#EnMisTiempos por Arturo J. Flores

Le tengo pavor a las alturas. Pero desde hace unos meses, cada vez que subo a un sitio elevado, pienso en cómo se sentiría sencillamente arrojarme al vacío.

Girar en el aire igual que una moneda echada a la suerte. Hasta que mi cráneo se haga pedazos contra el pavimento. Entonces bajaría al infierno para platicar con Satanás en persona.

“Existía una leyenda del diablo con un tal Florentino,

Obviamente un cuento pero inteligente,

Para irme de este infierno, infierno literalmente,

Vociferé durante meses que podía con el jefe

Recitando versos entre fuego y heces,

Hasta que un día apareció un viejo con traje,

Que me dijo pierde y me llevo a tu padre de homenaje”.

El 20 de enero serán cuatro años desde que Tyrone José González Orama Canserbero se lanzó o lo lanzaron del piso décimo de la Urbanización Andrés Bello. Antes de eso apuñaló –o no– a su anfitrión, el bajista de Zion TPL, Carlos Molnar. Porque aunque apareció desangrando en el suelo, la única testigo de su deceso, su esposa Natalia Améstica, desapareció llevándose la verdad.

Todo alrededor del caso está nublado de misterio. Carlos pudo encontrar en la cama a su amigo rapero, al que invitó a su casa para ayudarle a superar un cuadro depresivo que también se rumora nunca existió, con su mujer. Tal vez lo cogió del cuello y lo aventó por la ventana. Entonces Natalia pudo apuñalar a su esposo.

O quizá Cancerbero hundió el arma en el cuerpo de su amigo y luego desmontó con cuidado las romanillas (vidrios) de la ventana antes de abrirla –lo cual parece muy improbable para alguien a quien urge acabar con su vida– para suicidarse.

“El más traidor puede que lo tengas de frente,

Bebiendo tus frías o compartiendo tu cena caliente,

Ojalá se ahoguen los que siempre mienten,

Y una vez en el infierno que se quemen para siempre”.

Y si lo último es la verdad, reflexiono mientras googleo el nombre de Natalia para descubrir en una fotografía suya las razones que pudieron, o no, orillar a Tyrone a traicionar a su hermano, ¿podría alguien culpar al rapero por hacerlo? ¿de verdad existió ese ser humano libre de pecado, capaz de arrojar la primera piedra, del que nos habló Jesucristo, o se trata de algo tan improbable como un unicornio?

“Como empujar a un niño de un año y medio de vida,

Sin una maldita razón,

Como un paracaidista que olvidó el paracaídas…”

Le temo a las alturas. Apenas me despego del piso me invade el mareo, la náusea. Apenas puedo imaginar siendo ese cuerpo de 26 años golpeando contra los muros del residencial Camino Real, destrozándose los huesos contra la jardinera en la que cayó.

¿Habrá pasado –como se piensa– la película de su vida delante de sus ojos en esos interminable segundos de caída libre? ¿El asesinato de su medio hermano? ¿Sus días en la Universidad, estudiando Derecho y Ciencia Política? ¿La inexplicable exactitud que lo llevó a bautizar sus discos más representativos como Vida y Muerte?

Cuatro años.

¿Por qué todos los héroes se quitan la vida?

¿Pesa demasiado como para cargarla hasta los 30?

Tal vez le tengo miedo a las alturas porque como a Can, el abismo me devuelve la mirada. Me guiña un ojo. Me invita a que me lance. En una de esas, le tomo la palabra.

“Me hallaba en un ataúd rodeado de toda mi gente,

llorando mi cadáver que podía mirar sonriente”.