Chuck Palahniuk bendice, o al menos no condena, el reciente asalto al Congreso de EEUU. Algo por otro lado de lo más lógico “Forma parte de cómo funciona la sociedad y sirve para permitir que una nación se mantenga viva. Es natural” contestó el escritor de El Club de la Lucha al diario El País en una entrevista esta semana.

La muchas veces violenta narrativa de Palahniuk acierta al mostrar la contradicción que sufre el individuo, debido a la frustración de vivir en una sociedad donde la promesa de realización personal llega en forma de bombardeo publicitario, y el ansía de sentir se satisface con una incesante oferta de estímulos bizarros en forma de ocio y de drogas.

Sin necesidad de cuestionar dioses main stream por medio de la razón, nos
dormimos entre nuevas deidades virtuales. La violencia social de hoy es más un acto de inocencia que de maldad. Prolongar al estado real de las cosas la narrativa de series, películas o vídeo juegos, no parece una conclusión tan descabellada. Si además ´guionizamos´ nuestras existencias hacia la imagen perfecta, al exponernos en las redes, si nos hemos de convertir en divinidades estéticas, en nuevos Moisés que cargan renovados mandamientos, pues normal acabemos por hacer performance pistola y megáfono en mano.

Los métodos interpretativos son pura praxis diaria, al final el actor se mete en la piel del personaje, la simbiosis muchas veces no tiene retorno. Cada día hay más Johnny Weissmüller sueltos, tip@s que como el gran intérprete de Tarzán, van en tapa rabos proclamándose con gritos reyes de la selva. Al menos Johnny Weissmüller murió en su residencia de Acapulco, los nuevos tarzanes fallecerán la mayoría en sus depas de 40 metros cuadrados con su celular en la mano repasando likes.

La nueva jungla de moda es Telegram. Ya hace tiempo la red social es del gusto de los más enterados del salón. Pero la reciente, y fugaz, censura a Trump de las redes gringas, ha producido un trasvase masivo de usuarios. Y si hoy hablamos de usuarios hablamos de money money. Q Anon, sin que nadie sepa muy bien qué y quiénes son, ni siquiera si es un órgano centralizado, se ha lanzado a una campaña de captación de recursos en Telegram, donaciones de sus fieles.

El fenómeno de fuga de capitales ( no son más que eso los llamados usuarios en la economía de los datos) a Telegram es mundial. La proliferación de grupos conspiranoicos, en tan solo dos semanas, en la red a nivel mundial también. La llamada desinformación es un tsunami en Telegram. Los mass media  están denunciando este fenómeno puntualmente con artículos, los mismos medios que en cambio anuncian alegremente en portada  campañas de vacunación que luego no se cumplen, sin reflexionar sobre las consecuencias sociales de dar pábulo a la incompetencia de los que nos gobiernan, añadiendo desasosiego en estos tiempos oscuros a la crew mundial. Una intranquilidad que es el sentimiento predominante en el primer disco del coreano japonés Haku Sungho, titulado The Farthest Creole y publicado en el label Bedouin Records de Bangkok.

La accesibilidad de la información gratuita, y de varieté, de las redes sociales, frente a la de los medios de información que requieren de pago para su acceso, da una gran ventaja a las primeras. Por eso preocupa tanto a los que nos gobiernan, motivo de tanta secretaría
de la verdad surgiendo en diversos países. Hay interés o por censurar en las redes, o incluso por controlar la misma censura que éstas pueden aplicar sobre qué se dice. Todo depende del nivel y capacidad del ejército de trolls del partido político en  el ejecutivo con capacidad para legislar e imponernos una visión de la libertad y de la verdad.

Los organismos públicos andan más preocupados por nuestra opinión que por otras problemáticas, hábitos, en dirección contraria a la sociedad madura que se supone debemos ser para afrontar con acierto las muchas amenazas para nuestra convivencia e integridad. Si el ocio no es suficiente para paliar angustias y dolencias, tenemos a nuestra disposición una bolsa de caramelos apaciguadores. Analgésicos y ansiolíticos aumentaron en México su uso un 10% en los primeros meses de la Pandemia. La venta de diazepam, clonazepam, triazolam y metilfenidato, medicamentos usados para tratar insomnio, trastorno de pánico y depresión, protagonizaron esta escalada ‘farmapedocologica’ según la Asociación Nacional de Farmacias de México (Anafarmex).

En estos tiempos que quien no tiene alguna modalidad de terapeuta no es nadie (la Iglesia nos dejó como gran invento un método y una figura para el blanqueo de nuestras miserias que con mucho éxito se ha mantenido y transformado a lo largo de los siglos, hasta el boom de terapias de nuestros días), hay un incremento de enfermedades mentales detectado por los psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas, paralelo a la auto medicación de quita angustias. Según un encuesta elaborada por la Universidad Iberoamericana, el aislamiento y las presiones económicas ha provocado que el 27.3% de los adultos presenta síntomas depresivos y el 32.4% registra síntomas severos de ansiedad. EL incremento de consultas con pacientes con pánico al contagio, trastornos obsesivos compulsivos, brotes de ideas delirantes respecto al origen de la pandemia y fobia social describe un panorama digno de un libro de Palahniuk.

No es raro entre tanto delirio visual y virtual, tanta verdad que desvelar a voces de 20 caracteres, tanto dibujito emocional y enredadas realidades supuestamente explicadas en memes, tanta gente que va colgada por ahí a las drogas de ambos lados del río, las legales y las que no lo son; es de lo más “natural”, como Palahniuk afirma, acabemos todos a tiros los unos contra los otros.

Como siempre las Chitas y los Sancho Panzas quedarán absortos e impotentes, viendo a los molinos despedazar hombres búfalo.