#EnMisTiempos

Por Arturo J. Flores

Un día eres joven y al otro, te escapas del asilo para irte al Wacken Open Air. La noticia resultó falsa. Pero eso no evitó que algunos mordiéramos el anzuelo. Porque sonaba asquerosamente romántica. A cualquiera le gustaría ser el viejo que huyera de la casa de descanso para ir a un festival. Entre caballazos, sacudidas de cráneo y litros de cerveza, descubrir la fuente de la eterna juventud.

Resultó que no eran tan viejos. No habían cumplido ni siquiera 60. Sufrían de un leve desequilibrio mental que los obligó a desorientarse. Terminaron en Wacken sí, pero el pueblo y no el festival, durmiendo en una parada de autobús. Hasta que la policía los escoltó hasta donde los esperaban sus enfermeras. Los protagonistas de una de las historias virales de la semana ni siquiera eran fans de Judas Priest.

Un día eres joven y al otro, te burlas de los millennials que descubren el guacamole, los libros de Bukowski y la manera en que otras generaciones hacían tarea en los tiempos pre-Wikipedia. Un día eres joven y al otro día, descubres no sólo que no lo eres, sino que dejó de serlo incluso para la ropa que usabas, las películas que viste o la música que escuchabas. Descubres que Juan Son tenía muchos sin lanzar un disco, que Demi Lovato pasó de ser la niña que jugaba con Barney a construir sus propios dinosaurios morados a partir del abuso de drogas duras.

Un día eres joven y al otro, las masas dejan de adorar músicos de carne y hueso para arremolinarse a los pues de un holograma japonés llamado Miku Hatsune. Pasas de celebrar que existan festivales en México a darte cuenta que conoces personas que tienen la misma edad que los años de celebrarse el Vive Latino o el Corona Capital.

Un día eres joven y al otro, quizá descubres que dejaste de ser millennial. Cierto que lo serás hasta el día de tu muerte. Así vivas un siglo, si naciste en los primeros años de la década de los 80, la etiqueta te acompañará. ¿Pero que pasará cuando a los millennials les salgan canas –algunos ya pintan las primeras– les cueste agacharse para atar sus agujetas y tengan que ayudarse de un par de anteojos para distinguir las letras chiquitas del WhatsApp?

Un día eres joven y al otro, quizá el perreo haya pasado de moda. Frank Ocean es pretexto para sentir nostalgia y se piense que las Instagram Stories son más viejas que los códices mayas. Todo empieza con una primera cerveza, un Four Loko o una veladora de mezcal. Algo que antes te hacía lo que Syntek a Balvin de pronto te provoca un insoportable ardor en el esófago. Una jaqueca que te parte la nuca martillazos. Entonces viene lo irreversible. La despiadada erosión del tiempo. Te tocó ser bebé millennial y ahora cargarás con la responsabilidad histórica de ser un anciano millennial. Uno de los primeros.

No te espantes. Nos pasó a todos. Los Baby Boomers alguna vez fueron más baby que boomers. La Generación X no siempre fue chavorruca. Hubo un tiempo que en que pesó más la primera parte de la palabra.

Disfrútalo. Vive rápido, no te mueras joven y mejor sé un viejo con recuerdos hermosos.

Uno que, por ejemplo, se escape del asilo para escabullirse a las entrañas de un festival. No tienes que escuchar heavy metal si no te gusta. Tú bien podrías ser un encabezado del día después de mañana. Vengo del futuro a decirte que quizá te escapaste del asilo junto a tu BF para ir a escuchar a un vetusto Aphex Twin.