Ricos jugos es un espacio, ubicado en la ciudad de Guadalajara, que ofrece una colorida y deliciosa oferta en sus productos: jugos de frutas y fanzines. Ante el imperio de las tiendas de autoservicio y la limitada oferta de espacios para el intercambio artístico y cultural, Ricos jugos se presenta como un lugar en el que conviven, de manera feliz y afortunada, las frutas con los fanzines.

TXT:Carolina González Alvarado

Este espacio se escapa de las dinámicas institucionales y las políticas del mercado del arte, para dar la bienvenida a publicaciones independientes y autogestivas. Sus estanterías son anaqueles de exposición para la venta de obras coloridas y diversas que atenúan el deseo de encontrar argumentos arriesgados y divertidos. Ricos jugos apuesta por recuperar la materialidad de la publicación y promueve el fanzine como el medio más flexible y versátil para compartir narraciones que bien pueden hablar de los sueños, jugar con las imágenes o trazar las calles de una ciudad imaginaria. Los autores de estas publicaciones forman parte de la escena nacional e internacional permitiendo así que la oferta creativa sea igual de rica y enriquecedora que las frutas que componen sus jugos.

Paulatinamente, este lugar se ha convertido también una zona para el intercambio de dibujos, pequeños objetos curiosos y, sobre todo, de encuentros. Pues Ricos jugos da la bienvenida a todo aquel que apetezca sentarse a su mesa a dibujar, mientras bebe una brillante y frutal mezcla de colores y esté dispuesto a compartir y elevar ese bello edificio que construyen dos personas que se están conociendo.

En el intrincado trazo de la historia de la cultura, podemos ubicar lugares concretos que permitieron el diálogo y se convirtieron en un refugio para creadores, voces emancipadas y aquellos que, por su extraño encanto, no encontraban su lugar entre los restaurantes o salones más populares. El Café Guerbois, por ejemplo, en el barrio de Montmartre, a finales del siglo XIX, fue uno de los sitios de reunión de los impresionistas y sus paredes, fueron los testigos silenciosos de pictóricas conversaciones rodeadas por el aroma a café y tabaco. Asimismo, Agostina Segatori, dueña del Café Tambourin, sería retratada por Vincent Van Gogh, y, sentada a la mesa de este recinto parisino, ella sonreiría de manera discreta a sus clientes, mientras sus manos descansarían sobre sus brazos, rodeados por la bruma de un siglo caracterizado por profundas revoluciones.

Cafeterías, terrazas, tabernas a medio iluminar y discretos locales urbanos, serían los centros de reunión para escritores, artistas y espíritus errantes que encontraban a los suyos en las afueras, en la periferia. Espacios como estos han sido necesarios a lo largo de la historia, ya sea para organizar rebeliones, transformar el pensamiento y expandir los límites de lo posible, estos lugares se han convertido en santuarios donde lo extraño y lo heterogéneo encuentra a los suyos, a esos otros seres que hablan el mismo lenguaje y están dispuestos a habitar el mundo de manera distinta.

Ricos jugos es uno de estos lugares, un sitio donde la narrativa dibujada experimental puede ser encontrada, donde el gozo se haya en la acidez de una naranja, en el print más irónico o en el pin más nostálgico, un lugar donde las sonrisas visten playeras increíbles y los perritos son bien recibidos.