El boxeo es una celebración de la religión perdida de la masculinidad, escribe Joyce Carol Oates en Del boxeo (1987), acudimos a esa religiosidad boxística para entablar una conversación con el escritor, editor y catedrático Rodrigo Márquez Tizano, guionista de la cinta Bayoneta, autor también de la novela Yakarta, que recién se vertió al ingles por la editorial Coffee House Press, con una traducción a cargo de Thomas Bunstead.

TXT:: Mixár López

En la película Bayoneta (2018), de Kyzza Terrazas, el boxeador tijuanense Miguel “Bayoneta” Galíndez, interpretado por Luis Gerardo Méndez, se muda a Finlandia después de retirarse. Mientras se divide entre dar clases de boxeo y beber en los bares, se enfrenta a su pasado e intenta regresar a los cuadriláteros en busca de la redención.

Yakarta se presentó en Nueva York, en la librería independiente McNally Jackson del Soho (52 Prince St), a las 19:30. Acompañaron al lector el editor de Sexto Piso, Diego Rabasa y el escritor argentino Sergio Chejfec.

Aquí la charla sobre el único dogma que importa: El boxeo… ese abismo de grises.

“Hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear”, Roberto Bolaño / Los Detectives Salvajes

¿Cuáles momentos son los que prefiere Rodrigo Márquez Tizano?

Dudo que Bolaño haya tirado un golpe en su vida. Quizá me equivoco pero no tenía mucha pinta de fajador, ¿no? Aunque uno nunca sabe, igual era una fiera detrás de esos anteojitos. Míralo a Niccolino Loche, por ejemplo, con ese look de kiosquero buena gente, flaquito, pelado, te lo encuentras por la calle vestido de paisano y no te pasa por el bocho que te convida cloroformo nomás con la mirada. Para mí es una frase medio obvia. ¿Quién la dice? ¡El poeta adolescente medio bobo de la primera parte! Ahí tienes a Ali, que picaba como avispa y recitaba como mariposa. Dirás que Ali era un fenómeno, y sí, es cierto, pero ya nomás con lo que hacía encima del ring te da para la secuela de la Ilíada. ¿Finito? ¿Sugar Ray Leonard? ¿Roy Jones jr.? Pura poesía. Y esos son los estilistas, los líricos. ¡Imagínate a un Sonny Liston como poeta de la experiencia o a Durán entre los concretos! Yo pienso en la poesía a la manera de Brodsky, como una aproximación a la realidad y una idea del mundo, de la vida, no como una producción tipográfica.

“El boxeo y la lucha libre no son formas naturales de combate, […], sino formas naturales de los gallitos para lucirse, creadas por y para que los hombres exhiban dos atributos únicamente masculinos: la contundencia y la fuerza del torso.” Christopher McDougall / Nacidos para ser héroes 

¿Es el boxeo, como dice Manuel Alcalá, una “práctica” que no se juega, y por ende, no puede llamarse deporte?: “nadie dice voy a jugar al boxeo, como se juega al golf o al futbol”

McDougall es un buen contador de historias pero lamentablemente se ha creído que esas anécdotas suyas del tipo ‘Un hombre llamado caballo’ lo convierten en autoridad científica y moral. Peor: ves a gente corriendo descalza por ahí después de haber leído sus libros, convencida de que eso es lo “natural” y de que “así” es como deben hacerse las cosas, la única forma. ¿En qué deporte reglamentado hay movimientos “naturales”, lo que quiera decir con ello? Las reglas del Marqués de Queensbury se implementaron para hacer del boxeo un espectáculo y, al mismo tiempo, un deporte. Para cuidar al peleador y para exprimirle todo el jugo posible. Puedes verlo de las dos formas, aunque yo me decantaría por una mezcla de ambas. El boxeo, creo, es un abismo de grises. Ahora, invitaría a McDougall a mirar un combate de Cecilia Braekhus. Igual deja de pensar esa tontería machistoide de que la contundencia es un atributo masculino.

Pude escuchar tu voz en la película Bayoneta, con un portentoso guión de tu autoría. ¿De quién fue la idea de incluir tu voz en off como el cronista de peleas de box?

De Kyzza. Cuando arranqué a escribir trabajé cubriendo peleas de box para periódicos y revistas pero nunca me tocó narrar un combate. Hice radio de joven, pero era de corte musical, así que era una espinita clavada. Me cumplieron el sueño los productores. De chico admiraba mucho a Sonny Alarcón, su cadencia para narrar, su extenso conocimiento, las justas pausas que hacía para transmitir la tensión del combate a su auditorio. Nada que ver con los gritones de ahora. Quise darle ese tono asolerado aunque dudo que lo haya conseguido. De hecho, el día de la filmación estaba ahí, narrando en vivo desde ringside, trajeando y con el bigotito recortado a lo Sonny como una especie de tributo personal, pero mi caripela no pasó el tajo de la edición y quedó nomás la voz al final

¿Cuál es tu opinión del epílogo de Eduardo Lamazón al libro La gloria también golpea. De la Hoya–Chávez (La dulce ciencia, 2015), de Alejandro Toledo?

Don Lama se las sabe todas, conoce de boxeo como pocos y es un lector entusiasta. Me parece que da en el clavo en varios puntos y brinda contexto a la crónica de Alejandro, que es buenísima. A ese texto le tengo mucho cariño. Formó parte de la primera hornada de libros editados por La Dulce Ciencia, una editorial especializada en boxeo que fundé con Mauricio Salvador, Rodrigo Castillo y Juanjo Güitrón. Lamentablemente lleva un tiempo parada, pero si Foreman volvió…

¿Marcellus Clay o Muhammad Ali?

Ali, siempre. Pregúntales a Ernie Terrell o a Ringo cómo les fue cuando se “confundieron” de nombre.

¿Pensabas en algún boxeador en específico cuando le dabas forma a Miguel “Bayoneta” Galíndez?

La génesis de Bayoneta está en una historia que nos contó un día Ramoncito Euroza, excampeón continental del CMB, sobre la época en la que hizo de sparring en Dinamarca. Ramón sufría con el clima, no sabía una palabra de danés y sólo podía comunicarse a señas con un vendedor de pan, entonces su dieta se basaba en harinas. ¡Engordó no sé cuántos kilos y lo ponían a recibir tundas de mastodontes! Esta historia la contaba entre risotadas pero a mí siempre me pareció muy triste la imagen de él allá completamente solo, sin hablar con nadie, aterido del frío. Ese fue el disparador. Luego nos pusimos a darle volumen a la huida, a pensar en el fantasma que acecha al personaje. Fíjate cómo son las cosas, al final Ramón fue quien entrenó a Luis Gerardo para las escenas de boxeo y hasta hizo un cameo en la peli como el second del “Tremendo” Duarte.

Existe el referente en México de Alberto Dávila, quien mató a su contrincante, el tapatío Francisco “Kiko” Bejines…

A ver, a nivel simbólico el nocaut es una muerte, una “caída fuera del tiempo”. Lo terrible es que en el boxeo la muerte no es sólo una representación sino que muchas veces termina por ser algo muy real. Apenas el mes pasado falleció Patrick Day, en Chicago, por ejemplo. Ha habido muchas muertes en la historia del pugilismo, algunas accidentales, otras por negligencia o corrupción. El miedo en el boxeo es motor y a la vez freno. Tiene cuerpo y peso. Miedo no sólo a morir allá arriba, sino a quedar zumbado. ¿Sabes cuántos miles quedan en el camino hechos trizas por cada uno que llega a campeón? ¿Y si saben esto por qué siguen boxeando? ¿Por qué los seguimos viendo boxear? Es una tragedia, el boxeo y la muerte es algo con lo que aprenden a convivir los peleadores cuando están allá arriba, incluso si deciden no pensar en ello. 

¿Recuerdas también aquella pelea de Emile Griffith contra “Benny Kid”, que terminó en un trágico final?

Sí, conozco la historia por esa gran autobiografía de Griffith, Ring of Fire, del cual, si no me equivoco, también hicieron una peli. Según Griffith, Peret se ensañó con él por ser homosexual y el gringo se desquitó en el ring. Quién sabe. El único hombre que podría confirmar esa declaración está muerto. Al hijo de Peret lo conocí hace unos años, en Nueva York, buen tipo. Otra historia es la de Ultiminio Ramos, quien falleció hace poco. Sugar tuvo el mal sino de matar a dos hombres sobre el encordado: José Blanco, en el Palacio de los Deportes de La Habana, y Davey Moore, en el Chávez Ravine de Los Ángeles. En las entrevistas decía siempre que no había día que no se le aparecieran. Y fueron muertes accidentales. Ahora, imagínate la agonía que debe ser cargar con la muerte no accidental de otro ser humano… 

¿La literatura es boxeo?

No. De ninguna manera. Hay metáforas pedorras al respecto y escritores muy casposos a los que les encanta creer que aporrear un teclado es lo mismo que tundirse con alguien más, pero no, chicos, lo siento.

¿Recuerdas que Budd Schulberg le propuso a Rocky Marciano crear una organización llamada “Fighters and Writers”, pero que nunca se materializó?

No lo recuerdo, pero Schulberg, además de haber sido un pedazo de escritor, estuvo siempre metido en el boxeo. Metido de verdad, no haciéndose el poronga. Incluso fue manager de Archie McBride y lo llevó a enfrentar a Floyd Patterson en el Garden. La anécdota cuenta que un día, durante el campamento de preparación para el combate contra Patterson, el sparring no llegaba y Schulberg se subió a guantear con McBride. El escritor acabó presentando su último libro en Filadelfia, al día siguiente, con la nariz rota.

Entre Arthur Conan Doyle, Jack London o Lord Byron, cuál consideras que es el autor que mayormente define el coraje y la añoranza del pugilista?

Joyce Carol Oates. Esa sí que tiene unos ovarios del tamaño de Firpo.

Se dice que el alce, en diversas culturas, puede ser nuestro guía espiritual que nos enseña lecciones importantes sobre la vida. El alce es símbolo de aguante, fuerza y resistencia. ¿Qué evoca dentro de la película Bayoneta?

Es curioso, Kyzza pensaba eso mismo y yo lo veía más como una materialización de la culpa. Al final quisimos mantenerlo en la opacidad porque puede significar ambas cosas (y otras tantas) en distintas partes de la película. Precisamente en ese recorrido se cifra la curva de Galíndez como personaje.

¿El tributo a Chalino Sánchez estaba inicialmente dentro del guión?

Sí, desde el principio. La escena estuvo desde el primer draft. Chalino es puro box del bueno. Costó hacerse con los derechos de la rola, pero al final quedó.