Música

Wagner, Umberto Eco, Mahler, Brecht: todo se funde en Rosalía

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Wagner, Umberto Eco, Mahler, Brecht: todo se funde en Rosalía

Anoche estuve presente en la segunda fecha de la estadía mexicana de Rosalía en la Ciudad de México y el Palacio de los Deportes. Me quedó con la conclusión que se trata de una puesta en escena de arte total, que es totalmente fiel a su tiempo… es transmedia, poética –sutil y terrena-, multireferencial y absolutamente inspirada.

TXT:: Juan Carlos Hidalgo

Fotografía:: Nayely Olvera

Entiendo que cada persona se quedará con sus apreciaciones y ponderará unos momentos más que otros en esta gira de la catalana en la que se propone reflexionar sobre la idea del Dios cristiano, pero ante todo, sobre la fe misma y los momentos de revelación –ya sea desde una experiencia mística cantada en italiano o bien de un techno desatado que evoca a un antro legendario berlinés-.

El compositor alemán Richard Wagner murió en 1883 –aún en el siglo XIX-, mientras que el escritor y pensador italiano Umberto Eco dejó este plano en 2016 –apenas hace una década-; tras de presenciar el Lux Tour me interesaría muchísimo que ambos presenciaran el concierto. Ese aliento elegiaco y épico de las Óperas de Wagner está presente en lo que hace Rosalía… con la orquesta alcanzando crecendos inflamados.

Mientras que Umberto Eco tendría la posibilidad de constatar cómo es que su Teoría de los niveles de cultura estalla en mil pedazos… ya no existen más alta y baja cultura; la tradición de la música clásica alterna con la rumba y el flamenco a la vez que puede ponerse caliente con el reguetón y otros palos caribeños. Eco tendría que reconocer que Eloy Fernández Porta tuvo razón al concebir al Afterpop y proponer una implosión de todo el sistema cultural para que emergiera un nuevo magma posterior a la postmodernidad.

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Si me apuro, también me gustaría tener ubicado a la mitad del “Domo de cobre” al compositor austrobohemio Gustav Mahler (fallecido en 1911) para que diera su opinión sobre ese aliento sinfónico que permea de principio a fin acompañado de frecuencias subgraves, que de manera literal estremecen el cuerpo y se sienten en las entrañas.

En poco más de dos horas, la catalana Rosalía evoca al Bel canto, se deja ir con un desfile de referencias a marcas de diseñador y personajes del mundo de la moda y el espectáculo, al tiempo que también se muestra como bailarina de ballet frente a una escenografía que nos remonta a las grandes Óperas y el teatro alemán… vamos que esas escalinatas con volumen hasta me hicieron acordar a Bertold Brecht, quien seguro refunfuñaría con esta especie de misa laica para las masas (de seguro ocultaría que le conmovió casi hasta las lágrimas).

Todo un acierto colocar una pantalla alargada (en la parte superior) en la que aparecen las letras de las canciones, ya que se trata de una fiesta poliglota en que hay espacio para que escuchemos pasajes en ucraniano, árabe y japonés –por mencionar a los idiomas menos obvios-.

Por supuesto, que desde el tema de apertura, una “Sexo, violencia y llantas”, que fácilmente les permitiría a Foucault o Jean Baudrillard escribir un ensayo sobre la sociedad contemporánea, hasta la reivindicación de la bachata a través de “La fama”, las capas de referencias e interpretaciones se van acumulando, pero vaporosas, como las telas que utiliza en otro momento del concierto, y que enfatizan ese gusto por la danza contemporánea, que entra en sintonía perfecta tanto con el par de enormes pantallas, ubicadas a ambos costados del inmenso portón que se abre y cierra varias veces durante el show.

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El público sube al escenario, se bebe tequila sobre un piano de cola, transmiten una verbena improvisada tras bambalinas y hay un diálogo constante con una muchedumbre ataviada en su mayoría con encajes y referencias de iconografía religiosa.

Rosalía organiza y da sentido a un inmenso y hermoso retablo barroco (en lo conceptual), de escenografía minimalista y con una parte musical en la que la tecnología alterna y potencia a una magnifica orquesta colocada en medio del recinto.

No me queda duda de que en este mundo vale “La combi Versace” y que el “Sauvignon Blanc” puede provocar una experiencia mística… la muchedumbre entera queda atrapada entre una bruma hipnótica y evocativa… poesía vocal y en movimiento de parte de una artista que posee una voz maravillosa que le viene de cuna, pero trabajada a detalle -¡Una gran figura global!-.

Aún me estremezco con ese cierre que muestra a Rosalía tan confesional y cercana –casi como la Venus de Boticelli– que se despide solitaria en ese gran escenario, mientras canta:  

“Gasolina y vino tinto

Puros y chocolate

Bailando con amor

Encima de mi cadáver.

Hoy se derrocha

Burlando la suerte

Y lo que no hice en vida

Lo hacéis en mi muerte.

Tírame magnolias

Tírame magnolias

Tírame magnolias”.

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Juan Carlos Hidalgo

Juan Carlos Hidalgo

Embajador de Tuzolandia por el mundo. Su novela más reciente es 'Ya no más canciones de amor' (Ed. Gato Blanco). En Marvin, coordina las colecciones 'Rock para leer' y 'Tinta sonora'. Forma parte de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica (REDPEM). Su libro más reciente se titula 'Una ópera egipcia', poemario a partir de un álbum de Los Planetas.

Auditorio BB