, como titula el asturiano Reeko a su último EP de techno abrasivo.

Si, como decían Krader y Rossi, la sociedad política es la que forma a los hombres y a las mujeres, y no al revés, en qué momento ésta pasó de alentar al individuo a venerar a tribus identitarias. No es el cuándo sino dónde. El giro se dio en el medio de transmisión y encuentro entre los que aspiran gobernar esa sociedad política y el resto de la ciudadanía. Las redes con sus etiquetas y # como motores de búsqueda generaron una confusión entre visibilidad del yo, cuenteo de likes, ‘perfilación’ detallada del mkt y la perfección visual propia del mundo del show en el que se han convertido las relaciones humanas. Todo bañado en un deseo de contentar que acaba simulando una arcadia de felicidad, de ciudadanos sin ofender e inofensivos.

Los grupúsculos creados bajo identidades compartidas y definidas por supuesto tienden atomizarse. Cumplir con definiciones tan sonoras como etéreas: santo y soldado, feminista eco socialista, queer anarquista… de manera estricta, es complejo, así que la fractura se da y con ella los movimientos se tornan extremos. El camino iniciado por las palabras hacía la polarización identitaria no ha hecho más que empezar, al final siempre hay medallas y soldadescas, entre medias los de arriba y los de abajo se acostumbran a lo excepcional del enfrenamiento.