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¡C. Tangana en la Marvin 192: Bienvenidos al tiempo de híbridos!

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Marvin presenta su número 192 con C. Tangana en la portada. Porque fuimos de los primeros que creyeron en él y porque refrendamos la importancia de su obra más reciente, El madrileño, como una pieza ejemplar para comprender el sofisticado grado de hibridación que la música pop es capaz de alcanzar en las manos adecuadas. Alrededor de Antón Álvarez, concentramos a un puñado de artistas que al igual que el de “Demasiadas mujeres” entiende que en los tiempos que corren los prejuicios sobran y que generar injertos estéticos resulta básico si lo que se busca es andar por los caminos del riesgo.

Abrimos hablando de Mike Flanagan, quien ha creado una serie “inquietante, profunda, dirigida con una precisión de relojero”. Según Carlos A. Ramírez, Misa de medianoche está “repleta de referencias literarias y cinematográficas que van de Juan Rulfo y William Friedkin a Luis Buñuel y Jeepers creepers; así como de metáforas religiosas y diálogos brillantes de principio a fin”. La invitación está abierta; a leer el texto que aborda esta obra de Flanagan.

La australiana Courtney Barnett viene de hacer un álbum edificante, Things take time, take time. Una colección de canciones que la misma autora deshebra ante las preguntas que Aldo Mejía le aplica a larga distancia. “Yo tengo una relación muy cambiante con mis canciones porque, sí, son memorias, momentos y emociones a los cuales no les ha pasado el tiempo en vano”, comenta Courtney en determinado instante. Sentimientos y compases sin una manecilla rondando (más que la del metrónomo), ciertamente.

Axel Catalán es de Morelia, pero sabe cómo acaricia la CDMX. El tipo ha pasado de llenar antros en su tierra natal a arrojarse a la aventura, yéndose de gira por todo el país. El músico tiene un talento especial para hacer canciones y el disco que está por lanzar, y del cual habla a fondo en entrevista con Alejandro González Castillo, lo certifica; un trabajo forjado con porros y cerveza en un cerro de Tepozltán, habría que resaltar.

Por su parte, Joshua Hayward, líder vocal de The Horrors, se descose ante Marco Patiño hablando de Robert Fripp con la misma soltura que de Ministry y Throbbing Gristle. Con su banda, el inglés trae un nuevo plato que presume con gusto: Against the blade. “El camino difícil nos emociona. Disfrutamos poner límites constantemente; si alguien no conecta, supongo que deberá esperar al siguiente disco”, explica Hayward. Una charla reveladora la guiada por Patiño.

Los Pao Paos son un pandilla compuesta por amigos que se juntan a hacer lo que les place los fines de semana. Es decir, música. “Al mismo tiempo que poseemos esa vena punk, garage y tropical, tenemos muy claro que hacemos algo pop, algo bailable. Pop en el sentido de Velvet Underground… Andy Warhol… Algo simple, pero contundente. Algo a lo que no le sobra nada”: así describe Aarón Bautista el perfil sónico del combo que al lado de Brandon Welchez (Crocodiles) fundó recientemente. La entrevista la firma Antonio Moreno.

El cuarteto escocés Travis es un clásico del pop mundial. A estas alturas su legado se antoja indiscutible y su segundo álbum, The invisible band (¡editado ya hace veinte años!), sigue sorprendiendo debido a su descarnado candor. El vocalista del combo abrió las puertas de su casa para Alejandro González Castillo, y mostró sus dotes como carpintero para luego soltar algunas verdades sobre Tame Impala, Paul McCartney y Nigel Godrich. Revisitar el pasado con tal de derrumbar mitos, concretar certezas; una actividad bienvenida siempre por Marvin.

 

Metronomy acaba de grabar un álbum que, según Jacobo Vázquez, significa un back to basics para Joseph Mount y los suyos. Así, Vázquez se va al fondo de los surcos de Small world en la charla que sostiene con el líder de la banda de Devon, Inglaterra. Además, entre preguntas y respuestas, jamás se eluden las referencias a los Beatles, la pandemia y a algo muy especial: lo fundamental que resulta la nostalgia a la hora de empuñar la pluma y hacer canciones.

Hacía falta un texto como el que ocupa las páginas centrales de ésta, la Marvin 192 (por no hablar de las fotazas que lo acompañan), donde se desmenuzaran los alcances estéticos de una obra como El madrileño. Con referentes calificados y certificados, apuntes ciertos y perspectiva histórica, Juan Carlos Hidalgo camina con sus palabras no sólo a lo largo de un plato visionario, sino que revisa paso a paso la carrera de C. Tangana. ¿Quién dijo que en México no se hacían piezas periodísticas, a nivel musical, de alto calado?

 

El mismo Juan Carlos Hidalgo es melómano y futbolero. A saber en cuál orden de importancia. Y nos ofrece su perspectiva sobre lo que ocurre en la cancha y en el escenario, lo que se comunica con guitarras y a patadas. Tomando como arranque un incidente ocurrido en 1995, en Inglaterra, protagonizado por Éric Cantona (entonces volcánico jugador de los Diablos Rojos) mientras jugaban el Manchester United contra Crystal Palace, Hidalgo sin miramientos compara el escenario de un festival con el césped de un estadio, la tarima de un miserable antrillo con banda en vivo ante el lodazal del llano futbolero. Hooligans al slam: futbol y rock.

 

En su carril, Paul Medrano se ensucia las manos con incorrección política hablando de la polémica desatada entre Adele y Spotify: la primera luchó hasta eliminar la opción de aleatorio para sus discos en esa plataforma y, quizá sin querer, ayudó a que resurgiera la posibilidad de revivir algo que parecía condenado a la extinción: escuchar un disco de pe a pa. Se pregunta Medrano: “¿Ganó Adele? ¿Perdió el cliente? Eso depende desde dónde se mire. La secuencia de los temas en un disco es similar al orden de los elementos y tonalidades en una pintura. Están ahí por una razón artística del autor”.

Ante el efecto de isla que traen consigo los tiempos que corren, el sentir que todavía puede generarse algún tipo de comunidad es reconfortante. Así, una vez más se manifiestan las canciones, la música como una pasión que da sentido a otras muchas cosas. Radiolaria (Editorial Gato Blanco) es un libro que refleja la devoción que Luis Carrillo tiene por ellas, las canciones. Y es que 240 temas no son cualquier cosa para alguien obsesionado con husmear en las entrañas de las anécdotas, conectar datos y personajes para apuntalar su propia narrativa. Obvio, tenemos entrevista con Carrillo. Las preguntas las dispara Juan Carlos Hidalgo.

 

El Multiforo Cultural Alicia está por cumplir 26 años de historia y se aproxima a la fecha preguntándose seriamente cuál será su futuro. El horizonte no luce del todo luminoso para el espacio que, según su portavoz oficial, Ignacio Pineda, ha sufrido de todo, especialmente del acoso por parte de la autoridades. La situación se asoma complicada, según lo cuenta David Cortés, quien se entrevista con el propio Pineda justo allí, en el sitio donde varias de las manifestaciones musicales más interesantes de los últimos tiempos han tenido lugar.

J. M. Servín recuerda el día en que, acompañado de su madre y hermanos, hizo su primer viaje en metro. Habla específicamente de su arribo a la estación Insurgentes, en una época imposible en la que los usuarios del transporte subterráneo capitalino eran recibidos por cadetes del Colegio Militar que custodiaban los vagones, además de elegantes policías que orientaban a los pocos pasajeros sobre cómo abordar. “Nos sentamos en los asientos azules acojinados e iniciamos un plácido viaje, en cada estación nos recibía otra guardia de cadetes y policías”, ahonda Servín. Vaya viaje.

Hunter S. Thompson configuró, tal como lo apunta Eduardo H. G., “una voz crítica desde la irrupción de los ideales hippies y las drogas como camino de iluminación a partir de la posguerra, su posterior bajón ideológico y la fiesta loca de los ochenta, hasta la inauguración del Siglo XXI con la caída de las Torres Gemelas en 2001, trauma que fungió como el disparo oficial para el ascenso del Capitalismo de Vigilancia, con el advenimiento de la hiper digitalización como paradigma posmoderno”. La revisión de la obra de Thompson desde la pluma de Eduardo se asoma sagaz.

Wes Anderson construyó en el filme The french dispatch “una serie de estructuras que hacen referencia a las grandes revistas de periodismo, crónica e ilustración del siglo pasado; por supuesto, no deja de lado a la historieta. Lo que vemos de entrada es un relato sobre la vida imaginaria de una revista en el Kansas City de los años 60, aunque en realidad lo que Anderson muestra es una reflexión sobre la perdida de cultura y pensamiento en los Estados Unidos”. Óscar G. Hernández habla así de la más reciente obra del cineasta texano y encuentra como ésta sostiene una relación directa con el mundo del cómic.

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