Jimena Montemayor es una cineasta quien, a lo largo de su carrera, se ha caracterizado por hacer del lenguaje fílmico un arma sensorial que permite a los espectadores acceder a un amplio abanico de texturas emotivas.

Con motivo del estreno de su más reciente cinta –“Restos de Viento”– esta realizadora platicó con Revista Marvin acerca de los procesos y retos que implica hacer cine en esta nueva era:

Marvin: En Restos de Viento podemos observar una fusión entre el mundo de la realidad y el de la fantasía. ¿A qué se debe esta decisión?

Jimena: Para los niños la fantasía es lo real. Quería jugar con la literalidad de los niños. Los niños tienen maneras de entender al mundo a partir de distintas proyecciones. Hay algo que perdemos en la vida adulta y tiene que ver con el sentir. Cuando somos niños sentimos sin racionalizar. Los niños tienen el corazón abierto. Es más fácil para ellos jugar con el dolor y después dejarlo ir.

Marvin: ¿Cómo fue trabajar con el elenco infantil de la cinta?

Jimena: Los métodos fueron distintos para cada uno de los actores. En el caso de Paulina Gil, ella ya tenía escuela actoral. Por otra parte, Diego Aguilar no había hecho nada aún, era su primer acercamiento a la cámara. Queríamos niños frescos para esta película. Decidí no darles un guión como tal. Ellos mismos construyeron a sus personajes, a su mundo interno. Queríamos que tuvieran un imaginario propio. No estaban realmente actuando, ni siguiendo una línea; había mucha libertad en sus rasgos. Ellos sólo tenían una idea general de lo que debía de ocurrir.

Marvin: ¿Qué ha cambiado en tu perspectiva como directora para esta segunda cinta?

Jimena: La primera cinta fue muy independiente. Restos de Viento es una película más “tradicional”. Uno de los grandes cambios fue tener a un equipo más grande quien, a su vez, tiene sus propios dolores, talentos y emociones. Estas personalidades influyeron al momento de crear en conjunto. En mi primer película todo estaba en mi cabeza, en esta nueva producción hubo un proceso más complejo en el que distintas personas se involucraron. Aprendí a resolver muchas cosas en momentos de caos.

Marvin: A lo largo de Restos de Viento podemos ver un empleo muy “sensorial” de la cámara. ¿Cómo fue este proceso?

Jimena: Quería hablar del hecho de que todos fuimos niños. A veces olvidamos lo que se siente. Quería recrear la nostalgia de ese mundo que no te pertenece, que tiene reglas que desconoces, que te queda grande. Quería recrear esta mirada infantil, siempre en movimiento; en contraste con la monotonía del mundo adulto.

Marvin: Carmen, la protagonista adulta de la cinta, es una mujer quien, además de sufrir la pérdida de su esposo, se encuentra en un país que no es el suyo. ¿Por qué elegir un contexto tan específico para tu protagonista?

Jimena: El aislamiento es algo que te puede pasar incluso cuando estás rodeado de gente. Para fines narrativos, quería aislar a la madre. Es por eso que la cinta ocurre en un contexto histórico donde no había interconectividad y las distancias eran más grandes. Quería que el personaje fuera alguien quien estuviera desconectado incluso de su tierra natal. Éste fue un aspecto que me ayudó a crear un “limbo” para este personaje.

Marvin: ¿Qué tanto de tus propias experiencias personales hay en la cinta?

Jimena: La historia ya estaba escrita desde hace tiempo. Pasé por un duelo durante este lapso y fue un proceso muy visceral. Al final creo que estuvo bien que la película se demorara en levantarse para que yo pudiera experimentar una propia evolución en mi duelo. Era importante que yo entendiera de qué era de lo que quería hablar.

Marvin: Háblanos de tu próximo proyecto.

Jimena: Comenzamos a grabar en agosto. Es la adaptación de una novela. Es la historia del asalto a un cuartel militar en Ciudad Madero, Chihuahua; en 1985. Se trata del primer levantamiento de guerrilla contemporánea en México y será narrada desde la perspectiva de las mujeres quienes vivieron este evento.