TXT: Toño Quintanar

No cabe duda de que, desde su surgimiento en los precoces albores de la postmodernidad,  el género slasher se ha transformado en una auténtica institución la cual nos ha brindado algunos de los rostros más emblemáticos dentro de la historia del horror.

Sin embargo, de entre la enorme cantidad de personajes que hemos visto a lo largo de la historia del “cine de apuñaladas”, destaca un amiguito quien, hasta la fecha, ha hecho que muchos no podamos estar solos en el mismo cuarto con muñeco de plástico.

Chucky será por siempre una muestra palpable de los terrores más primitivos de la especie humana; mismo asunto que se ve representado a partir de esos procesos de extrañamiento que se relacionan con objetos humanoides e inanimados los cuales, de un momento a otro, pueden cobrar vida. Esto no es algo nuevo, ya que el propio Freud había explorado este mecanismo psicológico en su estudio titulado Lo Siniestro.

Este año, el muñequito más malvado de la historia del cine está de regreso con una nueva producción la cual se debate entre los aciertos y los errores.

La verdad es que, desde el surgimiento de su segunda película en 1990, la franquicia de Chucky se transformó en una institución de carácter humorístico la cual se encuentra aderezada con algunas memorables secuencias gore.

La reciente Cult of Chucky (2017) no nos decepciona en este sentido, ya que contiene esos chascarrillos clásicos que han hecho del pequeño Charles Lee Ray uno de los comediantes más geniales de la historia del horror. Situación a la que se suma el empleo de unos efectos prácticos que nos ofrecen un Chucky más expresivo que nunca.

Al mismo tiempo, no cabe duda de que estamos frente a una de las entregas más gore del rufián de tirantes.

Preocupado por recuperar las tradiciones más emblemáticas del splatter, Don Mancini se muestra decidido a  mostrar un baño de sangre y vísceras verdaderamente demencial que logra capturar la imaginación más perversa del espectador.

A este asunto se suman una serie de vueltas de tuerca que revolucionan de forma interesante la historia original de la franquicia, ya que, en esta ocasión, los poderes de Chucky han crecido y el espectador pronto se dará cuenta del porqué del nombre de la cinta.

Por otra parte, podría decirse que, en cierto modo, ésta es una de las cintas más sombrías protagonizadas por Chucky hasta la fecha. Esto gracias al desarrollo de una historia que nos sumerge en una serie de ambientes perturbadores donde el abandono y la desesperación se ven materializado a través de una colección de personajes cuyas respectivas enfermedades mentales los han marginado del resto del mundo.

Cult of Chucky es una cinta que debe de ser vista como un mero objeto de disfrute y no como una pieza digna de grandilocuentes análisis filosóficos; ya que, obviamente, es esta misma falta de “seriedad” la que da pie a su verdadera grandeza.