Las animaciones de Julian Antonisz te van a gustar si eres de los que están buscando cosas experimentales y poco conocidas. Con despreocupado trazo, Julian pintaba directo sobre la celulosa, en un proceso que el demoninó non-camera. Podían ser miles de pinturitas de 35 mm para lograr sus películas.

Es muy inquietante la manera que dibuja, ya que parecen dibujos hechos por un niño con severo daño emocional; y por las decisiones que toma –por ejemplo casi dos minutos de estática–, que te hacen pensar "esto no es posible", pero de alguna manera te atrapa para seguir viéndolos.
 

 

 

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