En su recuento de Los 18 mejores discos hispanoamericanos del 2018, Juan Carlos Hidalgo incluyó un álbum tremendo de una artista brasileña veterana que tiene el espíritu experimental y peleonero de un adolescente; es por ello que ahora ofrecemos una revisión a fondo de tal maravilla.

TXT :: Guadalupe Gómez  |  FOT :: Paolo Giron

Teníamos todas las piezas desde el principio, pero sólo Elza Soares supo encajarlas en su creación. En tiempos donde el feminismo y los movimientos en general tienen una voz y un canal, hubo una mujer que hace más de cincuenta años supo procrear la resistencia. Desde la favela de Agua Santa y sin discurso en mano o algún activismo declarado en su juventud, decidió hacerse escuchar a través de una cadencia de samba y bossa nova.

A casi setenta años de su consagrada presentación infantil en un show brasileño, después de comprender y mantener el ritmo de un país durante medio siglo y entregarnos A mulher do fim do mundo, disco multipremiado en 2015, llega con una nueva capitulación que se manifiesta posmoderna y estimulante: Deus é Mulher (Dios es mujer).

Los espectáculos que acompañan a la gira de este nuevo álbum están llenos de sampleos, loops, sintetizadores y deconstrucciones de voz, pero sin dejar de ofrendar nostalgia y claridad. Deus é Mulher se compone de once segmentos de carácter propio, donde intervienen jóvenes artistas como Tulipa Ruiz, Pedro Luis, Alice Coutinho y Rodrigo Campos, entre otros.

Soares sigue acrecentando su propio imperio y leyenda con una voz estridente, sensual y vigorosa. En la década de los setenta fue pionera de la amalgama jazz-samba, y entre los desamores, el desprestigio, la violencia y las pérdidas, en el 2000 fue reconocida como “La mejor cantante del universo” por la BBC Londres. Hoy sigue descolocando a quien la escucha, porque es un alambique donde se ahúman las sensaciones y se hacen más profundas y sabrosas.

Deus é Mulher es el signo de una carrera brillante, donde se combina la samba tradicional, el jazz y la electrónica hasta emerger en el polirritmo más experimental, donde jóvenes artistas se entreveran y se funden con los sueños despiertos de Soares. Por si fuera poco, ese robusto híbrido sonoro se reverdece con un mensaje que visibiliza a los grupos étnicos, sexuales y los derechos de la mujer en la sociedad brasileña.

Escuchar “Banho”, interpretada junto a Tulipa Ruiz, es percibir un himno de sobrevivencia en tiempos confusos: “Mezclo sólidos con líquidos, disuelvo el llanto con mi baba, cuando está seco lo humedezco, no obedezco porque estoy mojada”. Mientras “Clareza” declara la añoranza por la samba a través del beat de Rodrigo Campos.

El paso por estas once composiciones es una amplificación contemporánea hasta llegar a “Deus Há De Ser”, un cierre perfecto de percusiones donde se exhala: “Dios es madre y todas las ciencias femeninas; la poesía, las rimas”. Es inevitable pensar en sus anhelos y dolencias, que reverberan en las nuestras. Deus é Mulher es la continuación del trabajo de 2015, es una compilación creativa hecha con pasión y la coexistencia entre ritmos.

El autor estadounidense Paul Auster aseguró que las historias sólo suceden a quienes son capaces de contarlas y en el caso de Soares es porque las canta, porque en estos días inciertos en Brasil es imprescindible prestarle oído. Es un gran momento para Soares, es un gran momento para nosotros por poder participar de su catástrofe poliemocional y rítmica.