La novela de Béla Braun Sacrificio (2017) publicada por Nieve de Chamoy, debe de tratarse de una de las más destacadas óperas primas de la literatura mexicana contemporánea. Tras una espera de tres años, Béla Braun lanza su segunda novela: Solo que Marla no volverá, publicada por la editorial española, Drácena

TXT:: José David Bernal

“Acabo de terminar mi nueva novela. Se van a cagar”, así reveló Braun en su cuenta de Twitter en abril del 2019. Y en una síntesis tan contundente en la que ya nos avisaba que no iba a despegarse del juego de lenguaje coloquial tan característico en Sacrificio.

Fueron necesarias 238 notas al pie de página para no confundir al lector español con tanta jerga mexicana utilizada en la voz narrativa. La riqueza del lenguaje es magistralmente exprimida, y por momentos, es inevitable leer con ese cantadito acento tan típico del centro chilango, matizado a niveles poéticos de las emociones que van in crescendo frenéticamente en la historia.

Pero no solo existe el lenguaje proveniente de la lingüística que envuelve a la novela, hay otro juego, más lúdico, más literal; si en Sacrificio ese juego del lenguaje por descubrir fue el del ajedrez –tímido y encriptado por momentos–, en Solo que Marla no volverá, el juego se vuelve más protagónico, y esta vez de la mano del billar, del que uno –si resulta neófito en la materia como es el caso–, va ligando a los tumbos, pero fascinado por la marea de conceptos, términos y tecnicismos de todo un microcosmos suburbano, tan complejo como el propio ajedrez.

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Solo que Marla no volverá, un título que ya nos quiebra la garganta desde el inicio, porque entendemos que Marla no volverá, precedido de un “solo”, que cae como una terrible losa de concreto armado a nuestras espaldas. “Solo”, como si no bastara con que resistir todo lo que está vacío en este país, en el que año con año, la podredumbre de la delincuencia se sienta en sus laureles a hacer cuanto se le hinchan los huevos. “Solo”, también por la soledad, y aunque no se trate del adjetivo, Béla nos lo restriega en la cara, para recordarnos en todo momento lo desolado del panorama.

Entre mesas de billares donde las bolas son golpeadas con los tacos que le dan sentido a la vida de los personajes, encontramos esta historia franca de la obsesión justiciera del antihéroe rebasado por los sistemas más siniestros de un México siniestro. El camino hacia la redención de un vago billarista que busca a su Marla secuestrada; Marla de luz. Marla de frugal incandescencia. Marla de mil nombres de mujeres que han corrido el mismo cruento destino, arrasadas por las redes de trata de mujeres, prostitución y feminicidio.