TXT :: Luis Arce | Foto: Michael Bloom

The music’s coming through. Una entrevista con John Medeski

El jazz; la música; vamos, de una vez: el arte. Participan tanto de la inteligencia y la sensibilidad como del azar y la improvisación. Es una correspondencia casi necesaria, y también, más que nada: ineludible. El proceso no está encadenado a una simple distinción entre las partes que corresponden al ingenio y aquellas que provienen, se dice, de la inspiración. El hecho es que, aunque desafíe toda lógica, existen una serie de factores que condicionan la aparición de un acontecimiento y no hay, ni puede haber, una forma concreta de explicar cómo suceden “los grandes momentos de inspiración”.

Speak No Evil es el nombre que recibe el álbum más imprescindible en la discografía de Wayne Shorter. Producto catártico, momento cumbre de las relaciones entre azar e inteligencia, o asombrosa lucidez y reconocimiento del otro por parte de los músicos que integraron la sesión (Herbie Hancock en el piano, Freddie Hubbard, trompeta; el bajista con el mayor número de sesiones grabadas, Ron Carter y el legendario Elvin Jones); Speak No Evil es uno de los grandes de Blue Note Records. Está ahí arriba con los Moanin’, Somethin’ Else, Complete Communion y Unit Structures; ahí donde sólo hay grabaciones legendarias; sesiones que al ser revisadas transformaron a su escucha y lo devolvieron siendo otro. Speak No Evil hizo eso con John Medeski.

Al final ése es el espíritu del jazz: hacer música en un momento específico, de una forma específica, con las personas específicas”, comenta, de forma reservada, el pianista mejor conocido por formar parte del trío Medeski, Martin & Wood –también grandes favoritos de Blue Note. Medeski, no cree que ése sea en entero el espíritu del jazz, sino de toda la música, porque “… la música comunica algo sumamente distinto al lenguaje verbal. Es algo entre la idea y la emoción; sólo la música te habla y conecta contigo de esa manera”. Es indiscutiblemente una experiencia que nos transforma, así como es indiscutiblemente cierto que esta noción no puede reducirse a un estilo. Aun siendo un jazzista por formación y actividad, Medeski no habla de jazz sino de música.

medeski

La diferencia entre una composición y una improvisación es de matiz, nunca de raíz. En suma, son una y la misma cosa, se corresponden y suceden al mismo tiempo. «No diré que es [la improvisación] mejor que una composición fija o una canción hecha, pero creo que la improvisación sí ofrece algo que las demás formas de las música no pueden. Para mí es así, cuando toco solo, con tres o cinco o personas, trato de escuchar lo que está pasando y pienso “cómo puedo yo sumarle algo a esta experiencia”. Todos están escuchando a los demás, y tratando de aportar algo. Es sumamente valioso». Se trata, en su más puro sentido, del concepto más simple de comunidad: «El foco principal no está en ti, ni en lo que tú quieres hacer; el foco está en la música, en lo que está pasando, colectivamente, dentro de la música».

George Marsh fue un baterista de jazz mucho más más conocido por el discurso que Dj Shadow sampleó para “Building Steam with a Grain of Salt”. En él, la voz de Marsh nos guía por una apropiación muy honesta de la música: «And it’s like, it’s not really me that’s coming / The music’s coming through me / The music’s coming through me». Es lo que dice. Una afirmación tan extraña como la del poeta que se refiere a la vida como la fuerza que le transmite sus versos. Extraña, sin duda, pero de tan extraña, irrefutable. John Medeski ha colaborado con una cantidad tan grande de artistas que le resulta imposible recordar cuántas veces ha tenido esa sensación. Recuerda, sin embargo que tenía 14 años la primera vez que reconoció esa energía: «Era sólo una práctica, pero en ese momento entendí que a veces simplemente tienes que olvidarte de todo y entregarte a la música. Trato de mantener ese espíritu incluso en la forma en la que escucho, en la que miro a las estrellas. Es como mirar un pequeño árbol, y siempre tratar de encontrar una hoja nueva. Eso hace que tu música crezca, porque permites que la realidad siga fluyendo en ti».

medeski

FOT :: NoFm-Radio/Ray Marmolejo

Debe quedar claro: la música, como un gran momento, sólo ocurre. Se le puede pensar, se le puede corregir, se le puede convertir en una materia elaborada con los más diversos procesos del pensamiento, incluso se le puede producir bajo lógicas propias del posfordismo más brutal, pero lo cierto es que no somos capaces de discernir, cabalmente, qué la provoca.

John Medeski apura a resolver esta cuestión. Quizá la vitalidad dependa del instrumento, no importa si se trata de un clarinete bajo, una tornamesa o la voz. Un hombre que ha conocido su instrumento, ha conocido, también, sobre todo, su propio espíritu. «En cuanto a los instrumentos, sin duda los amo todos, pero si tuviera que escoger uno sería el piano –el Hammond vendría en segundo–. Pienso en los instrumentos como si fueran personas, es como “me agrada este tipo, o al menos me cae mejor que aquel otro tipo”. Cada uno es un pequeño mundo. Excepto el piano; ése es un mundo gigantesco, puedes tocarlo por horas. Encima de todo tienes que pasar toda la vida trabajando y practicando para poder dominarlo. Incluso si alcanzas un cierto nivel de maestría no podría decirse que lo domines, aún debes practicar. Yo empecé a tomar lecciones cuando tenía 5 años, ahora tengo 40 años más y creo que aún me falta bastante tramo para entenderlo».

El músico que está aprendiendo a tocar un instrumento se queda en el gerundio, estará siempre ahí, siendo el que aprende, siendo que el escucha, siendo el que toca, siendo nada más. Pienso, entonces, en ese joven Medeski, pienso en sus primeras lecciones, en si acaso gustaba de improvisar largas horas frente al piano, o si ejecutaba la misma búsqueda incierta que los guitarristas llaman “rasguear”. «El primer piano que tuve sigue en casa de mis padres (continúa el pianista de Louisville, Kentucky). Es un Story & Clark. Ése fue el primer piano que toqué. También recuerdo que mi primera maestra tenía dos pianos en su casa. Uno para los estudiantes y uno que sólo ella tocaba. Cuando dejó este planeta, me los heredó. Uno de ellos era un piano de cola, el primer piano de cola que toqué en la vida. El otro, el de los estudiantes, aquel piano con el que aprendí a tocar y tomé mis primeras lecciones ha estado de gira conmigo, lo he llevado varias veces. El piano que ella tocaba lo tengo en mi casa, en un estudio, a salvo».

John Medeski se presentó junto a Lee Ranaldo, Kenny Grohowski y Mike Rivard durante el marco del Festival Aural en la Ciudad de México. Su tarea: musicalizar la obra del cineasta George Méliès. El resultado, una gran presentación, plena de momentos de inspiración que no podríamos, ni pretendemos explicar aquí. Pero, tal vez, si lanzamos una aproximación más real y más sincera, este gran momento se debe a que la música «se crea en todos lados, donde sea que se quiera vivir esa esencia, donde el público tenga una mente muy abierta, habrá una energía muy bella, la energía que finalmente mueve a la música».

No more articles