Este año se cumplen veinte años de la publicación de la primera edición de Persépolis, novela gráfica autobiográfica escrita e ilustrada por Marjane Satrapi. En mayo del 2020 se cumplieron treinta años de la aparición  de la editorial francesa de historieta L’Association, fundada por JC Menu, Stanislas, Mattt Konture, Killoffer, Lewis Trondheim, David B. y Mokeït . Concebida como una sociedad de autores del nuevo movimiento de cómic independiente francés en los años 90`s.  Gracias a esta editorial  pudimos conocer el trabajo de  Joann Sfar y Marjane Satrapi alumna directa de David B.

TXT:: Carlos Priego

Estos aniversarios son una coincidencia significativa y digna de celebrar por diversas razones.  Entre ellas es que los lectores de novelas gráficas que muchos años atrás fueron seducidos por Tintín, Astérix y Obélix, o Spirou y Fantasio, -y que habitualmente eran bombardeados con la reedición de material antiguo y el lanzamiento de nuevos títulos que tendían a imitar estilos y subgéneros consolidados dentro de la industria- Encontraron en este movimiento una nueva hoja de ruta con temas frescos.

Los temas de hoy están más inclinados hacia la no ficción, por ejemplo el genero de cómic periodismo o cómic documental de donde surge : World War Ilustrated, Joe Sacco, Oscuridades Programadas de Sarah Glidden o Le Photographe de Emmanuel Guibert, son obras que abordan, desde un enfoque periodístico, conflictos bélicos en  el mundo. También actualmente predominan las autobiografías, género que al parecer sigue sin aburrir al público.

Cabe mencionar que muchos autores de biografías, desde sus trincheras están intentando hacer trabajos periodísticos aún sin alcanzar el resultado conseguido por Guilbert o Sacco. En este sentido, Eizabeth El Rafie ha demostrado muy bien como la autobiografía se ha visto enriquecida por las posibilidades formales que ofrecen los cómics para trasmitir la experiencia subjetiva del tiempo y la forma en que funciona la memoria.  Tenemos El juego de las golondrinas de la libanesa Zeina Abirached. El diario de viaje es otro tema recurrente Cita en Phoenix de Tony Sandoval o Cuaderno de Cuba de Lapin.

Los relatos donde el futuro -o un presente paralelo- se tornan algo aterrador aunque plausible son un caso recurrente para la narrativa gráfica, tenemos a Enki Bilal y su trilogía Nikopol, una saga futurista qué inicia con La feria de los inmortales, proseguida con La mujer trampa y culminada con Frío Ecuador donde profundiza en su visión de un futuro caótico y delirante afectado por las pandemias. También están Black Hole, de Charles Burns, publicado entre 1995 y 2005, la historia trata sobre una extraña enfermedad de transmisión sexual llamada “La Plaga” que comienza a tomar por sorpresa a la juventud de los suburbios de Seattle en la década de los 70s. Otro caso muy importante es Y, el Último Hombre creada por el guionista Brian K. Vaughan y la dibujante Pia Guerra, en ella se narra la historia de una misteriosa plaga que azota al mundo eliminando a todos los seres humanos con cromosoma Y excepto al protagonista Yoric Brown.

Otro caso más es el de la editorial belga Le Lombard que en 2019 publicó Green Class, historia que cuenta la vida de un grupo de adolescentes canadienses que durante sus vacaciones en Luisiana enfrentan un virus muy contagioso que va mutando lentamente hasta convertir a sus portadores en muertos vivientes. Es curioso que entre otros temas, y al ser una historia sobre miedo, no faltan asuntos como la inmigración, el racismo, el egoísmo, la falta de solidaridad, o los enfrentamientos generacionales.

Hoy es un buen día para morir

Hoy es un buen día para morir publicada por la editorial Dibbuks en 2016 surgió en una época en que no había muchas historietas de su estilo, es decir, de enfermedades que azotan a la población mundial, mundos distópicos y situaciones imposibles.

El autor, Jesus Colomina, Colo (Madrid, 1968), es ilustrador publicitario desde hace más de 20 años y ha planificado más de 1500 películas publicitarias. Su debut en el mundo del cómic fue marcado por De perros y de huesos que le otorgó el II Premio Internacional de Cómic Planeta DeAgostini, principalmente por su trazo original y por su elaborado guión, lleno de trabajados diálogos que recuerdan a los del mejor Tarantino.

Colo durante los primeros años de la crisis económica española notó una sensación de desesperanza, de descomposición social y parecía que el futuro se cerraba completamente. Aunado a lo anterior, la experiencia que vivió una de sus amigas cercanas -que debió pasar cuarentena por la gripe A- lo llevó a reflexionar dos situaciones que van de la mano: la del mundo amenazado y la de cómo reacciona el ser humano ante situaciones extremas. El resultado fue un argumento muy simple: un mundo paralizado por una pandemia que afecta a toda la población.

El escritor y filósofo Umberto Eco decía que las novelas gráficas, en su mayoría, reflejan la implícita pedagogía de un sistema y funcionan como refuerzo de los mitos y valores vigentes. Y sin duda esto aplica también para Hoy es un buen día para morir.

Colo se sitúa ante un hecho inesperado: una delegación científica ha dejado de dar señales de existencia. Al localizarlos, el equipo de rescate se encuentra un desagradable espectáculo: todos los miembros de esa expedición han muerto por extrañas circunstancias. A causa de un inesperado invitado, un virus que afecta al sistema nervioso y desata cuadros depresivos que terminan con la muerte del individuo, el mundo se adentra en un proceso de destrucción en escalada, la raza humana afronta el fin mientras abraza el caos.

Uno se coloca en esta situación como entra en la trama del libro: con la guardia baja ante la angustia que produce la simbología contemporánea a la que Jesús Colomina da curso.

Como en otros de los libros publicados por el autor, este es como mirar a un espejo. Su principal virtud es formular preguntas sobre quiénes somos, más que ofrecernos respuestas sobre quién es él. Así, los distintos retratos de sus personajes reflejan a su vez un mundo cansado y silencioso. ¿Es el mundo el que está roto o lo son sus habitantes? La modernidad literaria de este autor consiste en su capacidad de indagación, que le lleva, en efecto, a bajar a los infiernos, pero resuelve, con su estilo y con su voz, las situaciones más complejas.

La gran calidad literaria que presenta esta novela, enmarcada dentro de los códigos que rigen el cómic, hacen de Hoy es un buen día para morir un gran exponente del movimiento de El nuevo cómic francés, que desde los años 90 ha agitado a la industria del cómic convencional, y que ha llevado a la publicación de obras de gran importancia para la historia del cómic contemporáneo. El estilo para fusionar la narrativa con el dibujo, la voz, la capacidad de presentar un tema tan profundo y extenso y el ritmo que alcanza este libro, logran llegar a un extraordinario equilibrio entre lo que se dice y la forma en cómo se dice.

Hoy es un buen día para morir es un claro exponente del nuevo movimiento de la industria del cómic, reivindica los formatos alternativos de publicación que huyen del formato de cómic europeo, de entre 42 y 50 páginas de extensión, y se asemeja más a una novela de una sola entrega. Su lectura debe hacerse después de ver los noticieros de la televisión, pues es una indagación en el ser humano envuelto en la tristeza del mundo contemporáneo y a la vez es una gran metáfora visionaria sobre la irracionalidad humana contemporánea. Lo que describe no es irreal, exactamente, la irrealidad es la que estamos viviendo.

Con este trabajo Colo demuestra que el nuevo movimiento de novela gráfica inyectó vida al género. Aunque reconoce que existe un enorme desafío en una industria saturada de ofertas de nicho, de personajes extraordinarios mayormente dirigidos a un público juvenil. Lo significativo es que nos dice que podemos amar las historias, disfrutar los textos, leer las imágenes y debatir sobre ellas. Celebremos esta propuesta original y estimulante que logró capturar el espíritu de su tiempo, quizás sin proponérselo, y lo más importante evitando los estereotipos.

 

Colo