Música

Woodkid y una hermosa y terrible pesadilla industrial

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Ambulante 2024

El año de la pandemia nos ha sumido en una especie de sopor que es como una bruma grisácea que no huele, que no despide ninguna clase de tufo o aroma. Estamos viviendo como bajo los efectos de una anestesia ligera que bloquea nuestro sistema nervioso; ¿cuántas veces en este año nos hemos sentido como zombies funcionales con la capacidad justa para cumplir apenas con nuestras con nuestras obligaciones?

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

A lo largo del 2020 he maximizado la necesidad de vincularme con álbumes que ofrezcan una experiencia lo más estremecedora posible. Y s16 concebido por Woodkid es una obra que utiliza la majestuosidad de una sección de cuerdas filtrada a través de una pátina de electrónica oscura para abordar la sociedad de nuestro tiempo desde lo público y lo privado; el músico hizo estallar ambas partes como si las metiera en un acelerador de partículas subatómicas.

Las piezas que lo conforman nos sumergen en un ambiente cinematográfico -que proviene de la otra faceta profesional del artista francés en la que dirige videos y películas-, nos va llevando a través de opresivos pasajes industriales -a la vez hermosos y pesadillescos- de los que brota la voz de un hombre atormentado y dolorido que canaliza sus sentimientos con sutileza.

Yoann Lemoine es un explorar muy clavado y como parte del proceso que lo llevaría hasta su segundo álbum se obsesionó con la industria pesada y sus gigantes máquinas; realizó visitas a plataformas petroleras en aguas profundas y luego a minas de carbón y plantas nucleares. Ahí se fascinó con la estética, con esos vapores que lo nublan todo, e incluso le permitieron operar maquinaria de gran tamaño.

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De ahí que las siglas que le dan título al disco (editado por Island Records) procedan del número atómico del Azufre y su lugar en la tabla periódica de los elementos. Como colofón de su proceso de investigación y creación, trató de asimilar lo que representa el Sulfuro, una sustancia que usada en fertilizantes ayuda al surgimiento de vida nueva, pero que a la vez puede utilizarse en armas que amenazan con acabar con la vida de las personas. Esa paradoja resultó decisiva al ser al mismo tiempo algo aterrador y atractivo, como lo describiera el propio músico.

La sensación que produce s16 es la de estar ante una producción de grandes alcances y recursos; ahí está la magnificencia de la sección de cuerdas, el soporte de capas de sintetizadores y secuencias percusivas que arrojan ritmos extraños. Todo el conjunto sirve a una voz serena y muy calculado que busca lograr el máximo de expresividad; tengamos en cuenta que por momentos nos recuerda al registro vocal de Anohni (antes Antony and the Johnsons).

El disco no se guarda nada, abre con ese entorno industrial que provoca un bullicio industrial metálico; estamos en “Goliath”, que se grabó en los legendarios estudios Abbey Road y que posee además un video aclamado por la crítica de forma unánime. Una vez más muestra la fragilidad de lo humano ante un contexto social y económico que presiona y ahoga.

Si ya en su aclamado debut, The Golden age (2013) había una gran parte épica, aquí regresa a ella, pero llevándola un paso adelante en la sofisticación. Y para evidenciarlo basta con poner atención a “Reactor”, que abre con la presencia del coro japonés Suginami Junior Chorus; Woodkid pudo grabar con ellos en Tokio antes del estallido de la pandemia y esas voces infantiles contrastan con su voz grave y conmovedora.  La sensación es que la música alcanza cotas muy altas de belleza, al tiempo que se está contando algo sencillamente terrible y angustiante; así es todo s16.

Cada elemento fue elegido minuciosamente y aprovechado al máximo, como lo fueron las obras de arte sonoro de Jean Tinguely que fueron grabadas en el Museo Stedelijk de Amsterdam y que más tarde sirvieran para crear los sampleos que se utilizan en “Pale Yellow”. Siempre está ahí esa carga de exploración estética para crear la estructura musical (en la que le ayudan Ryan Lott y el francés Tepr) y un deseo explícito de revelar en las letras sus debilidades; el leit motiv son las drogas y la adicción, especialmente a los antidepresivos.

s16 es un disco con un discurso que explora la autodestrucción envuelto en un magnífico entorno sonoro; es exuberante en su forma e íntimo en el fondo. Woodkid ha dado con una gran pieza de arte conceptual que se completa con los videos que derivan de la música y se afirma como uno de los artistas más propositivos del siglo XXI.

Staff

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