TXT: Toño Quintanar

El fenómeno del suicido es un tema el cual se ha vuelto preponderante dentro de las agendas públicas de la actualidad. Esto debido principalmente a una serie de aspectos culturales y psiquiátricos que complejizan de forma portentosa las distintas matrices que intervienen en el acto de la autoinmolación.

Por supuesto, las plataformas narrativas son una de las principales mesas de exploración a partir de las cuales esta problemática se ve diseccionada; misma situación que ha dado paso a un amplísimo crisol de producciones audiovisuales las cuales ostentan la desmedida pretensión de retratar las polifacéticas formas a partir de las cuales las pulsiones suicidas se arraigan en los recovecos de la población juvenil.

A pesar de la relevancia que estas perspectivas han adquirido dentro de la cultura popular actual –una muestra palpable del paternalismo  que rige a las producciones occidentales- existe una cinta en particular, olímpicamente ignorada por las historia del cine contemporáneo, la cual podríamos definir como el acercamiento por excelencia hacia las latitudes emocionales que incentivan la muerte inducida. Nos referimos a 2: 37 (2006), obra maestra dirigida por Murali K. THalluri.

De forma similar al juego de mesa “Clue”, esta cinta nos ofrece una serie de pistas que obligan al espectador a resolver una misteriosa puesta en escena. La cinta arranca con un suicidio en el interior de una preparatoria australiana y depende de nosotros descubrir la identidad del fallecido. Es así como se nos presenta el día a día de seis jóvenes quienes a su manera, y bajo distintos aspectos, se encuentran pasando por una crisis emocional sumamente profunda que bien podría desembocar en un suicidio.

La magistral facilidad con la que eta cinta es capaz de involucrarnos de forma casi participativa en su relato sólo puede ser superada por su poderosa carga analítica, misma que nos ofrece una perspectiva antropológica sumamente afilada acerca de las condiciones sobre las que operan los impulsos autodestructivos.

Lejos de quedarse en lo meramente superfluo –el error por excelencia de los abordajes mediatizados- esta obra escarba en el centro de las problemáticas psiquiátricas propias de la depresión para exponer esa sensibilidad excepcional –una verdadera maldición en las sociedades modernas- que es el verdadero síntoma de las mentes decididamente suicidas.

 

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