TXT: Aldo Mejía
FOT: Arturo Lara

Hacia el final del hermoso día que enmarcó la décima edición del Nrmal, no puedo dejar de pensar en lo mucho que ha crecido, cambiado y mejorado el festival. Sin embargo, da tiempo para pensar aunque sea un momento: ¿Quién era cuando estuve aquí mismo hace un año?

Que me perdonen las primeras bandas pero no me da el cuerpo para llegar temprano y someterme al sol y su calor un par de horas más. No estaba dispuesto a llegar a los actos estelares con el ánimo mermado. Sé que me perdí de algo digno de escuchar. Pero como buen invitado, sé a qué hora llegar: puntual para ver a Mint Field.

Veinticuatro horas después de estrenar un nuevo ep, se subieron al escenario negro para repasar algunas canciones de sus primeros materiales y tocar un par más de su reciente producción. Detrás de ellas el sol se recostaba, como usando de cabecera el propio escenario y colando algunos de sus rayos detrás de la banda.

Mint Field en Nrmal X
Mint Field en Nrmal X
Mint Field en Nrmal X

Como era de esperarse, el humo de la mota y los cigarros entibiaba el olfato; para balancear, estaba el frescor de los enormes vasos rebosantes de cerveza, en su mayoría. Coincido con un amigo: era como estar en casa. Algo de comer y a armar el primer gallo del día, que a veces canta a media tarde.

Quienes se han dado la oportunidad de ir, saben que el acomodo no permite entregarse a una emoción por completo, ni al baile ni a la completa melancolía. Luego de un enérgico acto por parte de Golden Dawn Arkestra, en el que reinó el baile, vino Rubio a bajar las pulsaciones con un pop alternativo, si es que acaso eso existe. Durante todo su turno tuve la ligera sensación de haberla escuchado antes, pero no supe reconocer en dónde.

Golden Dawn Arkestra en Nrmal X
Golden Dawn Arkestra en Nrmal X
Rubio en Nrmal X
Rubio en Nrmal X 

Ya me acordé qué versión de mí vino el año pasado. Una que escribía más de política que de música; una que sentía la emoción del incipiente amor; que se desbordaba de alegría por ver a Mac Demarco. A veces extraño esa versión de lo que fui, de quien pude ser, pero no vale la pena sumergirse en la absorta melancolía.

Inhalo y exhalo muy lento. Me tranquilizo.

Oscurece el cielo y sube al escenario Beak> su cuarto disco >>> (2018) es el pretexto de una primera visita a nuestro país y aquello es una locura. Van y vienen los instrumentos, los ritmos. Pero también les calza el buen humor. Y hacen un sampleo de uno de los audios más mexicanos que pueden existir: Se compran, colchones, lavadoras, y fierro viejo que…

Se hacen burla Geoff Barrow, Billy Fuller y Will Young porque dos son de Bristol y el otro de Londres. Y vuelven a soltar el sampleo mexicano. Las risas provocan que cerremos la boca, abierta por la impresión de aquel sonido, de aquel acto.

Esas canciones tienen meses de haber salido y parecen llevar toda una vida fuera. Parecen haber sido concebidas maduras y listas para enloquecer al que se deje. Vibran las cuerdas y los platillos, las notas del set de teclado se niegan a quedarse detrás.

Beak en Nrmal X
Beak en Nrmal X
Beak en Nrmal X

Planeaba ir por algo de comer para empezar a aterrizar, pero Frank Bretschneider se subió como un terrorista auditivo y, en contraste con Beak>, aquello iba a un ritmo desmedido. Además, acompañado de unas secuencias visuales en blanco y negro que parecían tratar de seguirle el paso presurosos.

Un hombre inamovible detrás de su computadora que asestaba golpe tras golpe. Ignoro el nombre de los tracks, pero aquello fue una verdadera sorpresa. A algunos ya inundaba la desazón del conocer que John Maus había cancelado su participación, pero otros se entregaron al frenético baile y no se habló del tema.

Frank Bretschneider en Nrmal X

Entonces sí me obligué a ir por algo para aterrizar como diosito manda en un Nrmal: con un par de crepas y un café para el ligero frío.

Y de nuevo bajar el ritmo con el mágico concierto de Spiritualized. No voy a mentir y a decir que era fan desde hace tiempo, lo revisité en cuanto vi su nombre en el cartel y de nuevo, fue una sorpresa agradable respirar el aire fresco mientras sonaba una desoladora versión de So Long You Pretty Thing.

Ustedes disculparán en sentimentalismo, pero –sea cual sea la versión de quien escribe esto- anda por ahí con el corazón melancólico.

Spiritualized en Nrmal X
Spiritualized en Nrmal X

Y de nuevo, no hay tiempo de lloriquear. De repente ya está Gang Gang Dance en el otro escenario y le vale madres que uno esté bajoneado y te secuestran con su ritmo. Te hacen moverte sí o sí. También llevan a cuestas un disco reciente, pero en su repertorio sólo incluyeron las que exorcizan del pudor de bailar entre desconocidos.

Gang Gang Dance en Nrmal X
Gang Gang Dance en Nrmal X

Y otra vez, va para abajo.

Mazzy Star se escuda en un par de luces de neón que cuelgan del escenario y se mueven apenas para respirar. No se les ven los rostros y prohíben las fotos para concentrar la atención en lo que se escucha. Podía haber un grupo de maniquíes ahí y nadie notaría la diferencia. Es sólo cuando un par de fallas nos demuestran que son humanos. Que no todo es perfecto, pero no deja de ser bello.

Entre el público sólo se perciben las incómodas conversaciones de quienes vinieron a pasar el rato con música de fondo a un volumen muy alto. O de a quienes ya les explotó el ácido y no pueden parar de hablar.

Nadie canta. Es hasta ahora que me doy cuenta que no hay coros pegajosos ni versos, nadie canta. Se tienen que conformar con ser espectadores exclusivamente. Vaya, que ni aplausos hay. Mazzy Star sólo arranca algunos aullidos cuando se distingue Fade Into You.

Mazzy Star en Nrmal X
Mazzy Star en Nrmal X

Va de nuevo, en estrepitosa subida. Death Grips se planta en el escenario para tomar el último turno, hacen algunos ruidos y salen. Al cabo de unos minutos, nos tienen saltando y deslumbrados. Atrás de ellos brilla la pantalla en un blanco que no ha de apagarse durante toda su presentación.

Es como una dualidad si se le compara con Mazzy Star. Al trío conformado por MC Ride, Zach Hill y Andy Morin también los despoja de su identidad la iluminación. Desde la multitud del público, no se distingue sus rostros. Una cosa es segura: van sin playera.

Pero eso sí, no dejan de moverse. Se escucha atronadora la batería mientras la programación desgarra el interior de las canciones. Y alguna voz medio agradece que no hayan cancelado como hicieran en múltiples ocasiones.

Una producción lo da todo para que las fallas sean mínimas. Un público que se deja llevar por todas las actividades y se entrega al baile o la contemplación. Una serie de grupos que debutan en nuestro país y se ve lejano un regreso. Cuánto cabe en un día cualquiera si es de Nrmal.

Qué raro pensar en que esto nació en Monterrey y que, al menos en fotos, lucía de lo más DIY. Qué ganas de pensar que aquí vamos a estar el próximo año y el festival nos va a encontrar en mejor forma. Porque nadie bebe dos veces del mismo Nrmal.

Feliz X aniversario, Nrmal.

Nrmal X aniversario
Nrmal X aniversario