Tener un programa de radio exitoso durante más de 10 años parece una odisea. Durante todo este tiempo Ángel Carmona, desde Radio 3, lo ha logrado transformándose en el camino en un importante referente para la escena musical de su país (y para cualquier banda internacional que quiera pisar territorio ibérico).

Esta charla ha sido única porque me tocó entrevistar al entrevistador, quien pasó durante 50 minutos a ocupar el rol del artista (y musicalizador) mientras hablamos de boleros, Drexler, Sinatra, Jobim, Debussy, música clásica, jazz, rock, Cole Porter y cocina. De paso le pregunté sobre la pandemia aunque por momentos acabé entrevistado yo también. Ángel no puede negar la cruz de tu parroquia. 

Abre el telón virtual de zoom y suena un piano eléctrico y una voz cantando un bolero.

Eso, que lindo. ¿Eres tu tocando?

Aprendiendo a tocar. Algún día estaré en un piano bar tocando bolerazos, solo bolerazos. Continúa tocando… ”No existe un momento del día… en que pueda olvidarme de ti… El mundo parece distinto… cuando no estás junto a mi…” Oye, en México saben mucho de estas cosas.

Tendrías trabajo asegurado Ángel (risas) 

Imagínate.

Si lo del coronavirus no levanta ya sabes lo que tienes que hacer…

Sabes que he pensado que aquel o aquella que creó el slogan de que el “bolero nunca muere” es de puta madre. El bolero no va a morir nunca.

Continúa tocando otra parte de Contigo en la Distancia…

La canta Vicentico, Luis Miguel, quedan hermosa. Quien sea, le da ese punto de honradez que tiene la canción desde su inicio de composición.

Además sus armonías hacen pensar que son como el jazz latino. El nivel que manejan los boleros en sus acordes es brutal.

Que bien que lo dices porque estoy aprendiendo algunos standards (clásicos) americanos.

Vuelve a sonar el piano eléctrico… “Crazy, I’m crazy for feeling so lonely…” (Crazy, de Willie Nelson, muy recordada en la voz de Patsy Cline).

Eso es un bolero realmente. Hemos menospreciado a Portillo de la Luz, a Armando Manzanero. Lo teníamos tan, tan cerca. El otro día me puse a sacar una canción de Agustín Lara… “cuando yo sentí de cerca tu mirar, del color del cielo, del color del mar” (la canción que toca es Azul)

Esto es Gershwin, esto es Cole Porter. Empecé a buscar canciones de Agustín Lara y dije: “Pero que puta locura, que cosas más bonitas”.

Me haces recordar cuando estudiaba en la escuela de jazz e hice unos arreglos para big band de una canción de Charly García y Pedro Aznar con secuencias de sonidos electrónicos adicionales. No faltaron miradas de desprecio, de cómo podía estar trayendo una canción de rock al jazz y ponerle bases electrónicas. Eso también me lleva recordar como mucha gente de la música clásica desprecia a los demás géneros. Clasicismos.

Buena Vista Social Club tuvo al mejor publicista. El de la música clásica no estuvo muy atento al tema. No puede ser que la música clásica sea tan infinitamente atractiva y que entre Chopin y Elton John no haya tanto. Que Charly conozca la música clásica y el tocaba con Pedro Aznar. Una vez entrevisté a Pedro y al entrar en la habitación había un olor a incienso muy fuerte. Y le digo: “No se si te estoy molestando”. Y me contesta: “No, solo estaba componiendo”. En la mesa solo había un lápiz y un pentagrama. Eso me habló de un nivel. El podía componer solo usando su cabeza. No puede ser que estemos separados en algo que nos une tanto. Eso y que los músicos no sepamos bailar. Si el baile es la culminación de la música, no puede ser que yo no sepa bailar.

Eso me recuerda a la frase: “El que toca no baila”

Hay una canción de Jorge Drexler…

El piano comienza a sonar nuevamente y canta… “Los dos parlantes afuera, la música en el balcón, cayendo por la vereda, en sonoro borbotón… y luego dice… “Los músicos no bailamos, ya deberías saber, tengo torpes las rodillas y tu veloces los pies” (la canción es Don de fluir).

Entonces, cuando Jorge sacó otro disco que se llamó “Bailando en la cueva” le dije ¿No que los músicos no bailaban? Y me contestó: “Se acabó. Durante una gira todas las noches me iba de baile y rompí con eso”. Así que, si el Dr. Drexler pudo, todos podemos.

Desde antes de venir a México (2003) me gustaba su música y lo vi en Buenos Aires en un Teatro Gran Rex repleto. En 2004, ya en CDMX, lo encontré tocando en El Péndulo, para 100 personas. Pensé que sería un imitador. Comprando un boleto me lo crucé en la puerta y conversamos un poco. Le conté que era músico llegando a la ciudad y luego del show me invitó a backstage un rato a conocer gente de la música. Ya en 2015, durante un tour por España, compartimos escenario y nos reencontramos. Fue algo emotivo para mí pero Jorge no tenía el mínimo recuerdo. Su álbum favorito para mí fue el 12 segundos de oscuridad.

Manú, es muy interesante. Llevo entrevistando a Jorge desde su álbum La Luz que sabe robar, que fue el primero editado en España. He sido testigo de su vida. Ese disco a mi también me gusta mucho. Jorge se desnuda contando que está terminando una relación, pero luego está empezando otra. Tiene mucha tristeza pero a la vez tiene luz porque ves que está pasando algo de nuevo. El sonido es espectacular y la versión traducida al español de Disneylandia, de Arnaldo Antunes, es impresionante. El trabajo de la producción es espectacular, estoy contigo.

Cambiando de tema…

Ángel vuelve a sonar el pian tocando Corcovado de Antonio Carlos Jobim…

Ahora que tocas a Jobim, me recuerdas a un disco donde se encuentran los mundos del jazz y la bossa nova, el encuentro de Sinatra y Jobim.

Esto que estás diciendo es la conclusión de la conversación tal como ha comenzado. La bossa nova es un género creado por chicos bien en la playa de Copacabana a los que les gustaban algunos jazzeros. Entonces le metieron ese tipo de armonías. Al final es normal que a Sinatra le gustara, todos son primos hermanos de la música.

Pero me da la sensación de que hay gente que ha sido muy elevada haciendo estas combinaciones. Igual que en la comida, no a cualquiera le quedan bien los platillos, lo de Jobim con Sinatra se me hizo maravilloso.

Es que aparte todo está tan entrelazado. Sabes, desde que empecé a tocar el piano empecé a escuchar más pianistas. No tenía mucho control de pianistas y cuando empecé a buscar me encontré con Debussy. Y escuchando sus armonías me di cuenta de que Jobim también hacía estas cosas, copiaba a Debussy, y a Ravel. Metía la música clásica en la popular. Había otro compositor brasileño (nacido en 1887) llamado Heitor Villa Lobos que mezclaba a Bach con las sambas. Entonces luego Toquinho y Paulinho Nogueira acabaron metiendo esa música clásica en la suya como herencia. Está todo mezclado. El pop no lo inventaron hace 40 años, es una herencia de muchas cosas. La bossa nova no fue nova durante mucho tiempo. Volviendo a Jobim, hay un disco que me gusta mucho, solo de voz y piano. Pienso que los mejores compositores y compositoras deberían dejar siempre un disco de voz y piano/guitarra a modo de songbook, como libro de repertorio, para que no se sepa solo los acordes sino como la interpreta su autor. Que José Alfredo Jiménez hubiera dejado algo así hubiera molado. Está el de Johnny Cash, el de Jobim. A Kiko Veneno lo convencí para que hiciera eso y lo hizo. Es muy bonito saber como las interpretan, poder ver la pasión del autor y si José Alfredo estaba realmente enamorado de esa mujer según escuches su tono de voz. El disco de Jobim a voz y piano, Directo en Minas Gerais, te mueres de gusto. Ahí es donde te das cuenta de que ahí hay mucho piano clásico y mucho, mucho trabajo. Cuando llego a la armonía de la canción Corcovado y analizo los acordes, no se ve algo difícil, pero claro, llega a inventar eso es lo difícil. Hacer que un regate se vea sencillo es lo difícil.

Y así uno ve también la evolución de las bandas. Como poco a poco lo van haciendo ver simple.

El ejemplo cercano que tengo, por familiaridad, se llama De Pedro, que es bastante conocido en España. El viene de escuchar a Zepellin. Era como mi ídolo. Tenía una banda que se llamaba Vaca Azul. Hacía unos solos que te mueres, tenía una Gibson Les Paul Goldtop y todos íbamos a ver como tocaba. Y conforme pasaban los discos cada vez había menos solos hasta que después ya no había solos. Un día, al verlo, le dije: “¿Por qué ya no hay solos?”. Y el me enseño de economía musical, tocando. Hay que tocar menos. Y voy a compartirte una frase que me dijo Jorge (Drexler), pero que era de Stravinski. La llevo como un tatuaje invisible que me acompañará hasta la tumba. “Cuanto más me limito más me libero”.

Cambiando de tema. ¿Como la estás pasando con el encierro y no poder ver conciertos en directo?

Esa es una de las mayores taras. Como que te corten un circuito de vida. Uno de los motivos para salir de mi casa es ir a conciertos, tomarme algo, hablar con la gente y ver artistas para ver lo que me transmiten. Un concierto no se puede suplir con Spotify o streaming. Es una de las cosas por las que más echo de menos salir a la calle.

El otro día que me sorprendiste en mitad de la noche mexicana y terminamos saliendo en vivo en tu programa de radio vi que te adaptaste muy rápido haciéndolo en IG live con muchísima gente conectada, pendiente y activa. ¿Cuánto tiempo te tomó para que Hoy empieza todo se acomodara? 

Para seguir haciendo el programa, después de 10 años, cumpliendo con nuestro compromiso de estar a las 7 de la mañana con quien quisiera escucharnos, ni un solo día. Un sábado anunciaron el confinamiento y el lunes estábamos haciendo el programa en IG. Lo que se ha ido corrigiendo fue la calidad y el grabar el programa para que Radio 3 lo transmitiera con 30 minutos de retraso. Pero fue inmediato. Yo he impartido algunos seminarios y les digo que cuando compartimos ideas y un modo de comunicarse ya hay una radio, ya está. El programa se ha vuelto muy rico y diverso, hablando con todo tipo de personas. Tenemos que ver que hemos aprendido aquí de este limbo para aplicarlo en la nueva normalidad.

¿Cuando hacías antes el programa en Radio 3 era solo audio?

No. Teníamos una cámara como las de seguridad. Pero es una de las cosas que debemos aprender y alterar. Eso y la conexión con los oyentes. Siempre hubo una conexión fraternal, pero unidireccional. De vez en cuando hablábamos con ellos. Pero ahora lo que pasó es que los oyentes se organizaron. Una chica llamada Vane sumó a todos los que escribían en la transmisión de IG y los invitó a una cuenta de Telegram para armar un video sorpresa de 9 minutos para agradecernos por el programa. Unas 250 personas grabaron el video y fue precioso. Esto nos tiene que enseñar que la relación con ellos debe ser más cercana.

Tu eres el domador del circo, pero los animales ya no te hacen caso… (risas) 

Soy como los cantantes horteras que dicen que la canción ya no es suya sino del público. Estamos muy agradecidos. Hoy me envió un oyente una lista de Spotify y me dijo que si quiero puedo sumar alguna canción… (risas)

¿Qué otras cosas has notado con el Coronavirus?

Veo dos cosas. Una infinitamente positiva y otra negativa. No se como pasó en México, pero aquí se acabó la harina y la levadura. Todo mundo se puso a cocinar y a hacer pan, y eso es genial. Y con la comunicación pasó lo mismo. Todo mundo se puso a hablar en IG. Inventaron radios, podcast, etc. Está bueno porque comunicarnos es algo inherente al ser humano. Aunque la calidad no fuera la mejor, o solo los vieran 12 personas, no pasa nada, lo importante es que llegue. El lado negativo es el informativo, en cuestiones políticas o de sanidad. Así como hay excelentes panaderas y panaderos debe de haber buenos periodistas, y es donde creo que debe haber un límite, porque se empieza a mezclar una gran cantidad de opiniones que generan mucho ruido. El ruido es la gran pandemia del siglo XXI.

¿Te recuerda la pandemia a algo del pasado de tu vida?

No. Hacía tiempo que no sentía algo que fuera totalmente nuevo. Pero estoy regresando a cosas del pasado como la relación con un instrumento musical. Antes era con la guitarra y ahora con el piano. También me he reconectado con viejos amigos. Me he dado cuenta de lo mal amigo que soy. Me puse a escribir a varios con quienes hace mucho no hablaba y todos me han recibido como el hijo pródigo. Me siento muy bien en ese sentido, haber aprendido de ahí.

Y en tu visión objetiva de lo que está pasando. ¿Quiénes serán los ganadores y perdedores de la industria musical?

Siempre el que se adapta gana. Seguro me llegarán notas de prensa que hablen del artista que encandiló a sus vecinos tocando desde la terraza, como los Stay Homas, que son muy divertidos. Ellos, tocando desde el balcón, empezaron a hacer canciones sobre el confinamiento. Ahora tienen 300 mil seguidores, han fichado por Sony y tocaron con Pablo Alboran, Manu Chao y hasta Rubén Blades estuvo hablando una hora con ellos. Supieron aprovechar la oportunidad. Para todos los demás es el desastre detrás del desastre. Hace un tiempo nos dijeron que viviríamos del show en directo. Ahora ni siquiera hay shows en directo. Pusimos todos los huevos en el mismo nido y eso ha sido un error.

O quizás el único nido que nos quedaba…

O secamos la teta de la vaca…

Todo eso tiene que ver con un sector que está sufriendo muchísimo y toda la gente que depende de ahí que hoy no puede salir a trabajar.

¿Crees que el gobierno tomará medidas para proteger al sector?

Llega muy tarde. Creo que no han sabido entender, desde un sentido humanista, se ha apartado mucho a la cultura. Lógicamente la salud es importante, pero lo que están dando la cultura; no puede quedar tan relegada. No hubo un ministro guerrero que hiciera que entender que la cultura no es una lista de Spotify o una suscripción a Netflix. No pueden matar a una generación cultural. Lo que muere este año no va a nacer más. Hay que protegerlo como a la música clásica, que está fuertemente subvencionada, y tiene sentido. Debería tratarse a la música como una industria que genera dinero. La música es un motor que tiene el país y lo que hace el gobierno es insuficiente.

La pregunta del millón. Apostemos. ¿Qué día volverán en España los conciertos al 100% de capacidad?

Voy a dar un número al aire de lo que me imagino. El 3 de marzo de 2021.

¿Con que cierra el piano bar?

Voy a rematar muy rápido con una canción de Cesar Portillo de la Luz. El dijo que el quería llamar a un disco suyo Gol, porque la música era como el tanto más importante del deporte, que se llama gol. Esto es como Cole Porter. Y es un golazo…

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