“En lo esencial el infierno no es más que la continuación de una existencia extravagante”, le dice Lucifer a Adrian Leverkhün, protagonista de Doktor Faustus, obra postrera de Thomas Mann. 

Imaginemos un infierno en vida para todos los habitantes de la tierra, resultado de nuestra “excéntrica” sociedad. Por ejemplo una pandemia provocada por un turismo y un comercio voraz, que han dejado el planeta encuadernado en el Lonely Planet. Imaginemos una guerra civil de baja intensidad pero alto riesgo en EEUU.

Sin duda la vida de Trump ha sido “excéntrica” fuera de lo común. Si Donald hizo un pacto con el maligno a cambio de una vida excelsa no hay pruebas, tampoco le era necesario. Nació rodeado de riquezas y atenciones. El showman- magnate-premier supo llevarlas al máximo imaginable, líder del mundo, junto con sus compadres Putin y Xi, que a día de hoy siguen considerando a Trump presidente USA  y candidato a seguir siéndolo.

No se descarta un final tan “excéntrico” como su “excéntrico” mandato, si se trata de un infierno lo sabremos en un futuro próximo.

A la conocida prorroga del partido electoral que se va a jugar en los tribunales, recientes decisiones de Gobierno suman una perspectiva de carácter bélico.

El lunes fue destituido al secretario de defensa. Tras este cese se produjo una catarata a de cambios en el Pentágono. En este baile de cargos y nombres Trump ha situado léales. Anthony Tata al frente de  la Subsecretaria de Políticas de Defensa. CNN  informó que Tata, ex general retirado, ha hecho numerosos comentarios islamófobos y ofensivos y promovido  teorías de conspiración. En una serie de tuits de 2018, afirmó que Obama era un “líder terrorista”. CNN en un largo artículo apunta a las reticencias del destituido secretario a sacar las tropas de Afganistán, algo que el presidente quiere hacer antes de navidad, como motivo de este drástico cambio, en un cargo institucional clave, a solo dos meses de acabar la legislatura.

ABC News incluso sugiere una posible acción militar en Iran antes de dejar la Casa Blanca.

Ambos medios coinciden que detrás puede estar el deseo de sacar al ejército en caso de posibles revueltas en las calles. Como ya reclamó Trump en meses pasados y a lo que el anterior secretario de defensa se negó.

Nada más llegar estos civiles a las oficinas del Pentagono revisaron el estatus de los códigos de lanzamiento de los misiles nucleares, al fin y al cabo de eso va su chamba. Otra cuita que tenía guardada el jefe a su empleado despedido, es que se opuso al bloqueo de la Casa Blanca a la ayuda militar del Senado destinada a Ucrania. Con razón el Kremlin le quiere cuatro años más en el Oval.

¿Cómo reaccionará Donald sino prosperan sus estrategias legales? Por ahora un enroque en el aparato militar del estado resulta un sombrío presagio.

Mientras, Biden, está sumergido en su performance de presidente electo, de tipo de Estado. Aquí no pasa nada, todo normal, es el mensaje que trasmite en sus comparecencias públicas. Pero cuando más horas al día echa el viejo Joe a actuar como presidente, y más calma institucional ejecuta como método interpretativo, más congoja hay en el ambiente. Todo resulta de una excentricidad suma.

Algo deben saber los líderes republicanos que van a posicionándose al lado de la teoría del fraude. También, puede, manejen información privilegiada Vladimir y Xi, incluso el líder de la tradición oral, AMLO (hoy batió su record de narrativa verbal en una mañanera, 3 horas 12 minutos) que siguen sin dar la victoria del demócrata por buena. Quizás los primeros solo están jugando su rol de oposición, sabiendo que de doblegarse ante el resultado electoral, el que llevará la peor parte será Trump y ellos podrán reclamar el mando republicano con la aureola frentista que tanto pone a una sociedad dividida. Los presidentes de México, Rusia y China parece tienen motivos backstage para desear la victoria de Trump.

Los que no van a obtener ni un descuento en el imperio hotelero de Donald son ABC, NBC y CNN. Las tres cadenas cortaron el discurso presidencial en el que exponía su teoría del fraude electoral, llevándose por delante la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense. Ésta estipula que no hay límites para la ‎libertad de expresión. Cada cual tiene derecho a decir lo que quiera

Vivimos tiempos donde la censura y la mentira conviven sin que nadie se rasgue las vestiduras, lo cual solo significa una cosa, tanto los que mienten como los que censuran parten del convencimiento de que somos todos tontos, carentes de sentido crítico. Este ataque de dignidad informativa podría haberles dado a las mass media cuando nos colaron  la existencia de armas de destrucción masiva en Irak. No había armas, pero el mundo se fue a una guerra en base a una mentira que supuso millones de ingresos para las cadenas televisivas por su retransmisión del conflicto.

Desde luego la moda de la censura, tanto de empresas como de gobiernos, no para de sumar adeptos. La BBC podrá despedir a periodistas que opinen en redes, Nicaragua aprobó la “ley mordaza”, el gobierno de España presentó una especie de “ley de la verdad”.

La pandemia ha provocado un escenario ideal para cercenar en pos del bien común, que no de la inteligencia, las libertades de los ciudadanos, muchos ya sometidos a la auto censura, le peor de todas. La expresión artística nos deja señales de libertad. El disco de la semana para reflejar el creciente estado de excentricidad generalizada es el de Nina, https://thetrilogytapes.bandcamp.com/album/nina un ejemplo de cómo la confusión nos lleva a una armonía dramática, a una larga temporada en el infierno, en el que según el diablo de Mann “el desprecio y la ignominia son, además, parte integrante del tormento”. Tortura que ya estamos recibiendo los habitantes de este mundo excéntrico.