Que sería del arte sin retos que parecen de antemano insalvables o inalcanzables; hace falta arrojo casi hasta el límite de lo irracional, y es entonces que sobrevienen grandes hallazgos y sorpresas magníficas. Y es que he de decir que plantearse trasladar el imaginario narrativo de El principito al teatro ya reviste una gran dificultad, y si desde allí se parte a componer un álbum entero, con las canciones que se interpretarían en directo en la sala, la altura de la proeza aumenta.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Es tal la penetración del libro de Saint-Exupéry que prácticamente tiene una casilla propia en el inconsciente colectivo universal; vamos, es un activo cultural muy vigente que se destaca entre las lecturas de infancia y pubertad. Tal enclave emocional hace difícil su adaptación a otras disciplinas, como la música y la puesta en escena.

Es así que la aparición de Antoine -la increíble historia del creador de El principito– en formato de LP, distribuido por Warner Music, sorprende gratamente y nos coloca delante de un extraordinario trabajo de traslado del bien conocido texto al formato de canción, hasta conjuntar 16 de ellas. En este momento afirmo que se trata de una entrega que resulta entrañable y que oxigena a la historia clásica (aunada a detalles biográficos del autor en la obra).

Apenas transcurren unos segundos y Elefantes nos colocan al interior de ese mundo de fantasía y nostalgia: “En mi casa todo es pequeño, si fuera grande no podría cogerlo; en mi casa todo es pequeño, no hay mucha hierba para mi cordero”, son las frases con las que abre “Mi planeta”; en breve tenemos delante a ese niño rubio de cabellos ensortijados.

Dejando de lado la parte teatral (llevada a cabo en Madrid), en la que el propio Shuarma, líder de la banda catalana que completan Jordi Ramiro y Julio Cascán, ocupa el papel protagónico, podremos valorar un disco que funciona a la perfección por sí mismo y que en lo musical alcanza un alto nivel compositivo. En términos simples se trata de un disco de rock que tira de un poco de folk y electrónica -según la pieza lo demande-.

Como era de esperarse, el acierto procede de la parte narrativa; las letras son evocaciones perfectas que lo mismo aluden a esos legendarios árboles africanos (“Baobabs”) que se asoman a la bóveda celeste (“Entre millones de estrellas”). Pero la parte estelar la ocupa una terna de canciones dedicadas a aquella flor única y solitaria que fascinara a un personaje varado en su propia dimensión: “Quien ama a una flor”, “No soy una hierba” (de lo más electro del lote) y “Su aroma”, una preciosa balada que es poesía silvestre.

Ni duda cabe que la experiencia cuenta, y Shuarma y los suyos llevan un largo rato perseverando en la escena del rock español. Oficio, veteranía y sensibilidad se mezclan para obtener canciones conmovedoras y sentimentales -sin importar la edad del escucha-. Todo ello les ha valido para acertar en esta incursión que mezcla rock y literatura infantil.

Antoine lleva adelante la historia de una banda que ha tenido sus altas y bajas e incluso largos parones. A través de un inspirado manejo del lenguaje nos devuelve hasta el instante primero en el que nos hemos encontrado con El principito. Aquí una vez más el arte le pertenece en su totalidad a aquellos que se atreven a llevar a cabo tareas que parecen irresolubles y desproporcionadas.

Un álbum para regodearnos en el universo de quien en este plano fuera un piloto atrevido y desmesurado y que como escritor concibió una obra que exalta la grandeza del espíritu humano y la búsqueda de un lugar en el mundo.