TXT:: Oscar G. Hernández

Parece inevitable que las historias sobre el holocausto sean siempre de supervivencia, el reto para quien quiera abordar este tipo de relatos es lograr salir del cliché y demostrar que siempre existe una manera de narrar el tema desde otra perspectiva, darle vuelta a la tuerca.

El Boxeador de Reinhard Kleist inicia de una manera distinta, planteando el problema de no entender el enojo y mal carácter de un padre, por su hijo adolescente el cual no comprende el porqué de alguien para vivir en la ira: “I was often scared of him…he wasn’t the kind of dad who played baseball with his son…”. Conforme avanzamos la lectura, resulta inevitable pensar en la fórmula quemada hasta el cansancio sobre algún judío que logró escapar del horror nazi. Sin embargo, Kleist burla el encajonamiento para estructurar desde otro ángulo y aunque aparece de facto la carga de los campos de concentración y el drama, el autor no sólo recurre a esos momentos, sino que aborda la vulgaridad de los fascistas que a la manera del imperio romano organizaban peleas por diversión con sus esclavos. En este caos de religión judía, para el que perdía existía un destino incierto.

El personaje adolescente en cuestión lleva por nombre Hertzko Haft, nacido en Polonia, uno de los gladiadores de los nazis, un peleador hambriento y raquítico que debía boxear contra otros de su misma condición para mantenerse vivo. Nada que corresponda a la imagen del atleta en el ring o el gladiador del coliseo.

Half vivirá el horror al máximo durante su adolescencia, pero su verdadera tragedia es haber encontrado el amor de juventud y haberlo perdido de inmediato; lo que lo obliga a pelear entonces, es el amor: lucha, tira golpes, boxea, cae y se levanta, una y otra vez. Con el único fin de volver a encontrar a su amada algún día. Algo que parece imposible estando encarcelado en el corazón de la guerra.

La guerra terminará, Haft sobrevivirá a los nazis para llegar a la tierra prometida, al llamado país de las libertades. Ya no hay nada que le retenga en la vieja Europa, ha perdido todo y a todos. Sin saber leer más que con sus puños, se irá integrando al boxeo profesional. Encontrará un resquicio de éxito poco a poco, un self made hero como ninguno.

No se detiene en la búsqueda de su amada, algo le dice que sigue viva, que logrará encontrarla si se hace brillar como una gran estrella. El sobreviviente muerde la lona, sin embargo, una vez más el destino le levanta para brindarle la oportunidad de pelear contra el mayor ídolo del boxeo estadounidense. Parece ser su momento, pero la vida le negará el triunfo tanto para el amor como para el boxeo.

La novela gráfica de Reinhard Kleist es una verdadera golpiza, puño tras puño, viñeta tras viñeta, con sólo momentos en que suena la campana para recuperarse y volver al asalto. De un dibujo completamente basado en el expresionismo alemán, éste es un libro que hoy día resulta necesario para ir en contra de los fundamentalismos que olvidan el horror y la estupidez de lo que representa separar, segregar, dividir.

Haft cambiará su nombre en los Estados Unidos por Harry, será mayormente conocido en el mundo del boxeo como La Bestia Judía, portaba en sus calzoncillos con orgullo la estrella de David. Una historia real narrada y dibujada de manera magistral por uno de los mayores representantes del cómic alemán de nuestros días. Der Boxer. Die wahre Geschichte des Hertzko Haft se haría acreedora al “German Children’s Literature Award”. La novela inicia el fin con un “ikh hob dikh keynmol nit fargens”, una lectura que nunca olvidaremos y que nos deja un corte en el corazón.

 

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