PJ Harvey camina ataviada de negro entre puestos de comida, basura y miseria. O eso pensamos y quizás lo que haya ahí en realidad y no nos demos cuenta porque estamos ciegos sea oro puro mimetizado en tercermundismo y suburbia marginada. Parece Carrie Mathison  —la protagonista de la que fuera una de las series más premiadas en su momento: Homeland, que este año llegó a su fin sin muchos aspavientos, pero su misión es otra y hasta donde sabemos, Polly Jean Harvey en A Dog Called  Money no pretende cazar terroristas sino salir de su zona de confort creativa (literalmente y no como dicen algunos artistas listillos cuando se les acaban la coca y el champagne y se sienten perdidos). Y es que con el pretexto de encontrar a las musas que la impulsaran a grabar un nuevo disco y registrar dicho proceso en un documental, la inglesa recorrió algunas calles en conflicto de Kosovo, Kabul e incluso Washington, en busca de nuevos aires para su música y de llevar a buen puerto el disco The Hope Six Demolition Project. La acompañan además de su propia sombra y su inspiración poética y taciturna, el multi-premiado fotógrafo y director de cine Seamus Murphy colaborador casi de cabecera de PJ con quien la amazona alternativa ya había trabajado en Let England Shake, sin duda un antecedente claro para comprender este documento creativo.

TXT:: Alejandro Mancilla

¿Atrapa? Sí, pero no es un trabajo digerible ni un rockumental tradicional; A Dog Called Money encaja desde el momento en que el espectador entra en el mood y comprende que no obstante el activismo palpable, PJ Harvey no es Bono travestido ni estamos en los años 90. Lo interesante es descubrir cómo las imágenes que deambulan ante nuestros ojos, las voces en off, los versos que se escupen silenciosamente cual mantras y el contexto miserable en el cual se busca hallar esperanza, todo, todo termina plasmado en el álbum número 9 de la artista. Sí, el documental entra en la categoría de experimental y auto-reflexivo, y el espectador debe ser cómplice de las andanzas y elucubraciones de la artista y convertirse en un ente voyerista pasivo sin la posibilidad de darle “like” o huir,  tal como los curiosos que como si de un aparador que exhibe la vacuna del covid-19 a la venta se tratase, se asoman al estudio grabación montado ex profeso en un sótano en la zona Somertset House en Londres. Sin duda, el lugar menos indicado para ir en busca de un souvenir de James Bond o Harry Potter, pero acorde al espíritu arty del proyecto que se asemeja más a una instalación que a una reivindicación posmoderna de la puesta en escena del Let it Be en el estudio de Abbey Road o en la azotea de un edificio de Londres donde los Beatles se ofrecían como un entretenimiento urbano desfachatado frente a las masas.

Si bien el objetivo de mostrar la diferencias entre primer y tercer mundo se pierde un poco en el camino, A Dog Called Money sí logra exhibir esa brecha de forma crítica la mayor parte de las veces, aunque en ocasiones la intención es más bien afín al panfleto de alguna ONG en contra de la gentrificación (pero finalmente, se agradece esa dualidad).Y es que la mayoría de las escenas cumplen con la misión de generar consciencia y revalorar lo que significa la libertad, el valor del dinero y la poesía y el rock como armas contra el sistema (¿dónde lo hemos visto antes?). Interesante la analogía visual (con canciones y ensayos de PJ de fondo) entre niños de Afganistán y los de regiones marginadas de Estados Unidos. Sin duda, un trabajo arriesgado pero solvente, un poco atrapado en una narrativa en función de la dinámica personal de la artista y no del espectador, pero definitivamente un documental imposible de dejar de ver. 

La obra forma parte del ciclo Ambulante en Casa, que dentro de la sección “Sonidero”, exhibirá en línea este documental. A Dog Called Money, la película de PJ Harvey y Seamus Murphy, estará en línea 24 horas a partir del 15 de mayo. Más informes, en las plataformas de Ambulante.