TXT: Toño Quintanar

El cine animado, a pesar de verse inmiscuido frecuentemente en temáticas de índole fantástica, guarda en sus entramados estilísticos un dejo de dramatismo que, con marcada facilidad, puede tornarse en una herramienta capaz de plasmar las complicaciones más tangibles de la historia humana.

Dicha posibilidad, lejos de limitar el discurso de este tipo de producciones, sublima su potencialidad expresiva, recodificando la cotidianeidad a través de una vasta paleta de colores que brinda nuevas texturas a un mundo que pensamos conocer de forma total.

Para ejemplo de esto sólo basta observar Persépolis (2008) y Waltz with Bashir (2008), par de filmes que, haciendo gala de un estilismo animado contundente, presentan un cúmulo de anécdotas que destacan por su intensidad estoica.

Persépolis. (Marjane Satrapi, 2008). Basada en la novela gráfica creada por Marjane Satrapi, esta cinta sigue el crecimiento físico y espiritual de dicha autora a lo largo de distintos escenarios que guardan una sugestiva relevancia contextual.

Ubicándose primariamente en el Irán de la década de los setenta, Persépolis arranca con el drama de la ascensión al poder de los fundamentalistas islámicos, evento que se traduciría en la instauración de un recalcitrante régimen autoritario.

Mismo rasgo histórico que Satrapi usa de telón de fondo para plasmar una serie de inquietudes humanistas que despliegan una poderosa reflexión acerca de los abusos que suelen gestarse en este tipo de dictaduras.

Todo esto matizado mediante un cálido trabajo de animación minimalista que ofrece, tanto momentos de emocionante esplendor, como situaciones marcadas por un sombrío halo de desesperanza.

Waltz with Bashir. (Ari Folman, 2008). Por otra parte, esta pieza israelí nos introduce en las tensiones psíquicas ganadas por un cúmulo de muchachos durante su participación en la Guerra del Líbano.

Al igual que Satrapi, el director Ari Folman se indexa a sí mismo dentro de la narración; dando lugar a un relato de carácter autobiográfico donde el realizador rememora sus experiencias como combatiente de las Fuerzas de Defensa de Israel.

A diferencia del blanco y negro predominante en Persépolis, en esta producción se hace presente una variada cantidad de matices que, con insólita estridencia, va torneando la serie de relatos hilados por Folman.

Al mismo tiempo, es necesario remarcar la intencionalidad surrealista de esta cinta; atributo que dota a su discurso de un abanico de texturas capaz de conjurar un fulgor de trémula belleza en medio de escenarios ampliamente desoladores.

Como podemos observar, ambos filmes cuentan con un parentesco en común: el empleo de una narrativa de naturaleza biográfica que, a través del irreductible medio de la animación, nos lleva de paseo por momentos históricos de indómita visceralidad.

Sin embargo, cada una de estas piezas ostenta una estética y una postura creativa que la vuelve única dentro de su formato.

¿Cuál de estas cintas te parece la mejor? Nos gustaría que compartieras tu opinión con nosotros.

 

 

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