Las redes son demasiado humanas. Curiosidad, ego, envidia y exhibicionismo las nutren. Quienes dicen que son deshumanizadas se equivocan. Es justo lo contrario, hay un exceso de emociones y sin restricción  de entrada, el problema curiosamente es la salida. Pero, ¿debemos saber tanto de tantos? Si es inevitable el desgaste en una relación, que el ideal se erosione con la rutina, que las malas caras y peores palabras terminen por brotar, por qué no iba a ser lo mismo en las relaciones virtuales. Ya es buen momento de saldar cuentas con Facebook, Twitter, Instagram y demás fenómenos de democracia circense pero sin pezones, para los pezones ya están las nuevas redes de pago como OnlyFans, uno de los hits del confinamiento, y en el que el infinito afán de likes de algun@s conlleva una lluvia de dinero, eso sí, hay que enseñar carne, pero al fin y al cabo, de eso se trata.

Desde que las redes sociales entraron en nuestra vida y se convirtieron en el foro en el que se resuelven cuestiones de toda índole, alimentadas por tanta humanidad; el Estado Islámico, Trump, los nacionalismos europeos, los populismos latinoamericanos, la Primavera Árabe que lo dejó todo igual pero con guerras de por medio que aún no han terminado, “Despacito”, el empobrecimiento del lenguaje, el chiste para entenderlo todo, el reggaetón tardío, religiones ultras, negaciones varias, el patíbulo virtual #MeToo, con su justicia a lo Juez Dredd o perder el trabajo por una foto; han llegado a nuestras vidas de manera masiva y sobre todo intrusiva. Esta semana en un pueblo de Chiapas un simple mensaje colgado en redes que acusaba a las autoridades de lanzar químicos contra la población para su exterminio desde un drone, para luego ocultarlo tras la cortina del Covid-19, provocó la quema de la casa del presidente municipal y la de la madre del gobernador, una mujer de 79 años.  Y es que las capacidades de lo virtual no han de ser infravaloradas, el poder del todo, desde un mismo punto físico, la ubiquidad reservada a los dioses y ahora alcance de todos los humanos, es una tentación irresistible.

”Hay que llamar divina a una tendencia que tiene como tarea infinita la característica más propia de la divinidad, la proclamación absoluta de lo virtual – realidad de todo lo posible-“, dejó escrito en 1793, en su libro Cartas Sobre la Educación Estética de la Humanidad, el alemán Friedrich Schiller. El párrafo finalizaba diciendo, “y la absoluta necesidad de la apariencia –necesidad de todo lo real-“. Esta es la gran contradicción bajo la que se esconde la frustración generada por las redes sociales, el camino incompleto de las sensaciones. Quizás sea la sexualidad la más herida de las expresiones humanas. Mejor sexting que nada, mejor sexo por chat que el onanismo perpetuo, mas ahora, enclaustrados por un virus invisible. Pero esa humanidad que entra en tromba en las redes no acaba de encontrar la salida necesaria en lo virtual. Ya decía George Batellier que la esencia del hommo se basó en la sexualidad, planteándole un problema cuya única salida es el enloquecimiento. “La violencia del placer espasmódico se halla en los más hondo de mi corazón”, escribió el francés. En esa enajenación sexual mutua, el encuentro físico con el otro, la cercanía convertida en una ruptura del límite físico, en una entrega corpórea absoluta, por unos instantes aplaca el drama de lo efímero de nuestras existencias. Gravity alrededor de otro cuerpo, índice temático de la canción del último trabajo de Adrian Younge & Ali Shaheed Muhammad, con la voz de uno de los vocalistas que mejor trasladaron el mundo de las sensaciones físicas al sonido, Roy Ayers. Un disco que rezuma el poder del sexo y del jazz sudoroso. Un buen remedio para completar las sensaciones, aunque sean  bailando solo.

Hoy es difícil decir si la capacidad humana de hacer carne los sueños, supera el poder de lo virtual. La suma infinita de atenciones en pantalla, el juego oculto de la vanidad, que para muchos de los nacidos a partir de los años 90 llegó antes que el propio goce de la piel de otro, puede haya dejado en una frágil posición el encuentro erótico y  físico. Si como parece los próximos meses la pandemia va a seguir presente en nuestras vidas, el encierro nos escora a lo virtual, también en lo sexual. Aunque no hay que tampoco dejar de lado algunos datos recientes. En España la reactivación de la búsqueda de vivienda ha tenido un aumento del 20%, una de las causas son los divorcios tras dos meses de confinamiento. Puede que estemos ante expresiones de la “absoluta necesidad de apariencia” como decía Schiller, o quizás efectivamente no estemos listos para saber tanto de nadie, ni de nosotros mismos.

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