TXT:: Wenceslao Bruciaga

FOTOS:: Arturo Lara

 

Una chica en caída libre sobre un bucle de módulos esherianos pop hipnotizaba las grandes pantallas, era como si estuviera viajando en el tiempo, con la unidad de medida en forma de beats extirpados de un sintetizador Korg. Esa fue de las postales digitales más recurrentes en el tremendo concierto que Ladytron dio el pasado 27 de febrero. El cuarteto se hizo de un quinto integrante que pusieron a modo de invitado especial en la batería y cuya fuerza bruta fue la responsable de que las secuencias synth se sintieran como golpes de placer que retumbaban desde el estómago y las pantorrillas hasta los muros de El Plaza Condesa. Aunque también proyectaron diagramas que recordaban lo mismo el viaje astral de Odisea 2001 que los laberintos de Tron de Disney, más las llamas del apocalipsis que se viene, paranoia que obsesiona la portada y las canciones de su último álbum lanzado durante los primeros días de febrero. El tema con el que abrieron, Far from home y el sencillo The Island son seductoras prueba de ello.

Lo de Ladytron es el oficio de la distopia rítmica y la ambigüedad temporal, dejando claro que eso del futuro es un artificio impreciso y que merece declararle la guerra mediante una inteligencia bailable. El manifiesto musical de Ladytron alcanzó una madurez que impregnó hasta su outfit, más glamorizadamente acertado, a diferencia de sus primeros años cuando se uniformaban como el regimiento de un comando terrorista adolescente recibiendo órdenes de la inteligencia artificial de Atari. Ahora Helen Marnie salió con una larga cabellera plateada y una falda de diseño geométrico a lo Moschino mientras Mia Arroyo llevaba su estilo gótico a la pasarela.

Se respiraba cierta ansiedad por cobrar una deuda prolongada, seguía la insatisfacción de aquel fallido de Six Flags en 2011 cuando la lluvia y una mala estrategia de sonido accidentaron la presentación y Ladytron no pisaba la capital desde entonces.

Pero la calidad con la que saldaron las cuentas superó mis expectativas. El concierto se puede dividir en dos partes, una primera en donde tocaron piezas del lado más científico de Ladytron y la segunda que provocó una serie de descargas eléctricas en en los asistentes que abarrotaron el local, en parte porque soltaron éxitos que sus seguidores dábamos por perdidos, como Runaway, Playgirl y la icónica Discotraxxx, la gente se volvió histérica mientras repetían robotizados: “Prez gorite, prez poliata, Pod zvezdite, nad zhitata” como cyborgs en misa demostrando un fanatismo que al menos yo no esperaba. Por supuesto fue obligación en el encore escuchar Seventeen y el himno cyber-punk Destroy Everything You Touch.