El rock no necesariamente ocurre sobre los escenarios de los grandes Festivales. Cierto, ahí también se da en algunos casos y no con todas las bandas. Pero también ocurre simultáneamente en pequeños bares y antros del interior, en canchas y salones de la periferia, y con menor frecuencia pero también, en conferencias y ferias de libros.

TXT :: Juan Carlos Hidalgo  |  FOT :: Homero Ontiveros

Alrededor de las Jornadas de Rock y Literatura, que se dieron como parte de la UANLeer 2019, en Monterrey hay mucho que revisar y recontar. De entrada, me parece un dato de no menor importancia que dos de los más puntuales y mejores periodistas musicales de la actualidad nacional hayan aceptado la invitación para viajar a Nuevo León sabiendo que se perderían el Vive Latino 20 años; David Cortés y Alejandro González Castillo dieron así muestra de una verdadera vocación periodística y acudieron al encuentro de un público ávido de revisar un fenómeno que va más allá de los salones VIP y los desplantes mesiánicos de nuestros rockstars.

De mi parte, sería incongruente que si una y otra vez señalo que uno de los principales problemas que afectan al rock que se hace en México es el centralismo, no acudiera inmediatamente a su llamado (dejando de lado al Foro Sol). Monterrey es tierra rockera y allá hay muchos que quieren escuchar y analizar; así lo ha entendido Homero Ontiveros, que aun siendo tecladista de Inspector y perteneciendo al gremio musical, también se ha asumido como periodista y gestor cultural y permaneció en su trinchera para seguir picando piedra.

Uno debe de asumir su responsabilidad y hacer lo que le toca, pero además se trata de una Feria que es todo un deleite en el entendido que coloca a la Literatura en el centro de todo. Algo cada vez menos usual, porque lo que impera en tantas otras son los libros de autosuperación, los puestos de chácharas y baratijas, más presentaciones que van de la fontanería a las manualidades. En Monterrey no ocurre así y eso es digno de elogio. Gran parte del mérito le asiste al escritor Antonio Ramos Revillas, quien junto con su equipo de trabajo, privilegian la calidad literaria y apuestan por una gran amplitud temática y estilística. Hay lugar para gran diversidad de expresiones que van de los géneros clásicos a la vanguardia y chispazos de lo underground –o lo que quede de él-.

Lo mismo si se trata de un poeta de gran reconocimiento entre las altas esferas como Luis García Montero, la siempre polémica y exquisita Wendy Guerra, y el enorme magnetismo de un outsider como Irvine Welsh. Vamos, se trata de una feria de talla internacional, que además propicia la convivencia al concentrar a todos los visitantes en el histórico Hotel Ancira; uno puede acceder a cualquier escritor con el que se quiera conversar un poco.

Nosotros arribamos a La sultana del norte el viernes 15 de marzo (la feria inició desde el miércoles) y nuestra tarea inicial fue recordar la influencia de José Agustín y Parménides García Saldaña, en el entendido de que circulan nuevas versiones de Se está haciendo tarde (final en la Laguna) (Ed. Nitro Press) y El Hotel de los corazones solitarios (Ed. Grijalbo) del acapulqueño y El rey criollo, una de las obras más emblemáticas del delirante chilango. Ambos fueron protagonistas de la Literatura de la Onda, que pusiera de cabeza a las letras nacionales durante el final de los sesenta y la primera mitad de la siguiente década.

Para sorpresa de propios y extraños entró un fuerte frente frío y durante la tarde del viernes cayó una tormenta potente que aun así no desanimó a los rockeros de cepa. Una vez concluidas las charlas, tuvimos chance de conocer una típica cantina regia; las periodistas Yolanda Chío y Vanessa Poetter nos llevaron de pasadita a El centenario para echarnos unas birras entre frijoles charros y tacos de aguja norteña. Pronto tuvimos que alcanzar al resto de la tropa al Bar El Ahuizote, donde había una lectura de cronistas pertenecientes a la Editorial El Salario del miedo, que comanda el gonzo mayor, Juan Manuel Servín. Hubo trío norteño, versiones punk de “Flor de capomo” y mucho jaleo, que se vio abruptamente suspendido al comprobar la impunidad y corrupción con que opera la policía local.

A la mañana siguiente libramos nuestra Batalla del Alamey para liberar a uno de los nuestros; luego nos lanzamos al MARCO para visitar dos exposiciones tremendas: la retrospectiva de Carlos Amorales, muy vinculada al punk y al rock experimental; y la encantadora exhibición de Cardiff & Miller, dos artistas canadienses que son masters del arte sonoro y te sumergen entre el ensueño y lo etéreo a partir del uso de tecnología de punta y la evocación de objetos que evocan a la infancia -¡Una maravilla!-.

Por la tarde de ese sábado frío, pero no lluvioso, acompañé a Mónica Maristain y al Sr. González para presentar el segundo volumen de los 60 años del rock mexicano (Ed. B) ante sala llena y entusiasta. Todos se quedaron para que David Cortés y Alex González levantarán revuelo con los 100 discos esenciales del rock mexicano (Ed. Tomo).

Homero nos llevó caminando del Colegio Civil hasta el Barrio Antiguo para armar un pre-show y convivir con buenos colegas, como Fede Aguilera, antes de lanzarnos a la Gran fiesta de rock y literatura en el Café Iguana; este sitio emblemático está de vuelta y fue espléndidamente remodelado y agrandado. Lo dejaron de lujo, pero atinadamente no quitaron de la fachada los balazos, que remiten a los peores años en que la delincuencia acabó con la vida nocturna.

¡Eso ha quedado atrás! Y el lugar estaba lleno (había más conciertos) y una vez más los gonzo leyeron acompañados por la banda Mezcalito Brothers. Gerson Gómez, Javier Ibarra y Nazul Aramayo pusieron los textos y luego Priscila Orfanos (indie guitarrero), Cromosapiens (hip hop old school) y Siskodélicos sacudieron al público; estos últimos tienen a un baterista formidable, que pone su desenfreno al servicio de un vocalista que pretende arrasar con todo. Tiene una energía salvaje que deberá ir canalizando adecuadamente, pero aun así se muestra con ganas de comerse al mundo –ya veremos hasta donde llegan con su rock pesado-.

Volvimos a la casa de Homero para cerrar la velada entre bossa nova y una evocación intensa de Lisboa, el fado y los fantasmas de Pessoa y Amalia Rodrigues.

El domingo el equipo se fue dividiendo –algunos regresaban ya a la capital-. El resto comenzamos temprano. A las 4 de la tarde, las Jornadas de rock y literatura seguían con la presentación del libro Historias del rock en Monterrey (Ed. Conarte) y en el que Fede Aguilera fue acompañando al autor, Andrés Mendoza, en el seguimiento sonoro de una ciudad amante de los grandes riffs y no sólo de las norteñas.

Lo siguiente fue salir corriendo al Café Literario para acompañar al gran Paul Medrano durante la premiación del Cuarto Gran Premio Nacional de periodismo Gonzo, al que convocan la UANL y El Salario del Miedo. Afincado en Zihuatanejo, Paul entregó un texto sobre una comunidad entre Acapulco y Chilpancingo en la que las Autodefensas se han afianzado como el instrumento que ha traído paz a la comunidad y frenado la delincuencia.

Por ahí andaban Carlos Martínez Rentería y su hijo Emiliano, la mancuerna que sostiene la revista Generación, que presentó en la Feria un nuevo número dedicado precisamente a Monterrey. No puede sobrevivir ese instinto underground sin ese aferre a ultranza.

El cierre de la UANLeer 2019 se reservó concluir en lo más alto; Irvine Welsh conversó con Paulino Ordoñez –escritor regio-, repasó algunas de sus obsesiones y leyó en voz alta un relato que se remonta al mundo del hipismo, las carreras y los jockeys. Al escocés le sobran tablas y además imprime una tremenda fuerza dramática a su lectura. Prometió regresar al año siguiente para hacer de Dj -si es que lo vuelven a invitar-; recientemente también lo contratan para pinchar y él le da rienda suelta a sus gustos variopintos, que pasan por buenas dosis de house.

Al día siguiente, y antes de despedirme exhausto, Homero me invitó a comer con la periodista Ximena Peredo, quien es también una activista muy reconocida en la región y que contribuyó al proyecto Monterrey 24 (coordinado por Felipe Lomelí), un libro que reúne historias vinculadas con la violencia y que pretende recabar fondos para acciones que contribuyan a contrarrestarla. Hasta el último instante hubo suerte para conocer a personas fascinantes, inteligentes y comprometidas con su entorno.

UANLeer 2019 fue una vorágine de alto calibre… una andanada de ideas en progresión que se convierten en libros y Marvin estuvo presente para sumarse. Todavía no nos reponemos, pero ya queremos volver. El rock y la literatura nunca se detienen.