Comenzó como un proyecto sumamente personal; hoy, Vincent: La luz de un alma rota, ha mutado de ser pequeño corto proyectado en redes sociales a transformarse en un fenómeno que poco a poco acapara la atención de propios y extraños, todo con la figura de los funkos como imán. De ahí que su artífice, Rayo Vargas, se aventurarse a la creación de un tercer y cuarto corto.

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La siguiente es una conversación con Rayo Vargas, quien, de forma particular, echó mano de una las figuras más reconocibles de los últimos años dentro del espectro popular de la humanidad; un humanoide cabezón con enormes ojos que lo mismo cuenta entre sus filas con músicos, actores, deportistas y súper héroes.

¿Cuál es el mayor reto artístico de mezclar a Vincent Van Gogh con los funkos?

Trabajar con dos iconos de la cultura pop es complejo. Sólo intenté quedar bien conmigo mismo y juntar a mis amigos, todos muy profesionales; doblaje, compositores de soundtracks; y el co-productor, Ulises Juárez, quien tiene también una gran trayectoria.

¿Por qué Van Gogh? Pudiste escoger a cualquier otra figura.

La línea de funko es muy limitada en ese sentido, ya mandé a hacer con un moldeador otras figuras, entre las que están Arthur Schopenhauer y Jorge Luis Borges. Ahora estoy en esa etapa de crecimiento, en la que dejo de lado dicha línea de figuras y comienzo a trabajar en los personajes que realmente me interesan. Ayer tuve una junta con una artesana y ya estoy desarrollando mi siguiente personaje para el tercer cortometraje, el cual ya tenía en la cabeza.

Cadenas de televisión cultural se han acercado con la intención de proyectar tu corto.

Cuando empezó a correr en redes sociales fui muy feliz, porque era lo que yo esperaba; subir escalón por escalón. Después vino una oleada de medios digitales pequeños a los que les llamó la atención; de pronto dio el salto a medios masivos Se rompieron las expectativas que tenía. Siento mucha satisfacción, desde el inicio todo se ha hecho profesionalmente.

¿Cuál fue la secuencia que te costó más trabajo desarrollar?

Definitivamente La noche estrellada. Armé de forma artesanal las estrellitas y filmé, pero no me gustaba el resultado; de pronto llegó navidad y, no soy muy fan de ese festejo, pero vi lucecitas y en automático se prendió mi chip, así resultó mi noche estrellada.

Estás promocionando tu segundo corto y ya estás desarrollando el tercero…

Y básicamente ya me proyecté la película del cuarto. Esto es una disciplina. Uno tiene que forjar su propio camino, si no lees ni investigas nadie te va a hacer la tarea. La pandemia vino a reafirmar eso. La información está en las redes, en todos lados.