Tal parece que nos hemos acostumbrado a que los artistas debuten cada vez más jóvenes. Es por ello que resulta sorprendente que alguien lo haga a los 31 años, y más aún en la escena británica, donde casos como el de The XX y Arctic Monkeys, entre tantos otros, nos refieren al estallido del talento precoz. Entonces es preciso resaltar el brillo y la claridad de ideas que acompañan al primer disco de Nathan Ball.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Tras publicar algunos sencillos y un EP acústico, el llamado de atención definitivo lo obtuvo tras de colaborar en el álbum más reciente de Faithless -siempre bajo los enormes reflectores mediáticos-; ahí colocó su voz aterciopelada y no pasó desapercibido. Entonces, cuando el 20 de agosto vio la luz Under the mackerel sky (Viva La Music, 2021), el entorno era mucho más propicio para un artista radicado en el Condado de Cornwall -al sur de la isla-.

En las 12 canciones del disco hay un pop electrónico que va variando su intensidad hasta hacerse lento y algo lánguido para luego acelerar en ritmo, y en la paleta emocional también. Hay que subrayar el impecable y definitivo trabajo de producción de Nicholas Verhnes, alguien que ha trabajado para The War on Drugs y Deerhunter, y ello se nota en la pátina sonora del disco.

Nathan es alguien cuya obra está muy marcada por la naturaleza, la región donde vive y, especialmente, el surf; de hecho, la presentación oficial de Under the mackerel sky se llevará a cabo en el pequeño pueblo de St. Agnes, a través de una fiesta que comenzará con comida, playa y tablas, para cerrar con la puesta de sol y la presentación (este 28 de agosto).

Under the mackerel sky es un disco en el que los sintetizadores sobresalen y acompañan un exquisito registro vocal. El resultado nos refiere hacia lo que hace gente como Bon Iver, James Blake y Rhye. Es preciso clavarse en la belleza de “Friend/Lover” para dimensionar las alturas a las que puede llegar Nathan Ball; quizá sea esta la mejor canción de esta entrega, pero ahí está también “Tape over it” para darle pelea.

Ball aprovechó la oportunidad para retrabajar “Drifting” (del 2017), la cual aparece renovada, con más sintes y percusiones; y, también, apasionado de los paisajes y las costas de Cornwall, tomar un poema que el escritor John Betjeman dedicó a un entorno natural de tan superlativa hermosura para llevarlo hasta su territorio sonoro; un trabajo que a Nathan le sirve para titular al disco y concluirlo.

En Under the mackarel sky encontramos a un músico que se deja llevar por el olor a salitre, que contempla el cielo desde la orilla de una empinada colina y lo que encuentra es un jurel, un pez que se contorsiona y desparrama notas invisibles con las que él elabora sus canciones.