Durante estos días de encierro no nos queda otra opción más que recurrir a las opciones de entretenimiento casero. Uno de los títulos que podrían servirte de herramienta para superar el aburrimiento y la ansiedad es ‘Redline’, cinta animada la cual destaca como uno de los secretos mejor guardados en Netflix.

Dirigida por Takeshi Koike, esta cinta narra las peripecias de JP, un joven corredor de autos quien busca abrirse paso en Redline, evento el cual puede definirse como el encuentro definitivo entre los amantes de la velocidad.

El principal atributo de ‘Redline’ es, simple y sencillamente, el carácter plenamente adrenalínico de su estilo tanto narrativo como formal.

Siguiendo los preceptos de Sergei Eisenstein con respecto al llamado “montaje de atracciones”, Koike se da a la tarea de ensamblar un auténtico despliegue de pirotecnia visual la cual captura de forma inmediata la sensibilidad del receptor para llevarlo de paseo por un juego de seducciones audiovisuales que transita a medio camino entre el cyberpunk y el cine deportivo.

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El resultado es una delirante puesta en escena la cual, por momentos, alcanza verdaderos límites psicodélicos; misma situación que deviene en una experiencia plenamente envolvente para todo aquel quien se atreva a posar su mirada sobre la pantalla.

Muy probablemente muchos criticarán el desarrollo de los personajes de ‘Redline’, mismo atributo que se encuentra apoyado en algunos de los “estereotipos” más recurrentes del ánime japonés -el héroe guapo, la chica sexy, las criaturas extrañas-; sin embargo, vale la pena recordar que esta serie de construcciones no son sino un intento por revestir de cierto ánimo satírico aquellos arquetipos que, desde las épocas del mito griego, han formado parte activa de la esencia narrativa del género épico.

No cabe duda de que es en el ánime donde los arquetipos de carácter “clásico” encuentran su punto de ebullición por excelencia; misma situación que permite el surgimiento de escenarios futuristas que, si bien resultarían absurdos en cualquier otro género, alcanzan una nueva vena transgresora gracias a la capacidad enervante del dibujo animado.