No cabe duda de que, durante estos días de cuarentena, vale la pena tener a la mano lo mejor del cine de culto para hacer de estos difíciles momentos algo más soportable.

A pesar de que buena parte de esta responsabilidad ha caído en Netflix y otros grandes del streaming, resulta evidente el hecho de que YouTube es el verdadero titán en cuanto a opciones cinematográficas se refiere.

Para muestra de dicho asunto basta con echarle un vistazo a la siguiente lista de títulos la cual fue pensada especialmente para estos días de estar en casa:

-SLC PUNK! (James Merendino, 1998).

Valiéndose de una perspectiva intimista, esta cinta narra de forma pormenorizada las andanzas de un grupo de punks originarios de una de las ciudades más conservadoras de Norteamérica. Tragedia y comedia se mezclan de forma intrincada a lo largo de esta narración la cual deja en claro que, muchas veces, nuestro peor enemigo es el contexto alienado que nos vio nacer.

The King of Pigs. (Yeon Sang-ho, 2011).

Potentísima y desgarradora producción la cual saca a relucir por qué Corea del Sur es una de las grandes potencias actuales con respecto a la animación destinada al público adulto. Además de un diseño audiovisual perfeccionado, esta cinta nos arroja una escabrosa reflexión con respecto a la naturaleza innegablemente violenta del ser humano.

El Odio. (Matthieu Kassovitz, 1995).

Las andanzas de tres jóvenes nativos de los barrios bajos de París se ven narradas de manera portentosa mediante un claroscuro visual el cual se apodera por completo de las capacidades sugestivas del blanco y negro. Un auténtico referente antropológico con respecto a las aristas tanto emotivos como sociales que definieron a las insurrecciones urbanas características de finales del Siglo XX.

Scanners. (David Cronenberg, 1981).

Antes de transformarse en uno de los directores más estudiados de la era moderna, Cronenberg sentó las bases de toda una nueva escuela dentro del género del horror la cual mezcla de forma impecable los rigores propios del cuerpo con las potencias metafísicas de la psique. Esta cinta es, sin lugar a dudas, uno de los referentes más transgresores de la etapa underground del director de The Fly.

Lords of Chaos. (Jonas Akerlund, 2018).

La historia no oficial de Mayhem es llevada a la pantalla mediante una serie de juegos conceptuales en los que ficción y realidad se abrazan oportunamente para dar como resultado una producción plenamente incendiaria la cual captura de manera quirúrgica la esencia afectiva y destructora de una de las escenas más extremas en la historia del rock n’ roll.

El Gabinete del Doctor Caligari. (Robert Wiene, 1920).

Imposible pensar en la historia del cine sin este clásico del expresionismo alemán el cual anunció de forma temprana las capacidades del Séptimo Arte para producir densas atmósferas sensoriales las cuales escapan de la planitud de la pantalla para estirar sus brazos hacia el espectador. Una cinta imperdible para cualquier entusiasta del fenómeno fílmico.

Felidae. (Michael Schaack, 1994).

No dejes que el estilo “infantilizado” de esta cinta te despiste, ya que estás frente a una de las cintas más escabrosas e intensas dentro de la historia de la animación. El protagonista de este relato es Francis, un gato con aspiraciones detectivescas quien está decidido a resolver una oleada de cruentos crímenes la cual tiene aterrarizado a su nuevo barrio.

Elephant. (Gus Van Sant, 2003).

Quien aún no haya disfrutado de esta cinta simple y sencillamente se está perdiendo de uno de los estamentos más potentes y mejor trabajados dentro de la historia del cine contemporáneo. Valiéndose de la agudeza estilística que siempre lo ha caracterizado, el director de My Own Private Idaho recrea en clave intimista los pormenores mentales relacionados con uno de los eventos más turbios en la historia norteamericana moderna.

Made in Britain. (Alan Clarke, 1982).

Un jovencísimo Tim Roth interpreta de forma magistral a un skinhead adolescente quien es la encarnación por excelencia de la furia y el descontento que definieron a buena parte de la juventud inglesa durante los albores de la era posmoderna. Como es costumbre, Alan Clarke se vale del lenguaje fílmico más intenso para introducirnos de forma sumamente convincente en un mundo de marginalidad y agresión.

Basquiat. (Julian Schnabel, 1996).

Julian Schnabel es uno de los máximos exponentes con respecto a las resonancias que persisten entre las artes plásticas y el mundo del séptimo arte. Pintor de profesión, este visionario artista se apodera de la cámara para erigir un colosal retrato el cual no sólo plasma la esencia humana y creativa de Jean Michael Basquiat, sino que también destaca como un auténtico híbrido el cual mezcla de manera perfeccionista los planos de lo pictórico y lo audiovisual.