Ramón Amezcua, mejor conocido como Bostich, ha editado un par de producciones. La primera Bipih (Milovat/Discos Donovan) como solista; la segunda, Quetzalkrautl (en versión digital): una colaboración con Harald Grosskopf, uno de los pioneros del krautrock en Alemania. Aquí el extracto de la charla con una figura fundamental de la electrónica mexicana.

TXT:: David Cortés

¿Qué es Bipih, qué significa?

Me puse a experimentar con unos nuevos aparatos y con otros ya viejos que tengo en el estudio, pero que nunca había usado en ese contexto. No hay ritmos, son muchas texturas, muy pocas melodías. Bipih no tiene un significado en sí. Es un material que quería estuviera físicamente, porque en esta pandemia me pude reconectar con mis viniles y casetes y me dije: “Si cuando ves a un disco te remonta a una fecha y lo que estaba pasando entonces, cuando pasen unos diez años, ¿qué es lo que te va a recordar esta pandemia de ti?”. Por eso quise hacer algo físico y salió en casete y CD.

Bipih es muy inmersivo, por momentos oscuro y denso. ¿Fue un homenaje a quienes trazaron los caminos del ambient a fines de los setenta?

Como melómano y antes de haber entrado en la música, era muy clavado en la música electrónica, de hecho fue en los años ochenta que la conocí en sus inicios: Ligeti, Luciano Berio, Stockhausen. En ese tiempo estaba muy influenciado por lo ochentero, la música industrial y todo este rollo. Bipih tiene mucho que ver con esas influencias, un poco experimental, ambiental y hasta algo de Brian Eno; quería utilizar esos aparatos a los que se les encontró sonido en el techno, pero que no tuvieran ese sonido y ubicarlos en el contexto de la música ambiental.

Quetzalkrautl es una colaboración con Harald Grosskopf. El encuentro de dos músicos legendarios, pero de diferentes épocas. ¿Cómo surgió?

Este disco tuvo que ver con nuestro espíritu y cómo empezaron nuestras carreras como músicos. En un grupo de Facebook de sintetizadores, en este confinamiento comencé a subir videos que hacía con mis cajas de ritmos y sintetizadores y notaba que le ponían likes a los videos y en uno de ellos Grosskopf me mandó un mensaje y me dijo que le había gustado, que si se lo podía mandar para hacer algo con él. Me fui para atrás, me emocioné muchísimo. Le envié la música y a los tres-cuatro días, me mandó la colaboración. Me gustó que no supiera de mí, ni de Nortec, eso nos ayudó a que no hubiera prejuicios. Le dije que me había gustado mucho y le mandé otra pieza y todo empezó fluyendo muy rápido. Así es como cada una de las piezas de Quetzalkrautl tiene un lado muy marcado de Harald y uno mío. Este disco fue un balance muy auténtico de lo que él es en su música y por mi parte quise hacer un tributo a la influencia que recibí de esa generación.

En el boletín que promociona esta obra se menciona que aparecen ecos de la música mexicana y sinceramente no se me hicieron muy evidentes ni notorios.

Tienes mucha razón, porque lo único mexicano de ese disco soy yo, no se quiso hacer un disco que tuviera sonidos étnicos, ni nada que fuera obvio. Aquí la conexión que quisimos proyectar fue la de la música electrónica. Harald como pionero y pilar del krautrock; yo como una persona de México que la absorbió y trató de proyectarla a través de esa colaboración. Ese fue el aporte mexicano, pero no con sonidos mexicanos, sino como músico electrónico.

Es muy atractivo el diseño, pero esa águila que aparece en la portada, tiene una connotación muy fuerte con el nazismo.

Sí, tienes mucha razón, pero no se puso de forma aleatoria. Harald estuvo de acuerdo, dijo: “La imagen es muy fuerte, pero también es importante que se dé a conocer que esa águila desafortunadamente fue utilizada para fines malignos, pero se trata de un símbolo alemán que tiene mucha más historia y con intenciones diferentes”. Se trató de usar la cabeza de una serpiente emplumada y aparte hay unos botones, como circuitos electrónicos, unas knobs. Obviamente si hubiéramos tenido prejuicios no lo hubiéramos hecho, pero es importante que se conozca el pasado de una Alemania que no fue únicamente nazista.

Hiciste un remix para la edición en CD del álbum de Silueta Pálida y además has trabajado en la musicalización de películas.

Soy súper fan de Silueta Pálida y en lo de la musicalización… Cuando Pepe [Mogt] y yo tomamos un proyecto, siempre procuramos que nos deje algo de aprendizaje. Se nos invitó a musicalizar una película alemana que se llama Museo de cera (1926) y eso surgió porque hemos estado musicalizando dos cintas mexicanas (Tren fantasma y Puño de hierro) que son muy interesantes porque están adelantadas a su tiempo. Ya terminamos esto, saldrá en casete, lo presentaremos el 22 de agosto en Monterrey y tal vez en octubre en CDMX.

Hora de concluir, pero antes, Ramón Amezcua da la primicia: en octubre aparecerá un disco de reworks de Bipih hecho por mujeres “electrónicas”: Leslie García (como Microhm), Concepción Huerta, Sabine Covarrubias y Malitzin Cortés, entre otras.