Una de las cosas más difíciles de la política, es creer en quien la profesa.

Hacerle caso, creer y confiar en un político en México (y quizá en el mundo) se ha vuelto cosa complicada… Es preferible encomendarse a un santo para obtener trabajo, por ejemplo. Creer en ovnis y extraterrestres es más fácil que creer en el PRI, PAN o PRD… ¿Apoco no?

Esa desconfianza se refleja todos los días, a todas horas, aunque los políticos tengan buenas intenciones, aunque lo que digan sea cierto. Es una especie de Juanito y El Lobo, donde hemos escuchado tantas y tantas mentiras y falsas promesas, que ya para nuestros días pensamos: “pan con lo mismo”.
 
El secretario de Hacienda, Ernesto Cordero (así se apellida, no es parte de Juanito y El Lobo) dijo que el salario mínimo en el país ya no es tan chirris y que ahora alcanza para comprar más cosas que antes… Independientemente de que eso no se refleja en el bolsillo de las familias, ¡tiene razón!
 
Y antes de que se me vayan todos a la yugular, no lo estoy defendiendo. Es cierto que la economía es mejor que en los ochenta, la inflación es menor y la mayoría de los trabajadores recibe más de dos salarios mínimos… ¡Vaya, más en el fondo no podíamos estar!
 
Así que Cordero tiene razón. Hay avances, pero nadie en su sano juicio cree en los políticos por más que las cifras sean una realidad… Si lo hubiera anunciado su sobrinito o su padrino alcoholizado sería más creíble, por aquello de que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad.
 

El discurso se repite, primero entre los candidatos a la gubernatura del Estado de México y después con los que ya andan apurados promocionando su imagen para la presidencia de la república (entre ellos Ernesto Cordero, Enrique Peña Nieto y Marcelo Ebrard).
 
“Más empleos, mejor educación, seguridad en las calles, agua para todos”, choros que eventualmente pasan desapercibidos y que son opacados por cuestiones de imagen. ¿Quién es más guapo? ¿Quién salió mejor en la foto? ¿Qué candidato se ve mejor con su pareja?
 
La pregunta aquí es: ¿les volvemos a creer?
 

Mientras a ellos, los que militan en los partidos, no les interese acercarse a la gente de otra manera, las campañas seguirán siendo una mala adaptación de Shrek… Con pinochos mentirosos (el político que quieran), ratones ciegos (nosotros), ogros malolientes (de esos legisladores que toman tribunas) y tronos que pelear (presidencias, gubernaturas, curules), todos empantanados en un cuento de hadas llamado: “Política”.