TXT: Toño Quintanar

David Lynch es responsable de algunos de los momentos más bizarros y sobrecogedores dentro de la historia del Séptimo Arte; mismo logro que se debe a una potente fusión entre conceptos surrealistas y estilismo tremendista. A continuación, te ofrecemos una lista con cinco de los momentos más representativos de dicho fenómeno.

El fantasma en Inland Empire.

Lynch retoma las crípticas experimentaciones que definieron a sus obras más tempranas para ofrecernos una secuencia sugestivamente onírica en la que nuestras pesadillas más tremendistas se ven conjuradas graias a la plasticidad propia de la imagen en movimiento. Después de ver esta secuencia, caminar por un pasillo obscuro nunca volverá a ser lo mismo.

-El terror de Winkies en Mullholand Drive.

El detenemiento a través del cual trasncurre esta secuencia es un magistral ejemplo de las posibilidades del suspenso fílmico. Después de sumergirnos en una angustiosa expectativa, esta cinta lleva a niveles sublimes nuestra capacidad de sobresalto mediante la aparición de una dantesca figura que nos obliga regresar a la indefención de nuestras edades más tempranas. Un momento cumbre dentro del género del terror.

-La chica en el radiador de Eraserhead.

Clásico de clásicos. Esta produción -el primer largometraje de Lynch– es una auténtica colección de horrores y extrañezas; sin embargo, no cabe duda de que la medalla de oro se la lleva esta inquietante muchachita cuya aparición conjura todos aquellos rasgos iconográficos que por años han sido el combustible de nuestros sueños más obscuros.

Rabbits.

Una de esas producciones que nos obligan a preguntarnos qué diablos estamos viendo. Articulada en forma de sitcom (en versión ultra-bizarra), esta producción nos presenta a una familia de conejos humanoides cuyas acciones se desarrollan un ambiente tremendamente extraño que, de forma paulatina, sumerge al espectador en una atmósfera de inquietud casi subliminal. Míralo con las luces apagadas y me creerás.

The Alphabet.

Todo parece indicar que los momentos más perturbadores dentro de la obra de Lynch yacen impresos en sus primeros trabajos de corta duración; mismos que destacan como un auténtico labortorio de pesadillas donde surrealismo y extrañeza se conjuntan para ofrecernos una experiencia plenamente malviajante. Esta obra en particular se trata de una experiencia verdaderamente aterradora que podría definirse como un precursor de cintas como The Exorcist.