JónsiShiver

“Pocas veces pensamos en lo que tenemos,
pero siempre en lo que nos falta”.
Schopenhauer

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Me sorprenden mucho las declaraciones que el islandés, radicado en Los Ángeles, hizo al diario británico The Guardian, y en las que contaba que algunos de los temas de su segundo disco solista tenían 20 años de haber sido compuestos; en modo alguno delatan tanta antigüedad y, en sentido contrario, se sienten absolutamente vinculadas con el presente.

Y no es que Jónsi haya renegado de su esencia –tiene un marcado sello de autor-, pero ha explorado otras posibilidades creativas sin abandonar esa parte sutil y volátil que le caracteriza. Ciertos elementos permanecen, pero las novedades son ciertamente notables, ya que llevan consigo mayor intensidad o un incremento de la velocidad rítmica.

La gran decisión en torno al disco ha sido la elección del productor: A.G. Cook, cuya notoriedad proviene de su colaboración con Charli XCX; todo haría entrever un cruce de estéticas divergentes que se combinaron para maximizar lo emocionante de esta música.

Shiver (Krunk,2020) es un disco bien equilibrado a fin de cuentas; que sorprende mucho más en “Wildeye” por su parte industrial crepitante y una voz que roza el delirio y que con franqueza confiesa haber perdido el control. Una vez más la música como forma de terapia, y vaya que le sobraban motivos para compungirse: Sigur Rós, se mantiene en un impasse que parece muy prolongado, tras la forzada salida del baterista Orri Páll Dýrason, amigo muy cercano de Alex Somers, con quien Jónsi mantuvo una relación sentimental por 16 años.

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Decidió dejarse influir de una cultura muy distante -como la californiana- y desde ahí revisar esa melancolía y tristeza que suele acompañar a los escandinavos. Una reflexión que dio origen a “Salt Licorice, que para enfatizar el viraje se acompaña de la voz, nada menos, que de Robyn. En esta canción la pregunta esencial a resolver es: “¿pero por qué no puedes estar bien?”, mientras los sintetizadores se desbordan y los beats se cuelan para poner en movimiento hasta los propios glóbulos sanguíneos; es la convocatoria para una danza rota de ritmos quebrados y ánimo futurista. He aquí su versión de lo que debe sonar en un antro de alta calidad: la noche comienza y hace falta quien se atreva a romper el hielo.

‘Cannibal’, el lado conmovedor de Sigur Rós y Cocteau Twins

“Salt Licorice” y “Wildeye” son muy inesperadas y renovadoras de un estilo bien conocido -en solitario (aunque su disco debut sea de hace 10 años) y con su banda-. Pero aunque baja la velocidad, también es muy apreciable lo que logró con “Cannibal”, comenzando por la suma de una voz de leyenda como la de Elizabeth Frazer, icono de unos Cocteau Twins tan reivindicados últimamente; esos coros angelicales con los que abre ya son como una especie de marca registrada.

Muy balanceada esta entrega en que eligió muy bien cuáles son las herramientas y recursos que debe seguir llevando consigo y qué es lo que podía sumar para que otros vientos sonoros le soplaran a sus composiciones. Lo que pudo ser un choque de trenes con A. G. Cook, más bien parece el comienzo de una relación que da para mucho en términos artísticos.

Jónsi logró reflejar las pulsiones que lo han acongojado en los últimos tiempos; en Shiver hay tensión y contraste -variación de intensidades-; se nota que le ha encantado experimentar en el estudio, tal como lo exhibe “Beautiful boy”, que cierra un álbum con el que podrá conectar con gente que no sepa de dónde ha salido -tal como quería con su productor- y ofrecer una experiencia sensible que lo mismo conoce del remanso que de la neurosis crónica.