Adán Jodorowsky presume Mis grandes éxitos; “un disco de canciones francesas que me acompañaron en la infancia y adolescencia, aunque adaptadas al español”, según el propio cantante apunta en entrevista. “Obviamente el título es sarcástico, las canciones no son mías, pero me pareció interesante hacer un lazo entre México y Francia con un disco divertido, para pasarla bien”.

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¿Cómo se concibió Mis grandes éxitos?
La idea fue de los coproductores, The French Kiss, ellos insistieron. Yo hubiera preferido enfocarme en mi propia música, pero me dijeron que era una idea estupenda, que me divertiría mucho y que podría significar un descanso. Lo grabé en París y México, con músicos increíbles; aunque también me tomé un tiempo para encerrarme en casa y componer mucho.

¿Cómo fue el proceso de grabación?
The French Kiss me hizo una maqueta en Francia y cuando yo iba a París transformábamos cosas y grabábamos voces. Así hicimos todo el proceso de pre producción. Después, en mi estudio en México, grabamos con el baterista de Bandalos Chinos, un músico maravilloso; también tocó las guitarras Raoul Chichin, hijo de los Les Rita Mitsouko, de quienes hice dos covers. Todo se tocó con instrumentos vintage, el disco tiene ese sonido un retro, muy funk. Fue un proceso de disfrute, de peleas. Nos insultábamos y luego nos amábamos. Muchas emociones.

“El solitario amor” contrasta con el resto del disco.
Es una canción de Juliette Armanet, una cantante que la rompió en Francia recientemente, es un éxito francés actual. Le escribí a Juliette, una mujer muy amable, pero al inicio no me contestaba; insistí, accedió y al final le encantó mi versión. Lleva ya más de 3 millones de views, ha sido un éxito también.

¿Cómo fue la grabación del videoclip?
Lo hice con Tomás Terzano. Hablando de mi vida y trayectoria, se le ocurrió la idea del payaso triste y me pareció genial; pensé en Marcel Marceau. Lo hicimos en una sola toma, la tuvimos que repetir diez veces hasta que salió bien.

¿En qué pensaste para hacer la portada del disco?, ¿cómo surgió el vestirte así?
Llevo puesto un traje de Kyosuke Kunimoto, quien hace mis trajes sobre medida. Me inspiré en una foto de Bruce Springsteen que tiene un fondo azul, pero al final me salió una posición como de José José.

Durante años generaste personajes, ¿cómo evitas caer en la creación de uno nuevo?

En mi época de personajes tuvo qué ver mucho mi paternidad y cuando conocí a mi ex pareja. Estaba en un periodo muy fuerte, cambiando, dejando sombras. Ahora ya me siento mejor, la autenticidad llegó; pero todavía creo que me puedo disfrazar, sin ningún problema, porque me gusta; ahora estoy disfrazado, aunque me vista así todos los días, ¿sabes? Es necesario divertirse un poco.

Tu hermano Cristóbal aparece en el video de “Vértigo de amor”, ¿cómo y cuándo colaborar con la familia?
Me gusta ese concepto de colaborar en familia. Mis hermanos y mi padre son personas con valor seguro. Sé que no pueden fallar, es gente muy profesional, con mucho talento y una gran presencia actoral. Entonces no dudo. Algún día haré actuar a mi hijo, Alion. Recuerdo que en Ópera pánica, la obra de teatro de mi padre, todos los hermanos actuábamos juntos. Mi padre decía que era como un circo, una familia de circo.

 

¿En qué consiste producir la música de un tercero?
La producción tiene mucho qué ver con un sentimiento, más que con un concepto. Cuando produzco, si no siento en mi corazón la sensación de bienestar, de disfrutar, me parece que no funciona. Hago todo para llegar a ese sentimiento. Nunca pensé ser productor; empecé produciendo mis propios discos hasta que un día León Larregui llegó a mi casa y me dijo, “quiero hacer un disco”. Desde ahí la gente no ha parado de llamarme. He aprendido mucho, los artistas son extremadamente sensibles y hay que ser un terapeuta con ellos, manejar emociones e inseguridades. Hay muchos desacuerdos, pero cuando conectas y vas en el mismo camino es un paraíso. Así, me he dado cuenta de que hay que dejar el esnobismo de lado y estar abierto a nuevos horizontes.

¿Cómo visualizas el fracaso?

Es un aprendizaje. Quien fracasa y no saca frutos de ello tiene un ego gigante, sólo quiere el éxito cuando la realidad no es así. Cada fracaso es como el palo del maestro zen que te pega en el hombro, te saca de ti mismo y te enseña.