Con la virtud de la ignorancia, fui a la primera fecha de Cornucopia en nuestro país. Nada busqué acerca del show que traía de vuelta a Björk a Ciudad de México, ni el setlist mucho menos si había una trama de por medio. Hacía mucho tiempo que no experimentaba la infantil emoción del no saber a ciencia cierta en qué me estaba metiendo.

Una enorme carpa se montó en un extremo del Parque Bicentenario para tan especial ocasión. Sala de la que la artista islandesa dispuso hasta el más mínimo detalle para crear un espectáculo audiovisual que alude a la razón tanto como a los sentimientos.

TXT: Aldo Mejía

Björk, a partir de las canciones que produjo al lado de Arca, productora venezolana, y con la intervención de Lucrecia Martel, directora argentina, hizo un statement sobre feminismo y ecología. Pronto, desde que empezó a interpretar The Gate, experimenté una sensibilidad que atribuyo a las sesiones de música clásica con las que mi mamá decidió tender un lazo entre nosotros mientras me llevó en su vientre.

La experiencia debe semejarse dada la disposición del sonido en aquel domo que brinda una cálida intimidad. De un extremo llega la dulzura de las flautas transversales del septeto femenino, Viibra, y en otro punto se percibía la sutil caricia de los dedos en el arpa, a cargo también de una mujer. En constante encuentro estaban la voz de la intérprete, así como las percusiones y las secuencias; estas dos a cargo de un par de hombres.

Al telón lo sustituyen tres cortinas sobre las que se proyectaban figuras abiertas a la interpretación. La primera lucía como una inquieta constelación que contenía dentro de sí la voz de Björk. Luego dio paso a un capullo que danzaba y gestaba un mundo. En la parte superior del escenario, las flautistas danzaban con la gracia de un montaje de Shakespeare; no como ninfas, sino como los personajes traviesos y alegres que representaban a la naturaleza.

Con la experiencia a cuestas, Björk no deja que se le desborde la voz. Interpreta las canciones, las recientes de Utopia, y con las que debutó, como Venus As A Boy con una claridad bellísima, sin desafinar y sin la codicia de llevarlas a notas más altas. Las proyecciones, al paso del show, unas lucirán como animaciones y otras como pinturas al óleo. En mi cabeza evocan las plantas y las flores con las que mi mamá llenó cada casa a la que llegamos.

Un domo matriarcal: Björk presenta "Cornucopia" en Ciudad de México Un domo matriarcal: Björk presenta "Cornucopia" en Ciudad de México Un domo matriarcal: Björk presenta "Cornucopia" en Ciudad de México

Qué mal se lleva el público con el silencio, por cierto. No se permiten paladear lo que están escuchando sin derrochar aplausos y vítores antes de que concluyan las canciones. Inclusive y a pesar de la petición que hace una grabación previa al concierto, sacan sus celulares para grabar y tomar fotos. En inglés, la voz femenina aconseja estar en el instante mismo. Pero el mensaje parece no surtir efecto y se ven destellos carentes de discreción.

Pronto viene la primera de las declaraciones del show. A manera de desplegado sobre uno de los delgados telones formados por muchas tiras, se lee la necesidad de impulsar un domo matriarcal para tejer un desarrollo, procurar la sana convivencia entre la naturaleza y la tecnología, poner más atención a la utopía ambiental que proponen los Acuerdos de París e ir en su búsqueda.

Un domo matriarcal: Björk presenta "Cornucopia" en Ciudad de México

Por desgracia, estamos lejos de un domo matriarcal en un país que este año contabiliza cerca de dos mil feminicidios. Y con un presidente deseoso hasta la ambición de construir una refinería, aunque eso signifique la remoción de 131 hectáreas de terrenos forestales y, a largo plazo, la explotación de combustibles fósiles.

Antes del encore, también se escucha el mensaje de Greta Thunberg, una activista sueca de 16 años que espera llegar al 2078 sin tener que dar explicaciones a sus nietos del por qué no hicimos nada para revertir la situación climática. Recrimina en su brevísimo discurso la producción de la riqueza a costa de la explotación de los recursos naturales. Y como libertario que pugna por la liberación económica podría disentir con ella. Pero son más mis ganas de enaltecer el capitalismo que ha brindado alternativas ecológicas y encontrar un punto medio en la discusión con la comprometida adolescente.

No se trata sólo de imaginar un futuro sino de llegar a él.

Conforme avanza el espectáculo, las proyecciones lucen más femeninas y semejantes a Björk, mutan y brillan. Conviven entre ellas y parecen responder a la música. La artista solicita la compañía del coro universitario Staccato para enmarcar al menos cuatro de sus canciones. Les muestra un camino, les aplaude y les hace una reverencia luego de cada interpretación.

La luces arropan el lugar y se pasean entre las filas cuando no hay proyección. A ratos estallan en rojos y morados para acentuar los golpes en la batería. Entre los elementos a destacar está una cabina en el costado derecho del escenario, dentro de él, se puede escuchar lo mismo la flauta que la voz islandesa. En un momento dado, el baterista cambia los tambores por un contenedor de agua con jícaras de madera y vierte el agua con destreza para hacer música.

Ataviada primero en un vestido de orquídea y luego en uno de sphaera, Björk baila y desde lejos no se puede distinguir emoción en su rostro, además, porque lo lleva parcialmente cubierto por unas piezas diseñadas por James Merry. Pero contagia una alegría plena.

Pronto se intensifica la sensibilidad a la música y a las imágenes. Tengo erizada la piel ante lo imponente que resulta y da vértigo el tratar de enfocar la atención de forma momentánea en un solo detalle. Irremediablemente, se me anuda la garganta y se disipa cuando me atrapa el ritmo.

No es sino hasta el final de la presentación que la artista hace la invitación a levantarse del asiento. Se reencuentran de nuevo las flautas femeninas con más potencia y audacia, mientras que las percusiones y programaciones masculinas se comportan con segura delicadeza.

A lo largo de dos horas, Björk se comporta como un ancestro maternal lleno de sabiduría; de conocimientos elementales y una visión premonitoria. Te presenta visuales, tan divertidos como fantásticos, que sólo una madre puede inferir en la mente de su hijo mientras le lee, y le provoca a la imaginación.

Te muestra la bondades de la utopía a sabiendas de que no puede mantenerte en ella y te lanza al mundo para que busques tu propia cornucopia.

Setlist:

  1. Family
  2. The Gate
  3. Utopia
  4. Arisen My Senses
  5. Show Me Forgiveness
  6. Venus as a Boy
  7. Claimstaker
  8. Isobel
  9. Blissing Me
  10. Flute Solo
  11. Body Memory
  12. Hidden Place
  13. Mouth’s Cradle
  14. Features Creatures
  15. Courtship
  16. Pagan Poetry
  17. Losss
  18. Sue Me
  19. Tabula Rasa
  20. Future Forever
  21. Notget

Las fotos son de Santiago Felipe , y las tomamos del Facebook de la artista.

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