Marvin es un medio cultural de esencia musical por lo que resulta tentador utilizar nombres de canciones para titular este espacio de opinión. Todavía lo es más si entre los temas tratados en la columna está California.

Las muchas y buenas rolas con este nombre propio se ofrecen como un ramillete de flores. Además, por distintas razones, casi todas las canciones son tan famosas como cargadas de significados y símbolos culturales.

Con la promesa de no abusar más por un tiempo de este recurso, hablemos del principal huerto de la cultura occidental como un día lo fueron Viena, Berlín y Múnich.  Ciudades germánicas de las que Thomas Mann describió su ambiente social de entre y pre guerras mundiales, en el que hervía la creación, como sucede hoy en Los Ángeles, San Diego y San Francisco; y en las que el protagonista de una de sus obras predijo que “la fuerza enemiga de la cultura burguesa – y destinada a sucederla-  no es la barbarie sino la comunidad”. Una predicción de futuro que se cumplió de manera trágica en la Alemania del primer medio siglo pasado y que asoma hoy en forma de comunidades, en alerta constante, tan pretendídamente homogéneas como enfrentadas.

California se confinará de nuevo el domingo sabiendo que su agua cotiza en bolsa y que una de sus principales empresas tecnológicas es demandada por el gobierno de EEUU, bajo acusaciones de monopolio.

California, el estado en el que en algunos de sus  barrios la tasa de vacunación está al nivel de Sudán, y no precisamente en las áreas más pobres. La Roma del nuevo Imperio que ha encontrado en las redes sociales la prolongación impoluta de su sueño de belleza y etiquetas homologadas por una nueva moralidad, la de la corrección. Un neo puritanismo que renuncia a la esencia de la libertad; la posibilidad de que nos ofendan, erradicando así el aprendizaje de la crítica y de la divergencia, única manera de convivir en el libre albedrío, enemigo éste de cualquier corriente de pensamiento que se pretenda exclusiva.

Si a través de las redes sociales nos comunicamos, y una sola empresa las acapara, son varios “asuntos”, como diría AMLO, que se ponen en alto riesgo. Por esto La Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos junto a fiscales de 46 estados del país, presentó este miércoles una demanda por monopolio contra Facebook. Lo que reclaman es como pedirle a Napoleón que devuelva Saboya, la desinversión en Instagram y Twitter.

“Las redes sociales son centrales para las vidas de millones de estadounidenses. Las acciones de Facebook de atrincherarse y mantener su monopolio niega a los consumidores el beneficio de la competencia” reza el comunicado oficial de la demanda. Lo que teme la administración USA no es más que una de las contradicciones del capitalismo que ya señaló Marx, la acumulación de capital, que entonces se realizaba a lomos de la apropiación de los medios de producción, incluido mano de obra, y hoy se realiza de la mano de la acaparación de datos mediante el juego especulativo de las finanzas.

Parece difícil prospere la demanda teniendo en cuenta que ninguna de las maniobras acumulativas de Facebook se realizó en las sombras con acuerdos desleales, todo se hizo con la aprobación de los reguladores del mercado y a la luz de las bolsas mundiales. “A los reguladores que revisaron las adquisiciones por parte de Facebook años atras y no las pararon, les sería difícil explicar el cambio de opinión” escribían hoy Mike Isaac y Cecilia Kang en NY Times.

En la bolsa esta semana empezó a cotizarse el agua de California, un estado que sufre tradicionalmente escasez. El agua californiana ya es un valor con el que especular, no un solo recurso natural que además conforma el 83% por ciento de la sangre humana.

El ex vicepresidente del Banco Mundial, Ismail Serageldin, predijo en 1995 que “las guerras del próximo siglo serán por el agua “. De salida ya cotiza en bolsa como el petróleo, famoso desencadenante de conflictos.

Entre 2014 y 2016, 85,700 niños menores de 15 años murieron a causa del agua, el saneamiento y la higiene insalubres según UNICEF.

El reciente primer Registro de Amenazas Ecológicas, elaborado por el Instituto de Economía y Paz (IEP) ,indica que  hay 2,600 millones de personas en el mundo que sufren “estrés hídrico” en la actualidad. México y EEUU hace apenas dos meses vivieron un conflicto transnacional por el agua que dejó dos muertos y provocó la intervención de la Guardia Nacional mexicana contra sus propios ciudadanos que protestaban por el trasvase de agua al país vecino.

La polémica privatización del agua queda formalmente normalizada al convertir el agua en valor bursátil, su nombre Nasdaq Veles California Water Index (NQH20). La sociedad californiana más pendiente de los postreros coletazos de Trump y su entorno político, el último dado desde la fiscalía general de Texas, que ha pedido la anulación de las elecciones ya que según el estado de la estrella solitaria “han explotado la pandemia de covid-19 para justificar la omisión de leyes electorales federales y estatales y la aprobación ilegal de cambios de último minuto, alterando así los resultados de las elecciones generales de 2020”, no ha dicho ni palabra de la entrada en bolsa del bien regalado por la atmósfera.

El ecologismo californiano es de envase de Acqua di Cristallo Tributo a Modigliani, botella con un precio de 53 mil dólares los 750 ml.

Si los legisladores tejanos enturbian el Calfornia dream desde su estrella petrolífera, la neoyorquina Marina Rosenfeld en su último trabajo Death Star, describe un futuro pavoroso, sin pretenderlo la artista,  fruto de la improvisación colaborativa. No es de extrañar  el agua suba como la gasolina y los países “recolectores” de H2O, nunca se podrá producir agua, impongan precios que suman al mundo ya no en una escasez de combustibles sino de  sangre humana.

Gracias California. “Nuestros hijos meditarán en la escuela, California Über Alles, nos ahogaremos en un gas orgánico”, sin agua para pasarlo.