El próximo miércoles 6 de noviembre presentaremos un nuevo libro de la colección de Rock Para Leer, seguido por un cocktail cortesía de Bacardí. Este libro lleva por nombre David Bowie: Manual de amor moderno para aliens, un tributo a la obra y vida del Major Tom. El libro cuenta con 22 cuentos ilustrados y a semejanza de la vieja escuela y las viejas costumbres cuando comprabas un disco y te encontrabas con canciones extra este libro también tienes sus bonus tracks.

Este libro refleja la visión de cada uno de los autores y de cómo Blackstar llegó a sus vidas para cambiarlas. El primer bonus track de este libro influenciado por Starman está a cargo de Juan Ter Veen. Compra David Bowie: Manual de amor moderno  para aliens en nuestra tienda en línea en Kichink .

La chispa de la vida

TXT:: Jacobo Vázquez

ILU:: Ricardo Badillo

Conocí a Bowie por “Ashes to ashes”, “Let’s dance” y “Blue jean”. Mentiría si dijera que mi primer contacto con la música del cantante inglés fue con canciones como “Space oddity”, “Life on Mars”, “Heroes”, “Rebel rebel” o todos sus éxitos de los setenta. Los años ochenta se encargaron de borrar por completo la década anterior, haciéndola parecer muy anticuada. El Bowie que conocí convivía muy bien con todos sus alumnos: Japan, Duran Duran, Culture Club… Su look y propuesta musical encajaban perfectamente con el contexto de aquellos años. Y qué decir de su dueto con Mick Jagger en “Dancing in the Street”… más ochentero no se podía ser. Y claro, no podían faltar las canciones de Bowie en las fiestas para hacernos mover los pies. Mi amigo Enrique siempre cargaba un cassette con “Modern love”, cuando llegaba a una fiesta se acercaba al equipo de sonido y pedía permiso para poner su cinta. “I know when to go out and when to stay in get things done”, se escuchaba la voz de Bowie por las bocinas. Enrique se quedaba a lado del estéreo y tronando sus dedos llevaba el ritmo de la canción, mientras observaba como todos se emocionaban bailando.

Llegaron los años 90 y el grunge se encargó de borrar por completo la década anterior, haciéndola parecer muy anticuada. Adiós a la extravagancia del New Wave y sus peinados imposibles. Ahora las camisas de franela, las bermudas y las botas serían la tendencia a seguir. Enrique dejó de llevar su cinta con “Modern love” a las fiestas, ahora Bowie sonaría en la voz de Kurt Cobain en la versión de Nirvana de “The man who sold the world”. Para finales de esa década se anunciaría el primer concierto de David Bowie en México. No recuerdo que hubiera una emoción desbordada por el público por asistir, tampoco recuerdo que ninguno de mis amigos se haya quedado a dormir afuera de las taquillas del Palacio de los Deportes para conseguir un boleto, como lo habían hecho con U2, la primera vez que vino el cuarteto irlandés. ¡Claro!, no dudé en ir rápidamente por mi boleto en cuanto estuvieron a la venta; compré para lo que mi salario me permitía, es decir, de los baratos. Boletos en gradas, del otro lado del escenario. Afortunadamente, ser de los primeros me permitió escoger buenos lugares, a pesar de ser de los baratos.

Me sentía afortunado de tener mi entrada asegurada, no quería vivir la angustia de no alcanzar boletos para el concierto. Pasaron las semanas y había algo que me llamaba la atención: en la radio seguían anunciando la presentación de Bowie en el Foro Sol como: “un concierto tan ecléctico como Bowie mismo”. Lo decían porque además del Duque Blanco estarían Erasure y la nueva sensación del hip hop en México, Control Machete. En el Tianguis Cultural del Chopo, seguían repartiendo los volantes con la información del espectáculo. Parecía que ni la increíble personalidad de David Bowie ni toda su trayectoria musical eran suficientes para llenar el Foro Sol. Yo le preguntaba a mi hermano si ya había comprado su boleto y me decía que las entradas disponibles estaban muy caras, que seguramente se lo perdería. Me sentí mal por no haberle avisado que iba a comprar boleto el primer día que salieron a la venta.

Llegó el día del show. En los medios comentaban las fotos que el mexicano Fernando Aceves le había tomado a Bowie en Bellas Artes, Teotihuacán y Palacio Nacional. Entre los comentarios y las descripciones de las fotografías, seguían anunciando que todavía quedaban entradas disponibles para el concierto del cantante inglés.

¾¿A poco Bowie no va a llenar el Foro Sol? ¾pensé.

Antes de irme a la cita con El hombre que cayó a la tierra, vi a mi padre muy enojado porque las bolsas de la basura estaban todas revueltas. Conociendo su carácter, preferí no quedarme a averiguar lo que había ocurrido. Llegué con los amigos que había quedado de ir al concierto, Iván y su esposa Tracey. Él, un enamorado del britpop; ella, una inglesa recién llegada a México y que nunca había visto a Bowie en vivo. Platicar con ella sobre la música pop de su país siempre era muy interesante, su charla estaba llena de anécdotas inolvidables.

Tracey conoció a Bowie por una amiga de la infancia que era muy fan de The Human League. Su amiga le había dicho que todos los grupos que a ella le gustaban tenían algo en común: admiraban y amaban a Bowie. Y por supuesto que la amiga de Tracey tenía razón, bastaba con ver al vocalista de La Liga Humana para comprobarlo. Sin embargo, al terminar la anécdota, a Tracey se le humedecieron los ojos.

¾¿Sabes? me hubiera encantado que mi amiga estuviera aquí hoy conmigo.

Me contó que esa amiga había muerto de leucemia, y que pidió que el día que la enterraran lo hicieran con sus discos y posters de The Human League.

¾Pero bueno, olvidemos las penas y vamos a pasarla bien, que es lo que ella habría hecho hoy ¾gritó Tracey con una leve sonrisa y la voz entrecortada.

Entramos al Foro Sol. Control Machete tocando aún con la luz de día entretendría al respetable con su hip hop en español. Erasure pondría a bailar y a cantar a los casi 40 mil asistentes que ya ocupaban sus lugares. Cayó la noche y apareció Bowie, solo en el escenario, con su guitarra acústica, ése fue el inicio de un gran concierto, a pesar de la falta de algunos hits ochenteros. Bowie y sus músicos se encargaron de dar un gran show.

De vuelta a casa, vi que las bolsas de la basura estaban otra vez bien amarradas y ordenadas en el patio. Esa noche me dormí con la emoción del concierto de Bowie, pero también con la duda sobre qué había pasado con esas bolsas. Al otro día, vi a mi hermano en el comedor con una playera del concierto de Bowie.

¾¿Siempre sí fuiste al concierto de Bowie? ¾le pregunté.

¾Sí, y me salió gratis ¾me contestó con una enorme sonrisa.

Mi hermano había escuchado en una estación de radio que Coca-Cola había lanzado una promoción, que por algunas taparroscas te canjeaban un boleto para el concierto de Bowie. Al escuchar esto, fue directamente a hurgar en las bolsas de la basura de la casa, con la mala suerte de no encontrar ninguna botella. Así que fue de tienda en tienda buscando en los botes de basura aquellas preciadas joyas de plástico que le permitirían entrar al concierto.

Bowie ya no regresaría a México. Se convertiría en polvo de estrellas esparcido en Bali. Apuesto que hoy muchos serían capaces de cualquier cosa por tener la oportunidad de verlo en concierto, hasta de buscar un pedazo de plástico de forma circular en la basura.