Carta Editorial

 

El gusto es subjetivo, es por esto que hacer periodismo musical es una tarea compleja y a momentos (aparentemente) imposible, más cuando la aspiración es crear, estrictamente hablando, periodismo. Aquí es donde comienza el tormento, y toda la claridad que se cree tener de pronto se ve sofocada por la mismísima cosa que te define: tu gusto.

¿Cómo disfrutar de la música laicamente? ¿Objetivamente? Fingiendo que ésta no se encuentra atada a la nostalgia, a la vida y oído de cada individuo, ¿cómo? Y si existe una respuesta, ¿por qué querríamos aplicarla? El riesgo, sin embargo, de no hacerlo o al menos de no intentarlo, es enorme. Si tiráramos la intención de objetividad o rigor por la ventana, lo perderíamos todo. Sin estas dos cosas no somos más que fans, melómanos compartiendo opiniones en una borrachera, hablando en términos ambiguos y prescindibles: “El disco ésta bien bueno”, “está equis”… Qué pena que esta clase de juicios se convirtieran en el discurso y parámetro de los medios, en artículos de 9000 caracteres sobre tal o cual banda… ¡El horror! ¡El horror!

Entonces, ¿qué demonios queda por hacer? Mes con mes intentamos seguir parámetros claros, equilibrar la subjetividad y voz de cada persona que presta sus palabras a nuestras páginas, con la intención de lograr ser una voz colectiva válida para recomendar o juzgar algo… Intentamos hablarte de lo que nos gusta, y argumentarlo hasta llegar a algo parecido al rigor. En esta edición que lleva por tema Kitsch, el gusto es la cuestión central, el verdadero eje a explorar.

Desde su significado original hasta todos los cambios que ha sufrido en su uso y aplicación, el término se rige en los terrenos subjetivos de valorar el arte. Qué es el buen gusto y qué no, es la pregunta que el kitsch siempre ha contestado, y al hacerlo cada vez se redefine a sí mismo; lo feo no puede permanecer feo, pero lo kitsch siempre será kitsch… aunque deje de ser feo.

En estas páginas orgánicamente se construyó una faceta predominante mexicana del tema, iniciando con los maeses de la cumbia nacional: Los Ángeles Azules, grupo legendario que nos ha propinado más de un baile a cada generación y cuyo género musical sufre lo que ha sido llamado como “aceptación masiva”, esto claro es una mentira, lo que habría de decirse es que empieza a gozar de la aceptación del nicho del rock. Sea como sea, hasta hace no tanto tiempo la cumbia era considerada como un género menor, hecho por y para las masas, música de bodas mas no para traer en tu iPod: kitsch. Ahora y como siempre ha sucedido y sucederá con todas las cosas, la cumbia se volvió “cool”. En el pasado Vive Latino, los Ángeles tomaron el escenario; meses antes al anunciarse su presentación, no faltaron las desconcertadas reacciones, haters gonna hate, right? ¿Acaso no son los Ángeles lo suficientemente latinos, como digamos Blur? O, ¿aún no son lo suficientemente cool? ¡Sepa!

Durante su set, el cual contó con más cameos que un episodio de Saturday Night Live (Camilo Lara portando en su playera la leyenda: “Dale a la cumbia una oportunidad”… en inglés… Jay de la Cueva, Ximena Sariñana,Centavrvs, y más –excepto Lili de Bomba Estéreo quién se quedó detrás del escenario esperando ser llamada por unos ángeles que de la emoción se olvidaron de su existencia–), la gente armó una colosal pista de baile, mientras otros optaron por irse y/o abuchear, así es esto del gusto… y de nuestro oficio. Marvin Nº 112 es el resultado de un proceso plagado de dudas, de definiciones que tan pronto se escriben, se cuestionan; es un ejercicio en el más delicado de los terrenos,  todo con una ligera capa de diamantina.

Es una revista de mal gusto y esperamos les guste.[m]

~Jimena Gómez Alarcón

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