Un texto de Alejandro Mancilla

El rumor se comenzó a correr en las redes sociales. “Logan es una gran película” decían algunas voces. “Es la mejor de la saga de X-Men” decían otras. “Estoy viendo Logan, güeeeey” posteaban algunos acompañados de una selfie con la película de fondo y sus cachetes sonrientes atascados de palomitas. Algunos otros emocionados e impresionables fans, incluso plantaban sentidas despedidas dedicadas a Hugh Hackman en sus redes sociales (como si fuera el primo de su vecino que se va de viaje de intercambio), quien en esta entrega dice adiós al papel que lo hizo famoso, y cuyas dos películas previas del personaje son más bien malas (incluso peor que ésta). Ahora que las cosas parecían haber cambiado, y que la película había cruzado el pantano de las críticas especializadas y había salido con pocas manchas, todo parecía que por fin íbamos a ver la primera película madura de Wolverine, un paso adelante de lo que habíamos visto antes. Y bueno, para ser justos, en eso sí cumple, pero el grandioso y sangriento uso que el X-Men le puede dar a sus garras de adamantium sin restricciones y con clasificación R, es lo único que vale la pena de la película.

Y es que “Logan” no revitaliza el género de los superhéroes tal como lo hiciera la trilogía de Batman de Nolan. Logan es basura y hay muchas razones para aseverarlo. Partamos del hecho de que la basura son desechos que, en cierto momento pueden ser reutilizados si se reciclan adecuadamente. Pues bien, Logan es basura porque está formada de retazos de otras películas. Logan es basura porque está llena de clichés… Y, ¿a quién le gustan los clichés? Seguramente a la chica de junto que se la pasó riendo toda la película y no distinguía los hilos dramáticos de los (afortunadamente) pocos momentos “cómicos” de la película (y eso sí se le agradece). Y no, Logan no es una película del género de superhéroes. En esta entrega, no hay paladines tratando de salvar el mundo. Si al menos el enfoque hubiera sido ligeramente parecido al planteado en Old Man Logan —el cómic de donde supuestamente se inspiró la película—, la cosa hubiera sido diferente. En aquella obra, el guión es impecable e inteligente, nada que ver con el refrito de refritos que nos cuentan en Logan, donde todo se queda a medias. Y eso que Marvel ha mejorado en la confección de sus personajes adaptados al cine y la TV (tengo esperanzas en el nuevo Spider-Man, aunque la iría a ver así fuera un bodrio, sólo porque sale Marisa Tomei); el Daredevil de Netflix es maravilloso y bueno, mal cine de entretenimiento no hace.

¿Es tan mala Logan? Quizás es cumplidora, pero las expectativas que está generando son irreales. La película comienza con un Logan trabajando como chofer de una limusina, y tratando de pasar desapercibido. Es 2029 y ¡la gente aún usa WhatsApp! (en serio) y además, los mutantes ya desaparecieron de la faz de la tierra (eso sí no lo creemos). En ese contexto, tenemos a un senil profesor X que vive escondido confinado con sus enfermedades, y a una niña que, al parecer es hija de Logan y que posee sus mismas garras en versión infantil, claro. Los villanos, como suele suceder, son caricaturas: el típico malo-malo (científico) con su ayudante “igual de malo” (el matón rudo), la agencia del gobierno a la que algo le salió mal. Si alguien tuvo la desdicha de ver No se aceptan devoluciones, la taquillera película de Eugenio Derbez, digamos que es la misma premisa: el papá al que le encandilan una hija, con la que no se lleva, pero que acaban como una familia, con redención incluida. Cambia a Eugenio por Hugh, y es la misma telenovela con más presupuesto. Es que la historia la hemos visto en León, el profesional, Mad Max: Más allá de la cúpula del trueno (sobre todo en la parte donde Wolverine ayuda a los niños en apuros que igualmente buscan un “edén” como en la cinta ochentera), o recientemente en Blood Father, la película de acción donde (otra vez) Mel Gibson huye (esta vez de un cártel mexicano) protegiendo a una hija a la que tiene años que no ve… ¡si le cambias el nombre a los personajes de esa película de Gibson por los de Logan estarás viendo prácticamente el mismo guión! Por no mencionar que la trama “agencia-experimenta-con niños raros” apenas nos la recetó Stranger Things (la niña de esta película actúa como una Eleven con cabello en la primera parte), y en los 80, Drew Barrymore con Firestarter fue pionera del género de “niñas con poderes, huyendo con sus padres del gobierno, con final emotivo”. ¿Cómo no reaccionar cuando, nos venden la misma historia 20 mil veces, como si se tratase de una telenovela mexicana?

Pero eso no es todo. La película trata de adoptar un tono western del que tampoco la libra. ¿Una familia que se niega a vender sus tierras a un corporativo y que ya no puede obtener el agua que cruza por la propiedad y por lo tanto son atemorizados por las autoridades locales? Ni que fuera 1880 y John Wayne (o Mario Almada) fuera el protagonista. Logan, falla incluso en eso, porque esa premisa del viejo oeste ya la hemos visto decenas de veces en El Libro Vaquero… y ahí al menos salen dibujos de mujeres voluptuosas y no malos chistes. Sí, los mismos villamelones que disfrutan de la saga de Rápido y Furioso estarán contentos: hay algunos gags, hay sangre, hay redención… lo que no hay es una “buena película, weeeey.”